Tamaño del texto
Iguazú
Aguas grandes, viajeros pequeños
Por Evangelina Paju     |  
19 de Octubre de 2015

Impresionantes saltos de agua únicos por su belleza y magnificencia. Caminatas por la selva. Paseos en tren, barco y helicóptero. Contacto cercano con monos, coatíes y papagayos. Son apenas algunos de los ingredientes de la aventura que ofrece este destino, ideal para sorprender a los más chicos. 

Es frecuente escuchar que en lengua guaraní, la palabra Iguazú significa “aguas grandes”. Grandes son también las aventuras que ofrece este tradicional destino a los viajeros más pequeños, esos que se están estrenando en rutas, excursiones y aeropuertos.

Con un clima benévolo, buena organización e infraestructura y mucho por hacer, las cataratas son probablemente uno de los mejores destinos nacionales para chicos inquietos y padres valientes. Así, nos embarcamos con ojos de niño en este recorrido por una de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo.

EL LADO ARGENTINO.

La entrada al Parque Nacional Iguazú conduce hacia una estación donde los viajeros podrán abordar el Tren Ecológico de la Selva. Subir es muy fácil y vale apuntar que el último asiento de cada vagón tiene un lateral que se abre y un banco rebatible para permitir que entren con facilidad cochecitos y sillas de ruedas.

Suena la campana y la formación comienza su lento recorrido: como se trata de un tren abierto, es ideal para que los pequeños viajeros empiecen a tomar contacto con la selva, sus verdes, su espesura, sus olores y su humedad. Y quizá hasta con alguno de sus habitantes, como los simpáticos y omnipresentes coatíes. Conviene observarlos respetando las indicaciones de no ofrecerles alimentos ni acercarse, ya que son animales salvajes que pueden morder y transmitir enfermedades.

La primera parada del tren es la Estación Cataratas, allí descendemos para emprender el primero de los recorridos, el Circuito Superior. Este paseo de 650 m. de largo bordea el filo de las caídas de agua, y permite observar desde arriba los saltos Dos Hermanas, Chico, Ramírez, Bossetti, Adán y Eva, Bernabé Méndez y Mbiguá, deteniéndose en miradores que se asoman a increíbles vistas panorámicas.

El llamado Circuito Inferior, el más largo (1.700 m.), serpentea por la parte de abajo de las cataratas, cerca de la rompiente, donde las caídas de agua chocan contra el río. En este caso cabe observar que el último tramo del recorrido sí tiene escaleras. Esto plantea un punto algo complejo porque cuando se viaja con chicos que aún no caminan, la visita al parque argentino –que comienza alrededor de las 7.30 y termina a eso de las 17– es cansadora para llevar al bebé en brazos o mochilita. La sugerencia es apelar previamente a la buena voluntad del guía que nos acompaña: como generalmente los guías esperan a sus grupos a la salida de las pasarelas y no realizan junto a ellos toda la caminata, antes de salir podemos pedirle que nos cuide el cochecito durante esta parte del paseo.

El almuerzo en alguno de los restaurantes del parque será seguramente el momento para que los chicos se encuentren frente a frente con una bandada de monitos desafiantes que se descuelgan de las ramas de los árboles intentando hacerse de algo de comida. No dudarán incluso de robarse algo de la mesa de cualquier desprevenido, de modo que conviene mantenerse alertas.

Sin dudas el momento más emocionante y espectacular del paseo es el acceso a la Garganta del Diablo. Hasta allí se llega en el Tren de la Selva –Estación Garganta– desde donde el recorrido es de 1.100 m. de pasarelas sin escaleras ni obstáculos. Tras avanzar un buen rato sobre las aguas del río contemplando las pequeñas islas desbordantes de vegetación, se vislumbra la inmensa nube de agua que se levanta a lo lejos. El estruendo anuncia en parte la imponencia del salto, su fuerza, su poder. Las aguas caen de 80 m. de altura con una exuberancia de espuma y vértigo que sólo quien lo haya visto puede evocar. El efecto hipnótico que ejerce la Garganta del Diablo y las ansias de capturar con las cámaras la magnificencia del lugar hacen que el tiempo vuele. Invariablemente los pequeños terminan este primer día de aventura con una gran sonrisa dibujada en sus caras, y muchas veces se acurrucan para dormir durante el viaje de regreso.

EL LADO BRASILEÑO.

Como se suele decir en el destino, si del lado argentino las cataratas se viven, la visita al parque nacional brasileño permite obtener las mejores vistas y, claro, las fotos. En general el parque se recorre en excursiones de medio día, aunque siempre está la alternativa de quedarse más tiempo y regresar a los hoteles por su cuenta.

La aventura comienza cuando los niños suben a un colorido ónmibus de dos pisos identificado con alguno de los animales típicos del parque (cobra, papagayo, tucán, coatí, mono, lagarto y más).

Aquí el circuito tiene, definitivamente, escaleras. Para los más chiquitos la opción más recomendable es alguna mochilita o portabebés, mientras que los más grandecitos pueden caminar, ya que el recorrido es corto y los escalones muy cómodos. Son 1.200 m. que nos muestran de frente los imponentes saltos y, en días de sol, regalan fotos con arcoíris desde diversos balcones entre la vegetación.

El final del recorrido nos acerca a los enormes saltos brasileños: ponerse los pilotines y avanzar por las pasarelas que nos llevan a estar justo enfrente de las caídas, a merced de las ráfagas de agua que trae el viento, es una verdadera aventura que entusiasma a los más chiquitos. Finalmente, un ascensor panorámico regala una última y deliciosa vista del conjunto.

En este parque los chicos pueden acceder a una aventura que no les está permitida dentro de las fronteras argentinas: acercarse hasta la rompiente de las cataratas en un gomón semirrígido y sentir desde el río la fuerza de sus aguas. Si bien en el parque argentino también se ofrece una navegación en lancha hasta el pie de los saltos, la edad mínima para realizarla es de 12 años. Del lado brasileño, en cambio, no hay límites y la consideración del riesgo queda a cargo de los padres. Tras recorrer un sendero ecológico en un vehículo eléctrico, los viajeros realizan una pequeña caminata y se embarcan para enfrentar el río y sus saltos en una aventura que termina siempre con las ropas empapadas (se sugiere llevar muda para cambiarse).

OTROS ATRACTIVOS.

Aunque la estrella del destino son los parques nacionales que albergan las espectaculares caídas de agua, la oferta se complementa con otros atractivos que chicos y grandes suelen disfrutar.

Uno de ellos, muy cerca de la entrada a las cataratas brasileñas, es el Parque de las Aves. Flamencos, tucanes, harpías, aves con plumajes color coral, amarillo intenso o de verdes y azules tornasolados, fascinan a los más pequeños. Un espacio dedicado a los reptiles y un mariposario completan la oferta del parque, que abriga a más de 1.100 animales de 140 especies. La sorpresa final es un espacio dedicado a guacamayos mansos que sobrevuelan muy cerca de la cabeza de los visitantes mostrando su porte y belleza.

Justo enfrente, una de las aventuras más emocionantes es realizar un sobrevuelo en helicóptero para ver las cataratas desde el aire. El recorrido dura 12 minutos llenos de emoción, en los que el helicóptero levanta vuelo y se retuerce en el aire para seguir el contorno de las caídas del río Iguazú, hasta llegar justo encima de la Garganta del Diablo. La vista es espectacular y el viaje un verdadero sacudón de adrenalina, aunque ecológicamente cuestionable, ya que el ruido del vuelo constante de los helicópteros altera a la fauna local.

El Museo de Cera Dreamland es otra opción entretenida para los chicos, que podrán retratarse junto al Papa Francisco, Messi, Ironman y personajes de Toy Story, entre otros.

En Puerto Iguazú se puede visitar la Aripuca, una enorme construcción de troncos inspirada en las trampas que los guaraníes empleaban para cazar, destinada a concientizar sobre el cuidado de los recursos naturales.

TIPS PARA EL VIAJERO

Dónde alojarse: para ir con niños, del lado brasileño hay resorts con grandes espacios verdes, piscinas y caminos en medio de la vegetación, además de animación para chicos. Del lado argentino, en la zona de la llamada Selva Iriapú, hay lodges totalmente integrados a la vegetación con actividades que permiten disfrutar del entorno. En ambos casos se encuentran algo alejados del centro, hasta donde se puede llegar en taxi o auto.

Clima: la mínima promedio anual es de 17° C y la máxima de 27° C, aunque el clima puede variar mucho en un mismo día. Las precipitaciones van de los 91 mm. en julio, hasta los 231 mm. en octubre. Los meses lluviosos, sin embargo, garantizan que las cataratas tendrán mayor caudal de agua.

Moneda: en el lado brasileño todos los comercios aceptan pesos argentinos además de dólares, reales y todas las tarjetas de crédito y débito.  

Informes: www.iguazuargentina.com/

www.cataratasdoiguacu.com.br.

PARA TENER EN CUENTA

-         Considere el horario del check in y del check out. Si su vuelo llega a destino antes del horario de ingreso al hotel deberá esperar para entrar al cuarto, algo bastante incómodo con chicos. Lo mismo para la salida si debe dejar la habitación mucho antes de ir al aeropuerto. Una opción es pagar un extra para obtener un late check-out, consulte con su agente de viajes.

-         Use agua mineral. Aunque el agua es potable algunos viajeros –en especial los niños– pueden ser sensibles al cambio. Conviene darles solamente agua mineral y bebidas envasadas. Cuidado con los jugos que no sean naturales (se preparan con polvo o concentrado y agua de la canilla), y el hielo que traen las bebidas. También enjuague con agua mineral los vasitos o mamaderas de los más chicos.

-         Atención con la corriente eléctrica. Quienes viajan con un bebé probablemente piensen en llevar algún implemento que se enchufa (calentador de leche o de mamaderas, esterilizador, etc). Si se hospeda del lado brasileño considere que la corriente eléctrica es de 110 v., aunque algunos hoteles tienen también tomas a 220 v. para mejor manejo de los viajeros. Consulte con el hotel o su agente de viajes para evitar sorpresas.

-         Leche y pañales. Se puede conseguir leche y pañales de todas las marcas en el destino, pero si su hotel no queda cerca del centro y viaja por pocos días, considere llevar todo desde casa. El costo de llegar hasta un centro comercial y la pérdida de tiempo que implica, hacen que valga la pena viajar un poco más cargado y desentenderse.

VIVIR LA SELVA

Más allá de las caídas de agua y los parques nacionales, Iguazú ofrece –a grandes y chicos– la posibilidad única de entrar en estrecho contacto con la selva y sus habitantes originarios. Un paseo interesante es el BioCentro Iguazú, con una muestra viva de la flora y fauna nativas. Allí el recorrido comienza por el reptilario con iguanas, culebras y una amplia muestra de serpientes venenosas de Misiones y el mundo. Luego, un sendero zigzagueante invita a adentrarse en la selva paranaense hasta el hábitat de los yacarés. Siguen un tortuguero, con ejemplares de tierra y agua; y un pitonario, con boas, pitones y otros reptiles. El mariposario, rodeado de exuberante vegetación, y “El Jardín” –donde destacan bromelias, helechos y orquídeas– son otros dos espacios de impresionante belleza. Un lago con peces y aves completa el paseo.

Los más chicos también quedarán encantados con el encuentro con los guaraníes del Fortín Mbororé y su cultura ancestral que gira alrededor de los secretos de la selva. Durante el recorrido por los senderos que rodean la aldea un guía aborigen explica las creencias, mitos y leyendas de su pueblo, además de dar detalles acerca de las plantas medicinales y las trampas de caza. También se visita un templo en el corazón de la selva, donde se puede conocer sus rituales de iniciación y bautismo; y se recorren plantaciones, viviendas y muestras de artesanía.