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Jericoacoara: un lugar en el mundo para admirar la naturaleza
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Jericoacoara es sinónimo de relajación. Lo que se demuestra con sólo mencionar un hecho: allí, en una playa ancha y singular, sobre una duna que cae a pique sobre las olas, la principal actividad de los turistas es aplaudir el espectáculo del atardecer.

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Localizada en el litoral de Ceará, a 300 km. al oeste de Fortaleza, Jericoacoara abre sus puertas al mundo en el marco de una imponente naturaleza circundante, a partir de sus paradisíacas playas y espesa vegetación. Pero hay algo más para agregar: los habitantes de Jericoacoara se toman la vida de una manera parsimoniosa, lo que también le confiere al enclave un atractivo peculiar.
Jericoacoara es un área de protección ambiental. En los últimos 15 de esos 300 km. para acceder a esta localidad no existen carreteras, de modo que para llegar al lugar hay que recorrerlos en una 4x4, a los saltos entre las dunas.
Hasta 1998 la energía eléctrica de Jericoacoara provenía de generadores que se apagaban apenas entrada la noche. Hoy hay una red eléctrica subterránea que alimenta solamente las casas, sin postes en las casas para preservar el lugar que ocupan en el paisaje la luna y las estrellas. Un detalle que no resulta menor en una playa donde no existe el tránsito ni hay horarios, y donde los viajeros llegan en busca de un contacto especial con la naturaleza, de una nueva sensación de libertad y de una particular energía.
En 1994, Jericoacoara saltó a la fama cuando la "Washington Post Magazine" la eligió como una de las 10 playas más hermosas del mundo. Sin embargo eso no alteró su bella y diversa geografía de enormes dunas móviles, lagunas de aguas cristalinas, curiosas zonas de mangle, extensiones de altas palmeras, cavernas y muchísimos kilómetros de playa. Tampoco modificó los ritmos más que relajados de esta Area Protegida de 200 km2 donde no está permitida la construcción de rutas, la pesca predatoria ni la polución, y donde sólo se puede construir, con restricciones, dentro de la villa que ocupa apenas 1 km2.

EL NOMBRE
Hay diferentes versiones acerca del origen del extraño y sonoro nombre de Jericoacoara. Hay quienes dicen que viene de la lengua indígena tupí y quiere decir algo así como "agujero de las tortugas", en referencia a los animales que habitualmente desovan en esas playas. Algunos de los pescadores más viejos, sin embargo, dicen que proviene de la forma de la pequeña sierra sobre la que se construyó el faro del pueblo, que parece un yacaré acostado al sol, al que los pobladores locales se referían como "Jacarequara".
En Jericoacoara no hay hoteles de lujo ni grandes infraestructuras. Tampoco bancos ni cajeros automáticos, y muy pocos lugares aceptan tarjetas de crédito. Sin embargo hay restaurantes que ofrecen muy buena comida y algunas posadas muy cómodas. Por lo general, los que buscan un contacto intenso con la naturaleza y quieren mezclarse con un paisaje de una belleza singular, terminan postergando la fecha de regreso. Aunque algunas empresas organizan viajes de una noche, Jericoacoara es un lugar que vale la pena ir descubriendo de a poco.

POSTALES
Aunque una de las principales actividades es ejercitar la pereza, en Jericoacoara hay mucho para hacer: desde tranquilas caminatas y paseos a caballo hasta deportes como el sandboard y el windsurf. Los puntos de interés turístico son tantos y tan diversos que cuesta creer que se encuentren tan cerca unos de otros.
El paisaje tiene dos marcas distintivas. Una es la duna a la que todos, sin excepción, trepan al final del día para ver caer el sol, la "Duna do pôr-do-sol", al oeste del pueblo, con una pared que cae vertical sobre el mar. Después del atardecer, en la playa se realiza una ronda de capoeira que ya forma parte de las rutinas locales.
La otra postal de Jericoacoara, algo más alejada del centro del pueblo, es la "Pedra Furada", una roca oscura que, como su nombre lo indica, tiene un agujero en el centro, formando una especie de arco esculpido por las olas. La región rocosa empieza hacia el oeste, en una playa con muchas olas donde se practican el surf, el topless y el nudismo. Allí, además de la famosa "Pedra Furada" hay otras formaciones rocosas de morfología curiosa, además de cavernas y piscinas naturales. La caminata vale la pena, aunque es conveniente ir acompañado de alguien que conozca la zona, porque el camino sólo existe mientras la marea está baja: cuando el mar sube llega hasta el Serrote, una sierra de 100 m. de altura cubierta de vegetación.
Sobre esa elevación se encuentra el Faro de Jericoacoara, el lugar ideal para ver nacer la luna y el sol sobre el mar. Por su ubicación en el extremo norte del estado de Ceará, Jericoacoara es una de las pocas playas de Brasil continental desde donde este espectáculo es posible.

LAS DUNAS
El pequeño poblado de Jericoacoara está rodeado de dunas. Y la mejor manera de adentrarse en los muchos secretos que esconden, es a través de un paseo en buggy.
Los que salgan hacia el oeste podrán descubrir una bella extensión de palmeras que está siendo enterrada por la acción de las dunas móviles. A 5 km. está Mangue Seco, un pequeño poblado perdido en medio de las dunas donde también hay una laguna de aguas dulces. Un poco más lejos está Guriú, una comunidad de pescadores que marca el límite del Area Protegida, y por donde cruzan en una pequeña balsa los buggys que van a Tatajuba.
Los paseos pueden llegar hasta la laguna Azul, un lugar en el que vale la pena zambullirse por algunas horas mientras se disfruta de un almuerzo especial, o en la laguna del Paraíso, de 12 km. de extensión, cercada de dunas e impresionante por la transparencia de sus aguas.
Un paseo original es el que lleva a conocer Tatajuba, un pueblo de pescadores que fue cubierto por la arena de las dunas y vuelto a construir justo enfrente, en la otra orilla del río. Sus habitantes siempre están dispuestos a contar las fantásticas historias que lograron desenterrar de la arena. 


LA GENTE Y EL CIELO
Es innegable que tiene paisajes maravillosos. Pero la belleza de Jericoacoara también tiene que ver con su gente y su cielo. En cualquier bar se puede encontrar a viajeros de todo el mundo, dispuestos a comenzar una buena charla. Los pobladores locales también son parte del atractivo del lugar y muchos viajeros se detienen a chalar con los pescadores de la villa cuando las pequeñas embarcaciones regresan del mar cargadas de alimento, o con las mujeres y los niños que los esperan jugueteando en la orilla
Después del atardecer, una de las atracciones más impresionantes de Jericoacoara es su cielo. Como no hay iluminación pública que genere "polución lumínica", las noches de luna llena regalan el espectáculo único de las dunas encendidas sobre el mar plateado. En las noches sin luna, el cielo tiene un brillo especial y las estrellas fugaces dibujan constantes líneas de luz en la oscuridad.
Además de las bellezas de un cielo único, la noche de Jericoacoara tiene otros encantos para ofrecer. Los bares en la playa ofrecen siempre buena música, de todos los estilos. Pero el programa más tradicional de "Jeri", como la llaman la gente del lugar y los turistas, a pocos días de estar allí, es ir "al forró" donde, además de la tradicional danza nordestina, se pueden bailar otros ritmos. El baile más convocante de la noche es una larga tradición local que se remonta al tiempo en que no había luz eléctrica y la música salía de un viejo camión del ejército. La fiesta terminaba cuando se agotaba la batería y, quienes todavía se encontraban por allí, siempre ayudaban a empujar.

JERICOACOARA
Cómo llegar: Jericoacoara está a 300 km. de Fortaleza. Desde allí se puede llegar en bus, auto, avión o helicóptero. Las opciones más frecuentes son excursiones y buses regulares que llegan hasta Jijoca. Desde allí hay servicios en buggys o camionetas 4x4.
Alojamiento: El enclave cuenta con confortables posadas, así como oferta de alojamiento en las propias casas de sus habitantes.
Información: www.brasil.org.ar.

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