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Amazonas
Un derrotero enigmático
23 de Enero de 2017

Arqueología y naturaleza se conjugan para ofrecerle al viajero un recorrido lleno de sensaciones en sintonía con la cultura milenaria de Perú. Un periplo diferente para descubrir los vestigios chachapoyas que lucen toda su riqueza en medio de la espesura de la selva.

Amazonas atesora innumerables atractivos para el turista que busca arqueología, naturaleza y aventura. Ubicado en el norte de Perú, este departamento forma parte del circuito noramazónico que incluye otras zonas cercanas ideales para visitar. Sin duda los imperdibles del destino son los restos arqueológicos de los chachapoyas, civilización especialista en mausoleos, sarcófagos y edificaciones funerarias.

SARCÓFAGOS DE KARAJÍA.

Descubierto en el distrito de Luya en 1985 por el arqueólogo Federico Kauffmann Doig, este conjunto de ataúdes, según la tradición funeraria de los chachapoyas, tiene formas humanas de una altura de 2.5 m. Debido a su tamaño impresionante y elaboración minuciosa, son únicos en su tipo. El barranco de Karajía está adornado por siete sarcófagos alineados lateralmente.

Los chachapoyas modelaban las cabezas de estos en arcilla y originalmente los sarcófagos de Karajía lucían sobre sus cabezas un cráneo ritual, dotándolos de majestuosidad. Por su ubicación, en lo alto de un barranco de difícil acceso, se han conservado a salvo de circunstancias adversas.

Se interpreta que los sarcófagos son evocaciones de la forma típica del fardo funerario costeño y cordillerano correspondiente al período Huari. De hecho, su figura antropomorfa sólo se destaca en el cuerpo, ya que sus extremidades carecen de esta forma. La gente local llama a los sarcófagos Purunmachus, es decir, difuntos antiguos.

Estas esculturas místicas fueron hechas con paja seca y arcilla crema. Además, presentan capas de pintura facial y corporal de color rojo ocre y humo blanco. El pintado de cada sarcófago es distinto. Para resguardar este arte, se cree que los antiguos habitantes de la zona, luego de colocar este tipo de ataúdes, destruyeron los senderos estrechos y las cuerdas que facilitaban su acceso.

Según los lugareños, en tiempos remotos la montaña donde se sitúan los sarcófagos de Karajía fue un gran cementerio, ya que también existían mausoleos que se extinguieron con el paso de los años. ¿Qué significa que haya una cabeza por encima de las demás? ¿Quiénes eran estas personas? ¿Todas murieron a la vez? ¿Qué significa que la vista de cada sarcófago apunte a una dirección distinta? Sin apresurarse por respuestas, el viajero encontrará en los sarcófagos de Karajía un lugar lleno de misterio.

CATARATA GOCTA.

También conocida como La Chorrera, es un salto de agua ubicado cerca a las comunidades de Cocachimba y San Pablo. Para llegar a la catarata Gocta, desde Chachapoyas se toma la ruta con dirección a Pedro Ruiz hasta el puente Cocahuayco, siendo una hora de distancia. El viajero puede descubrirla tras cinco horas de caminata por un extenso bosque de neblina virgen desde Cocachimba. En el entorno de esta maravilla natural se aprecian 22 caídas de agua, cuya belleza resalta más en temporadas de lluvia.

Para explicar esta caída de agua que dibuja un paisaje increíble en Amazonas, se deben tener en cuenta dos leyendas. La primera trata de la maldición de una sirena rubia y serpiente gigante que resguardan una vasija de oro. Se dice que la sirena acosaba a los hombres en la quebrada Gocta, mientras que la enorme serpiente merodeaba en la poza principal de la catarata. Es por estos relatos que las familias de Cocachimba vivían atemorizadas durante muchas décadas. La siguiente leyenda narra la desaparición del lugareño Juan Mendoza y, de acuerdo a esta, fue encantado por las rocas que hay detrás de la catarata.

Sin embargo, estos mitos no intimidaron al explorador Stefan Ziemendorf, quien se percató de la catarata al investigar unos sarcófagos situados en el margen opuesto del valle Utcubamba. Desde aquel momento, se propuso visitar la catarata. Para asegurar su arribo al lugar, buscó ayuda entre los lugareños. Tras un gran esfuerzo, Ziemendorf, con la ayuda de un ingeniero, logró medir la altura de la catarata Gocta.

En cualquiera de sus dos accesos, por Cocachimba o San Pablo, se observan actividades tradicionales como la ganadería, agricultura y producción artesanal de chancaca. Asimismo, los turistas pueden ver expresiones chachapoyas como pinturas rupestres, edificaciones, andenes y entierros.

KUÉLAP.

Alzada sobre una colina de roca caliza a 3.000 msnm, esta zona arqueológica es uno de los vestigios más imponentes de la cultura chachapoyas. Forma parte de un ecosistema caracterizado por la presencia de un bosque húmedo que alberga orquídeas, musgo y líquenes. La ciudadela mide alrededor de 584 m. de largo y un promedio de 110 m. en la parte más ancha.

La fortaleza de Kuélap posee tres entradas, dos hacia el este y una hacia el oeste, cerca del acantilado. El ingreso es de forma trapezoidal y sobre su plataforma aparecen más de 550 estructuras. En el lado suroeste se encuentra un sistema llamado Tintero, con una altura de 5.5 m. en forma de cono invertido, pero hoy se le conoce como Templo Mayor, debido a las evidencias ceremoniales halladas durante las investigaciones.

Al interior de Kuélap, se han registrado muchas piedras talladas en alto relieve con diseños antropomorfos, zoomorfos y geométricos, situadas en el Templo Mayor, en los ingresos y en el muro perimétrico. En tanto que se ha descubierto un sinfín de entierros en los muros y en el interior de las estructuras circulares. El viajero también puede admirar hasta 420 casas circulares de piedra con frisos en forma de rombos y zigzag.

Por su configuración y emplazamiento, en la cima de los andes amazónicos, el complejo fue diseñado para que los chachapoyas se defendiesen de otros grupos étnicos, pero finalmente llegaron a ser conquistados por los incas. De hecho a lo lejos es monumental: entre las montañas verdes se visualiza la gran muralla de piedras de 20 m. que protege la ciudadela.

MUSEO LEYMEBAMBA.

La laguna de los Cóndores esconde objetos de gran valor, como coronas, quipus, cerámicas talladas en madera, tejidos finos y un centenar de fardos funerarios. Con el objetivo de salvaguardar estos materiales, se construyó el Museo Leybamba. Inaugurado en junio de 2000, este espacio está orientado principalmente a difundir la cultura Chachapoyas.

Su edificación ha tratado de rescatar parte de la arquitectura del lugar, como el uso de piedra y la forma circular de las casas chachapoyas. La visita al Museo Leymebamba inicia con una sala que ofrece una reseña de la cultura chachapoyas y su relación con otras civilizaciones de Perú y el mundo. Para ello, hay un cuadro cronológico comparativo.

El recorrido sigue con una maqueta de la laguna de los Cóndores y un grupo de mates con diseños antropomorfos. En otra sala se exhibe un dintel de madera tallado hallado en el valle de los Chilchos que representa un reptil atrapando a un sapo. La galería muestra al visitante maquetas tipo sarcófago, con bosquejos de Karajía y Pueblo de los Muertos; y tipo mausoleo, con ejemplos de Revash, la laguna de los Cóndores y Los Pinchudos.

A través de una sala etnográfica, se ilustran las diversas manifestaciones del estilo de vida de las sociedades que actualmente habitan el territorio de los milenarios chachapoyas. Alrededor del Museo Leymebamba, la flora nativa adorna sus jardines, distinguiéndose una colección de orquídeas con más de 100 variedades locales.

MAUSOLEOS DE REVASH.

A 2.700 msnm, se sitúa el sitio arqueológico Revash, a la margen izquierda de la quebrada El Ingenio. Los mausoleos son tumbas que se alzan sobre cornisas en las aberturas de los acantilados de piedra caliza. Las paredes de los mausoleos están formadas por pequeñas piedras afirmadas con mortero de barro.

Los mausoleos de Revash comprenden dos sectores: el primero está compuesto por cinco recintos de forma rectangular de uno a tres niveles con una altura de 3.5 m. y el segundo lo conforman ocho recintos de uno a dos niveles con una altura de 2.5 m. Detrás de los mausoleos, una variedad de pictografías decora las paredes del acantilado.

Tras las excavaciones de algunas de las tumbas en 1948, se revelaron el fardo funerario de un niño, los huesos de 11 adultos, fragmentos de telas y cuerdas, ornamentos de plumas, peines, collares, herramientas de madera y hueso, instrumentos musicales, cerámica y una red para cargar, entre otros. Los sepulcros fueron destinados a ser residencias colectivas para enterrar personajes poderosos fallecidos. Sorprenden por sus paredes llenas de color y han sobrevivido en el tiempo gracias a la cueva que los protege y su acceso abrupto.

Para conocer los mausoleos de Revash, los viajeros deben partir desde Hierba Buena. Se necesitan 20 minutos en auto para arribar hasta el inicio del camino de herradura a los mausoleos.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: Latam opera vuelos Lima-Jaén. Desde aquí se puede llegar a Chachapoyas en tres horas por vía terrestre.

Servicios: Viajes Pacífico opera excursiones a la fortaleza de Kuélap, catarata Gocta y sarcófagos de Karajía, entre otros.

Informes: www.peru.travel.