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Destino símbolo del carnaval
Bossa ´n Río, un recorrido musical por la Ciudad Maravillosa
Por Evangelina Paju     |  
19 de Febrero de 2014

Toda ciudad tiene una banda sonora. Las más bellas, entre las que sin dudas se encuentra Río de Janeiro, pueden visitarse al ritmo de los acordes que les dedicaron los más grandes y recordando los versos que les escribieron sus mejores poetas. Aquí un recorrido musical por el destino siempre bello y atrapante, que adquiere mayor esplendor en época de carnaval.

Hay, claro, infinidad de recorridos posibles. Tantos como canciones quedarán afuera de este paseo musical. Plagado de versiones libres, hecho de recuerdos, collage de tiempos, ritmos y otras bossas, no pretende ser más que un disparador de imágenes y sonidos para quienes ya conocen esta ciudad y sus canciones. Para los que aún no han tenido la fortuna de estar allí, quizá pueda convertirse en una ventana a la curiosidad, que podría empezar asomándose en Internet a algunos de los clásicos, rarezas, versiones en vivo y hasta temas olvidados que conforman este paseo musical por algunos sitios emblemáticos y algunas inolvidables canciones dedicadas a Río de Janeiro.

BIENVENIDA (SAMBA DO AVIAO).

"Mi alma canta, veo Río de Janeiro. Estoy muriendo de saudades. Río, tu mar, tus playas sin fin. Río, vos fuiste hecha para mí", canta Tom Jobim (Samba do Avião), uno de los artistas que más canciones de amor compuso para esta ciudad. La llegada por vía aérea a su paisaje de inverosímil belleza cabe con total precisión en el ritmo de su samba: "Río de sol, de cielo, de mar. Dentro de un minuto estaremos en el Galeão (...) Ajuste su cinturón: El agua brillando, la pista llegando y allá vamos, a aterrizar". El aeropuerto, que todavía muchos llaman simplemente Galeão, lleva desde 1999 el nombre de Antonio Carlos Jobim en homenaje a este artista que, de esta manera, da la bienvenida a los viajeros desde un busto de bronce. Y desde su música.

LA LLEGADA (EL NOMBRE DE LA CIUDAD).

"Llegué al nombre de la ciudad; no a la ciudad misma, espesa. Río que no es río, imágenes. Esta ciudad me atraviesa", dice una letra de Caetano Veloso (O nome da cidade). Son las primeras impresiones de un bahiano que se encuentra con "calles volando sobre calles" donde abundan los "nenes malos y las mujeres desnudas", y donde no resulta fácil distinguir entre amenazas y promesas.

El nombre de la ciudad se debe a los navegantes portugueses que allí llegaron un 1º de enero y confundieron a la bahía de Guanabara con el delta de un gran río. Hay quien dice que no existió tal confusión, sino que en la época no se hacían demasiadas distinciones entre ríos y bahías. De cualquier forma, el primer intento de desembarque de los portugueses fracasó y la zona, poblada de indígenas y algunos franceses, fue definitivamente conquistada por los portugueses en una batalla que se libró el 20 de enero de 1567, día de San Sebastián, por lo cual el nombre completo de la ciudad es São Sebastião do Rio de Janeiro.

El santo patrono de la Ciudad Maravillosa también recibió varias canciones en forma de plegaria, en las que sus autores le piden que vele por ella. Como la de Gilberto Gil y Milton Nascimento (Sebastian): "Delante de tu imagen, tan castigada y tan bella, pienso en tu ciudad, te pido que cuides de ella". La oración es para que "en la ciudad tranquila, sanada cada herida, todo se transforme en vida".

COPACABANA (CLASICOS Y MODERNOS).

La canción homónima (Copacabana, Braguinha y Alberto Ribeiro), que data de 1947 y fue grabada en 80 versiones, le valió a esta playa el apodo de "Princesita del mar". Durante décadas el alma de Río, aún favorita de muchos, la canción afirma que existen playas lindas y llenas de luz, pero ninguna con los encantos de Copacabana: "Tus arenas, tu cielo tan lindo, tus sirenas siempre sonriendo".

La franja de arena de 4,15 km. que está en realidad formada por dos playas (Leme y Copacabana) es el lugar preferido por los vecinos de la zona para hacer ejercicio, caminar o correr, andar en bicicleta o en patines. Los fines de semana se convierte en una concurrida zona de esparcimiento para los cariocas que se mezclan con los turistas alojados en los muchos hoteles del barrio. En sus veredas dibujadas de olas se levantan bares y quioscos donde el viajero no puede dejar de tomar un agua de coco o una cerveza al final de la tarde.

Tom Jobim, conocedor de estos asuntos, coincide con este imperdible en su tema Lígia, donde habla de tomar "un chopp helado en Copacabana y caminar por la playa hasta Leblón".

Sábado en Copacabana (Dorival Caymmi y Carlos Guinle, de 1956, recientemente versionada por María Bethânia y también por Gal Costa) dice que después de trabajar toda la semana es la mejor opción para aprovechar un día libre: "Un buen lugar para encontrarse, Copacabana. Para pasear a la vera del mar: Copacabana. Después un bar a media luz: Copacabana" y también un buen lugar para enamorarse.

Sin embargo, ha pasado tiempo desde aquellos años de oro hasta hoy. "Copacabana me engaña" es el título de una película de fines de los '60, retomado después en varias letras de canciones. Entre ellas Copacabana Blues, de Renata Arruda, quien retrata una playa más cruda donde no faltan los vendedores ambulantes, los travestis, ni la violencia.

"Rio 40 grados. Ciudad Maravilla, purgatorio de la belleza y del caos", suena en los parlantes de un auto, a todo volumen. Pasado el mediodía, los relojes de la calle indican que la temperatura es exactamente esa. Lo confirman las suelas de las alpargatas casi derritiéndose sobre las veredas de piedritas blancas y negras, parte de la postal exacta cantada por Fernanda Abréu.

IPANEMA (GAROTAS PARA EL MUNDO).

Copacabana termina -e Ipanema comienza- en el Arpoador, protegido por el Fuerte de Copacabana. Hoy visitado por parejas, surfers y nostálgicos que buscan un punto desde el cual dejar que su mirada se pierda en un mar sin fin, antiguamente era usado por los indígenas para la pesca con arpón, a lo cual debe su nombre. Una pequeña frase de Cazuza (Faz parte do meu show) retrata este espacio de rocas lisas acariciado por el mar de ambas playas: "Vago en la luna desierta de las piedras del Arpoador. Digo hola al enemigo, encuentro abrigo en el pecho de mi traidor. Es parte de mi show".

Si es domingo, el paseo por Ipanema puede iniciarse en su célebre feria hippie, que funciona ininterrumpidamente desde 1968. A pocas cuadras del mar, verá como, ineludible, la garota que hizo famosa en el mundo a esta playa, se replica en cada una de las chicas de piel bronceada, carnes firmes y pareos coloridos o shorts diminutos que desfilan su belleza.

"Niña de cuerpo dorado del sol de Ipanema, con su balanceo es todo un poema, la chica más linda que he visto pasar", conmovió a sus autores (Tom Jobin y Vinícius de Moraes), quienes solían verla pasar desde cierto bar, punto de reunión de la bohemia carioca, en una esquina de esta playa. Los acordes de este clásico de la bossa nova enamoraron al mundo y la canción fue grabada, entre muchos otros, por Frank Sinatra, Cher, Sepultura, Jarabe de Palo y Nat King Cole. Hoy, el bar de la esquina donde se escribió la canción, en ese entonces conocido como Veloso, se llama Garota de Ipanema y se encuentra en la intersección de las calles Prudente de Morais y Montenegro, también rebautizada como rua Vinicius de Moraes. Es otro imperdible donde podrá ver fotos de artistas, comer y tomar algo, comprar souvenirs y, por supuesto, ver pasar a las chicas camino del mar.

Ipanema continúa siendo un feliz encuentro de barrio, playa, bares y negocios chics. Punto de reunión obligado, tanto de día sobre sus arenas doradas, como de noche en bares y restaurantes, dicen que una parte importante del alma carioca sigue estando aquí y es un buen sitio para darse a la tarea de conocerla. Gaúcha, con su mirada del sur, Adriana Calcanhoto adoptó esta ciudad y dice que los cariocas son "dorados, modernos, alegres, atentos, sexies, claros, que nacen cracks" y que, sobre todo, odian los días nublados (Cariocas).

MAS PLAYAS (Y OTRAS BOSSAS).

El canal Jardim de Alá que une el mar con la laguna Rodrigo de Feitas divide a Ipanema de Leblón. En una tarde de nostalgias en la que "escribe largas cartas para nadie", también Adriana Calcanhoto dice que "camina a lo largo del canal y el invierno en Leblón es casi glacial" (Inverno). La Lagoa está rodeada por algunos de los edificios de mayor nivel de la ciudad, acompañados por los mejores bares y restaurantes. Un clásico es ver el atardecer sobre sus aguas calmas desde el parque que la bordea o algún bar, donde no falta la música en vivo.

Del otro lado del canal, Leblón es una playa tranquila, con buena infraestructura. Los dos picos erguidos en punta con los que termina esta playa, los Dois Irmãos, merecieron una canción de Chico Buarque que dice que bien entrada la madrugada "cuando los instrumentos van a recostarse a tus pies, aprendí a respetar tu aplomo y a desconfiar de tu silencio". La letra, bellísima, nada dice del parque que se levanta en estos morros, con varios miradores, poco frecuentados por los cariocas y casi nada por los turistas, desde donde se tiene una de las vistas más hermosas de las playas de Ipanema, Leblón, Arpoador y la laguna, sin olvidar el Jockey Club, el Jardín Botánico y el omnipresente Cristo Redentor.

Sobre estos morros se recuesta Videgal, una de las favelas más conocidas de la ciudad en cuya urbanización se ha trabajado en los últimos años. Famosa por compartir su playa con la del hotel Sheraton, Videgal es también nombre de un tema de Carlinhos Brown que menciona en su letra varios de los atractivos de la ciudad. Grabado por Daniela Mercury, es imperdible en la versión de Marisa Monte (no deje de buscarla... "Río, Río, Río, río para no llorar. Para quien no lo sabe, soy Río cantando"...).

"El hombre de la Gávea crió alas, gaviota deambulando sobrevuela la tardecita": es la imagen de los parapentes de colores que flotan en el cielo, desde ese morro hasta aterrizar en las arenas blandas de la Praia do Pepino, al lado de São Conrado: "Ciudad Maravillosa, sos mía. El poniente en la espina de tus montañas casi demuele la retina de quien lo ve", canta Chico Buarque (Carioca).

PAN DE AZUCAR, CORCOVADO.

"Panes de Azúcar, Corcovados, hostigados por la lluvia y por el eterno viento", dice la canción Tempo Rei (Gilberto Gil) mencionando a los dos íconos turísticos de esta ciudad.

Elegido como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, símbolo de la ciudad, la enorme estatua de 38 m. del Cristo Redentor se levanta sobre los 710 m. de altura del morro del Corcovado. Un simpático trencito, ascensores y escaleras mecánicas -y de las otras- llevan hasta la base de la estatua en un paseo inolvidable. Arriba, la ciudad se muestra en toda su impactante belleza.

"Quiero ser tu funk, ya soy tu fan número uno", le canta a la ciudad Gilberto Gil (Quero ser teu funk): "Río de Janeiro, soy tu compañero, aunque no quede nadie. Aunque San Pablo te insulte porque te codicia en swing, el mar, la pereza, el calor", le promete a la "bella Guanabara", a la que "después hicieron ciudad", le hicieron "tanta maldad" y hasta "un Cristo para guardarte". Así se ve desde aquí arriba este imponente paisaje, en el que los edificios, estadios, hipódromo y favelas parecen superpuestos como un adorno más en una naturaleza exuberante.

Si desde el Corcovado se ve toda la ciudad, el Cristo se deja ver, muchas veces inesperado, desde curvas, calles y playas de Río. Una canción que lleva su nombre (Corcovado, Tom Jobim) habla del lugar perfecto para disfrutar de un amor plácido: "Mucha calma para pensar y tener tiempo para soñar, desde la ventana se ve el Corcovado, el Redentor, qué lindo!".

El Pan de Azúcar es a veces injustamente dejado de lado en algunas de las visitas express de quienes no se dan el suficiente tiempo para conocer la ciudad. Error. Es uno de los lugares más hermosos de una ciudad que nada ahorra en lugares deslumbrantes. Hasta esos paisajes únicos se llega con el "Bondinho do Pão de Açúcar", inaugurado en 1912, primer teleférico de Brasil y tercero del mundo, en dos etapas: la primera hasta el morro da Urca, y la segunda desde allí hasta la cima del mismísimo Pan de Azúcar. Llave de la bahía de Guanabara, la vista de la ensenada de Botafogo siempre sembrada de veleros, de Copacabana, del centro y de Niteroi, al fondo, no tiene desperdicio.

También el Pan de Azúcar se multiplica en varias postales de la ciudad, como canta Caetano en Estrangeiro, retrato crudo que dice: "El pintor Paul Gauguin amó la luz de la bahía de Guanabara. El compositor Cole Porter adoró las luces de su noche. El antropólogo Claude Levy-Strauss detestó la Bahía de Guanabara: le pareció una boca sin dientes. Y yo, ¿si la conociera menos, la amaría más? Soy ciego de tanto verla, de tanto tenerla, estrella ¿qué es una cosa bella?", se pregunta para hablar de una ciudad de pesadilla que es al mismo tiempo hermosa y terrible. "No lo soñé: la playa de Botafogo era una estera rodante de arena blanca y aceite diesel bajo mis zapatillas. Y el Pan de Azúcar lo menos obvio posible frente a mí: un Pan de Azúcar con unas aristas insospechadas", dibuja para, finalmente, reconocerse "menos extranjero en el lugar que en el momento". Buscar estas aristas insospechadas del Pan de Azúcar, para encontrar sus ángulos menos obvios, es una tarea placentera en la que se descubren, de paso, rincones menos conocidos de la ciudad.

DESPEDIDA (CON ABRAZO).

Quedan, por supuesto, muchos lugares por recorrer, y otras tantas canciones. Una que enhebra en su letra muchos de los atractivos de la ciudad se llama Saudades da Guanabara (Moacyr Luz, Aldir Blanc y Paulo César Pinheiro), por lo cual es un buen modo de empezar a vivir las nostalgias de la partida.

"Viento del mar en mi cara y el sol quemando, quemando. Veredas llenas de gente pasando y viéndome pasar. Río de Janeiro, me gustás. Me gustan los que gustan de este cielo, de este mar, de esta gente feliz", (Valsa de uma cidade, Ismael Neto y Antonio Maria), el ritmo de valsecito es adecuado para dar un último paseo por la playa antes de la partida, y cantarla a modo de declaración de amor para Río.

Tampoco podría faltar en la despedida un clásico, del cual se encuentra una exquisita versión sólo instrumental, más lenta, perfecta para decir adiós: Cidade Maravilhosa (André Filho, 1934), marcha de carnaval que se convirtió en himno de la ciudad elegido en votación popular y por grandes artistas como la más representativa de esta "tierra que a todos seduce".

Sin embargo, hay una canción que acompaña como ninguna otra la salida de esta Río de Janeiro, siempre con sus brazos abiertos para el turista. "Río de Janeiro continúa linda", comienza Aquele Abraço, de Gilberto Gil. Es el abrazo de despedida que le cantó a una ciudad que le daba la espalda mientras se iba a un exilio forzado, un "hasta pronto" lleno de ternura en el que menciona uno a uno a sus personajes, barrios, clubes de fútbol, favelas, escolas de samba, a "todo el pueblo brasilero". Banda sonora ideal para dejar esta ciudad maravillosa, ya esperando el momento de volver.

TIPS PARA EL VIAJERO

Ubicación y clima: ubicada a 22° 54' de latitud sur y 43°12' longitud oeste, Río de Janeiro tiene un clima tropical con período de lluvia entre diciembre y marzo. La temperatura puede alcanzar los 40°C, aunque en la Zona Sur, donde se encuentran los principales atractivos turísticos, el calor es moderado por la brisa del océano. El mínimo promedio anual es de 20°C, mientras que las máximas rondan en promedio los 26°C. Las temperaturas inferiores a los 10°C son raras en la ciudad.

Cómo llegar: el Aeropuerto Internacional de Río de Janeiro Antônio Carlos Jobim (Galeão), a 20 km. del centro, recibe vuelos de las principales ciudades de Brasil y del mundo.

Dónde alojarse: como ciudad turística por excelencia, Río cuenta con una amplia oferta hotelera donde abundan los nombres de reconocidas cadenas internacionales. Hay establecimientos para todos los gustos y de los más variados precios, sobre todo ubicados en la Zona Sur de la ciudad, cerca de las playas y atractivos turísticos.

Informes: www.riodejaneiro-turismo.com.br / www.braziltour.com.

AMOR A PRIMERA BRISA

Sombras plateadas
en las veredas de Ipanema
rodeadas de las hojas ocres
que caen de los almendros
como lejanos silbidos de un anciano


es tierra de Antonio Carlos
y antes que nada
es mi deber persignarme


y en esa brisa inequívoca
que hace a Ipanema
se ondula quizás la más dulce eternidad
que un hombre cualquiera 
puede acariciar
de su propia existencia


mientras las despeinadas palmeras
flamean sonrientes
con sus dientes 
esmeraldados


y en el hondo aliento a sal y maracujá
de tu mar
Ipanema
se conjugan los mejores tiempos
indefinidos


porque nada transcurre 
ni permanece
sino que simplemente existe
con alegría letal


como el almíbar
de los pezones
que te transpiran


Ipanema
diamante y carbón


diáfana música
que yo supe respirar


a primera brisa...

 


Leonardo Larini.

CARNAVAL (EL SHOW MAS GRANDE DE LA TIERRA)

"Mi alegría atravesó el mar y ancló en la pasarela. Hizo un desembarque fascinante en el mayor show de la tierra. ¿Será que yo soy el dueño de esta fiesta? Un rey en medio de esta gente tan modesta. Vine bajando la sierra lleno de euforia para desfilar. El mundo entero me espera (...) Hoy es el día de la alegría y la tristeza ni puede pensar en llegar", se oye un samba que todos cantan a viva voz (É hoje, Didi y Mestrinho). 

Sambas de carnaval hay muchos. También son incontables las canciones de amor de los fanáticos de una u otra escola carioca. Más, los que cuentan sobre amores, desilusiones, aventuras y desventuras sucedidas durante estos días de fiesta en que Río de Janeiro se entrega por completo al carnaval (Quem te viu, quem te vê, de Chico Buarque, quizá el más clásico). 

Si guardar las formas de alguna aparente objetividad es una tarea ya compleja al hablar de Río de Janeiro, hacerlo para referirse al carnaval se torna absolutamente imposible. Así que, entregados a las pasiones, hablaremos apenas de Mangueira, la escola favorita de muchos artistas y una de las más tradicionales de Río. Tom Jobin y Chico Buarque son seguramente los más representativos (igual que el tema de ambos, Piano na Mangueira), aunque tampoco se puede olvidar la voz ronca y emblemática de Beth Carvalho, con más de 80 sambas de la escola grabados y participante en sus desfiles por más de 30 años. 

Originarios de otros carnavales, Gal Costa, María Bethania, Gilberto Gil y Caetano Veloso también fueron tema de uno de los enredos de la escola y Caetano afirma que "Mangueira es donde Río es más bahiana". 

Cuando en el Sambódromo suenan los acordes de Exaltação à Mangueira (Aloisio Augusto da Costa y Enéas Brites) anunciando la llegada de la escola, todas las manos se alzan y las banderas se agitan. Indiscutible, el fervor de sus fanáticos eriza la piel hasta de los turistas más desprevenidos. Una de las pocas cosas que no se pueden contar: hay que haber estado allí y haber visto de cerca las caras conmovidas de esa gente humilde vistiendo trajes de reyes y dejando en cada paso de baile y cada estrofa de la canción todas sus fuerzas e ilusiones, para poder entender realmente de qué se trata este ritual mágico. "Llegó ooooó, Mangueira llegó" anuncia antes de que se desate la percusión frenética de su batería que hace ponerse de pie a las plateas cada año, sin excepción.

La Passarela do samba, y la más reciente Cidade do Samba, que aglutina las fábricas donde las escolas preparan sus desfiles, merecen una visita en cualquier momento del año, ya que se realizan espectáculos diarios. Sin embargo, nada se compara con haber vivido el "mayor show de la Tierra".