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Un clásico renovado
10 razones para viajar a Acapulco
Por Redacción Ladevi   |  
15 de Noviembre de 2016

A menos de 400 km. de Ciudad de México, Acapulco se erige como una gran joya del Pacífico que sobrevivió a sus años de gloria –a mitad del siglo XX– y hoy se renueva con varias propuestas que invitan a conocer –o regresar– a este destino de fama mundial.

A menos de 400 km. de la capital de México, Acapulco es el centro turístico de playa más grande y deslumbrante, que ofrece a sus visitantes una variada oferta que incluye: naturaleza, compras, vida nocturna y una impronta regional que lo distingue.

Es interesante recordar la impensada fama que ganó a mitad del siglo XX cuando se iniciaron los vuelos internacionales directos y se consolidó como el “lugar de las estrellas de Hollywood y del mundo”. De esta manera, las celebrities peregrinaban hacia Acapulco fascinados por sus tesoros naturales y su ambiente relajado y alegre.

Pero hoy se renueva y muestra facetas interesantes que invitan a volver a este destino. Más allá del Acapulco tradicional, al oeste de la bahía, está el Acapulco Dorado, donde se localiza la mayor infraestructura hotelera; y Diamante, la zona más moderna.

-Playas por aquí y por allá. La bahía de Acapulco resguarda varias playas, como Condesa, con gran movida diurna y nocturna y donde se pueden practicar deportes náuticos. Hornos y Hornitos, en tanto, se caracterizan por sus aguas calmas. Al este despunta Icacos, de gran extensión. Para ese mismo lado, pero en otra pequeña bahía, está Puerto Marqués, con un mar tranquilo y restaurantes donde saborear mariscos.

Fuera de esta área existen otras alternativas, incluyendo la isla Roqueta, un sitio tranquilo donde es posible nadar, practicar esnórquel, remar y bucear. También vale la pena emprender una caminata por esta porción de tierra para descubrir su flora y su fauna hasta llegar al faro, y desde allí apreciar una de las mejores vistas de Acapulco.

Frente a la isla se emplazan Caleta y Caletilla, dos playas tradicionales que ganaron fama entre el jet set internacional durante las décadas de 1950 y 1960. Esta área se encuentra resguardada en forma natural por Roqueta, que soporta las corrientes del océano Pacífico, otorgándole un oleaje tranquilo, ideal para disfrutar en familia.

-Un diamante reluciente, otra zona imperdible. La zona de Punta Diamante, que nace al sur de la bahía de Acapulco, se desarrolló con posterioridad a su vecina y posee una impronta de hoteles de lujo, condominios y áreas de esparcimiento propias. Con conciencia ecológica, las propuestas son variadas y se extienden hasta playa Barra Vieja.

Revolcadero, Diamante y Bonfil son las playas que también pertenecen a esta zona, rodeadas por vegetación exuberante y por montañas. Todo esto se complementa con restaurantes, spas, zonas comerciales y golf.

-Paseos de naturaleza. Si hay un destino donde es imposible aburrirse es en Acapulco. Para los amantes de la naturaleza, es posible emprender un atractivo paseo por el Parque Papagayo, uno de los pulmones verdes del destino que cuenta con varios atractivos para disfrutar en familia; por el Jardín Botánico, que permite admirar la riqueza natural de Guerrero y en general de México.

Para una inmersión más acabada en la naturaleza, la laguna de Coyuca brinda expediciones ecoturísticas: paseos en lancha, caminatas por la selva, excursiones en kayak por los estrechos canales que serpentean entre manglares y relax en la Isla de los Pájaros.

-Viaje al pasado. Quienes deseen adentrarse en la historia de la ciudad podrán agendar una visita al Fuerte de San Diego, uno de los monumentos históricos relevantes de la ciudad y una de las fortalezas marítimas más importantes de todo el océano Pacífico.

La catedral de Nuestra Señora de la Soledad se encuentra a unos pasos del fuerte y combina diferentes estilos arquitectónicos, los cuales se fueron amalgamando durante el largo proceso de construcción. A primera vista se asemeja más a una iglesia ortodoxa rusa que a los templos mexicanos. Una mirada cautelosa permitirá descubrir los sutiles detalles neocoloniales y bizantinos, especialmente en la cúpula y las torres. El toque regional lo brindan los mosaicos que adornan el interior.

Mientras que en el cerro de la Pinzona se encuentra el mural que Diego Rivera tardó 18 meses en plasmar sobre una de las paredes de la casa de Dolores Olmedo. La obra, que muestra la fuerza del Quetzalcóatl, dios azteca representado como una serpiente emplumada, fue realizada con mosaicos y caracoles.

-El show de los clavadistas. Otra de las alternativas es conocer “La Quebrada de Acapulco”, un espectáculo que tiene lugar en la zona del puerto, donde los clavadistas saltan al mar desde un acantilado de 45 m. de altura. Sin tener un entrenamiento profesional, estas personas amantes de la adrenalina, han aprendido a lanzarse desde un precipicio hacia una poza con una profundidad menor a 4 m.

Diariamente hay cinco presentaciones de estos valientes deportistas; las más espectaculares e inolvidables son las nocturnas, pues se lanzan portando una antorcha en cada mano.

Existe un mirador público desde donde podrás apreciar el salto a cambio de una propina para los clavadistas. La mejor vista, sin embargo, la proporciona el club La Perla, aunque la entrada tiene un costo.

-Sabores locales. Es ley que después de un intenso día de playa se precise incursionar en la gastronomía local para mantener cuerpo y espíritu vacacional en perfecta armonía. En este aspecto, Acapulco se luce una vez más y ofrece a los amantes del buen vivir un sinnúmero de propuestas regionales y de cocina internacional.

Sin embargo, el “pescado a la talla” y el “mezcal de Guerrero” son dos de los sabores que cualquier viajero deberá probar durante su visita. En el primer caso, se trata de una especialidad preparada con mayonesa, chile guajillo, cebolla, laurel, tomillo y ajo, entre otros ingredientes. Los locales no dudan en recomendar cualquiera de los restaurantes de la zona de Barra Vieja como los mejores para degustar esta delicia, insignia de la gastronomía regional. En esta línea, el mezcal, una tradicional bebida mexicana, también tiene su versión guerrerense que se caracteriza por un sabor fuerte en el que predomina el dulzor del agave.

-De compras. Como cualquier destino vacacional, la ciudad ofrece varias alternativas para elegir recuerdos de viaje y artículos regionales. En el área del puerto existen tiendas y centros comerciales: galerías Diana, galerías Acapulco y Costera 125 cuentan con boutiques, zapaterías, joyerías, tiendas departamentales de prestigio, restaurantes nacionales, salas de cine, boliches y exposiciones de arte, entre otras alternativas de esparcimiento.

Asimismo, en la zona Diamante podrán visitar el centro comercial La Isla Acapulco Shopping Village, una megaplaza con tiendas a tan solo 2 minutos del aeropuerto que se destaca por sus fuentes de agua, cafés al aire libre, restaurantes, un canal de navegación, y muchas de las mejores cadenas de ropa de nivel internacional.

-Propuestas en el mar. Las tranquilas aguas de la Bahía de Acapulco son perfectas para la práctica de una gran variedad de deportes acuáticos. Si se opta por el esnórquel, las playas Caleta, Caletilla y la isla Roqueta son los sitios más populares, al igual que El Ripio, Las Palmas y la bahía de Hierbabuena.

Parasailing, windsurf, jet ski, stand up paddle y paseos en veleros pueden disfrutarse en la bahía. Allí también es usual la pesca deportiva: las presas más usuales son el pez vela, el marlin y el dorado. Si prefieres la pesca en agua dulce, una buena opción son las lagunas Tres Palos y Coyuca, que están a corta distancia del puerto.

-Escapadas cercanas. Ubicado 272 km. al norte de Acapulco, Taxco, “la ciudad de la plata”, es un destino deslumbrante, con sus sinuosas calles empedradas, sus casas coronadas con tejas y sus floridas plazas. En este viaje en el tiempo hasta la época en donde se descubrió la veta de plata es imprescindible conocer la iglesia consagrada a Santa Prisca, realizar un viaje en el teleférico y, obviamente, comprar algún recuerdo hecho en plata (por las calles Nacional, Juárez o el mercado de artesanos en la esquina de Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo). Algo muy importante es la marca “925” que garantiza la autenticidad del producto.

Para otro día, Ixtapa-Zihuatanejo –distante a 260 km.– representa un dúo muy especial de destino de lujo con poblado rústico, ambos abiertos al mar.

-Atardecer de película. Como broche de oro no hay mejor plan que disfrutar de una puesta de sol con amigos, solos, en pareja o en familia, y para eso la recomendación es unánime: hay que acercarse hasta Pie de la Cuesta, a sólo 10 km. del centro de Acapulco, donde dicen se encuentra el mejor escondite de Febo en las costas del Pacífico.

Es aquí donde confluyen las poderosas olas del océano Pacífico y la escénica laguna de Coyuca. Alquila una hamaca, pide una bebida bien fría (la ginebra con coco es la especialidad de la casa) y relajate.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: la opción más cómoda es volar hasta Ciudad de México para luego hacer la conexión.

Cómo moverse: hay traslados constantes desde el aeropuerto hacia los hoteles de la zona turística. Limusinas y vehículos de alquiler también están disponibles. Si se opta por utilizar los transportes locales, hay que tomar en cuenta que el autobús que se aborde transite sólo sobre la Costera Miguel Alemán para evitar algún desvío. Los taxis de color blanco y azul pueden ser utilizados para traslados más extensos, y el precio varía según las distancias.

Clima: tropical, siendo julio y agosto los meses más calurosos. La temporada de lluvias se extiende de mayo a octubre. El invierno es apenas húmedo; la vegetación prevaleciente es de selva baja. La temperatura media anual es de 33°C la máxima y de 22°C la mínima.

Informes: www.visitacapulco.travel.