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Nhongo Safaris
Experiencia salvaje en el Parque Nacional Kruger
Por Gabriela Macoretta     |  
07 de Agosto de 2017

Visitar el mítico Parque Nacional Kruger es una experiencia inolvidable, y el doble de provechosa si se lo recorre junto a expertos en la zona. En ese sentido, tuve el placer de hacer mi primer safari en Sudáfrica con Nhongo Safaris, compañía que ofrece servicios personalizados y a medida, y que cuenta con un lodge boutique propio en Marloth Park, a metros del río Cocodrilo.

En mayo de este año tuve la posibilidad de cumplir uno de mis grandes sueños: conocer el Parque Nacional Kruger, uno de los más salvajes y extensos del mundo (tiene nada menos que 350 km. de largo y 60 km. de ancho, aproximadamente).

Viajé a Sudáfrica para cubrir la feria Indaba –invitada a través de este medio por South African Tourism y South African Airways–, y aproveché la ocasión para concretar la visita al parque, de la mano de Nhongo Safaris, especialistas en la materia.

Fue el propio Dean Cherry, director de la compañía, quien pasó a buscarme muy temprano por el hotel en el que me alojaba en Johannesburgo para trasladarme hasta el punto de encuentro con Amanda Hewett, la experimentada guía con la que –junto a Christina Kring, amiga y gran conocedora de la zona– compartimos tres días inolvidables de avistaje de animales. Así, en Nelspruit, capital de la provincia de Mpumalanga (a cuatro horas y media de viaje desde Jozi), me despedí de Dean para cambiar del vehículo 4x4 a uno abierto, y comenzar a aprovechar cada minuto dentro del Kruger.

Ingresamos por Malelane Gate, en la parte sur del parque, ya que al contar con pocos días de safari es recomendable recorrer esa zona, puesto que es la que cuenta con mayor concentración de animales y el visitante tiene más posibilidades de ver a los “Big Five”: el elefante africano (hay aproximadamente 12 mil en todo el parque), el león (el carnívoro más grande y más fuerte de África, tan poderoso que puede llevar el doble de su peso en sus mandíbulas), el leopardo (el más difícil de ver; es muy escurridizo y bien camuflado), el rinoceronte blanco y el búfalo, los cinco más codiciados del parque.

“No hay que generarse grandes expectativas. Tenemos que transitar los senderos y disfrutar de lo que vemos a cada paso. Si sólo esperamos ver ‘gatos’ (felinos), puede que no tengamos suerte y no es bueno irse desilusionado. Aunque sea un buen motivo para regresar.” Sabias palabras de Amanda al comienzo del primer game drive, además de las principales advertencias de seguridad: no sacar los brazos por fuera del vehículo (no estamos en un parque temático, sino en el mismísimo Kruger, y hay predadores), no pararse mientras el vehículo está en marcha y guardar silencio, sobre todo al estar frente a los animales. No sólo por respeto y precaución, sino porque la clave está en disfrutar de ellos, en observar sus hábitos, en verlos en su hábitat, en su belleza… Menos fotos y más sentidos activados es una ecuación que vale la pena, sobre todo para los que amamos a los animales. Llegan a emocionar hasta las lágrimas.

SABANA SUDAFRICANA.

Los ojos requieren de cierto entrenamiento para el avistaje de animales, ya que se encuentran muy bien camuflados entre los pastizales, árboles, arbustos y piedras de la sabana. Por eso es valioso recorrer el parque acompañado de un guía y en un vehículo acorde (los de safari son abiertos, tienen mayor altura y permiten una visión más amplia). En ese sentido, Amanda no sólo nos indicaba hacia dónde mirar, sino que nos proporcionaba información muy interesante sobre cada especie, nos mostraba las huellas de los animales en los senderos no pavimentados y estaba en contacto permanente con otros guías, intercambiando información sobre los sitios en los que se podían encontrar algunos de los “Big Five”.

Debo decir que fuimos muy afortunadas en nuestros días de safari. Si bien no vimos al leopardo (la figurita difícil), nos topamos con una chita, una especie aún más difícil de ver y que se encuentra en peligro de extinción por cuestiones territoriales.

Pero, como dijo Amanda, no se trata sólo de ver “gatos”. En el parque pueden apreciarse una enorme cantidad de mamíferos, aves, reptiles e insectos, además de una flora muy particular, y paisajes que van cambiando de forma y color a cada paso, siempre bajo un cielo azul intenso.

LA NOCHE EN EL LODGE.

Nhongo Safaris cuenta con su propio logde boutique: el Nhongo Lodge, en las cercanías de una de las entradas al parque: el Cocodrile Bridge Gate, donde estuvimos cada mañana antes de las 6 AM, siendo aún de noche, no sólo para aprovechar la jornada al máximo sino porque los mejores momentos del día para el avistaje son las primeras horas de la mañana y las previas al atardecer.

El Nhongo Lodge está emplazado precisamente en la Reserva Marloth Park, fuera del parque, aunque a metros de sus alambrados de contención, lo que también permite el avistaje al regresar del safari, puesto que está a metros del río Cocodrilo.

Jamás voy a olvidar las noches en el lodge: silencio, tranquilidad, desconexión… contexto inusitado para quienes vivimos en las grandes urbes. Además, disfrutamos de los deliciosos platos preparados por Steven Turcsik y de la grata compañía de Chiedza Matambo, encargada del lugar y dueña de la sonrisa más linda que vi en mi vida.

Y qué decir de la noche de despedida: Steven nos agasajó con un “braai”, un asado típico sudafricano. Todos comimos y conversamos en torno al fuego, bajo las estrellas y rodeados de animales curiosos que se acercaron a las inmediaciones del lodge, entre ellos ciervos, impalas y ¡una pitón de más de 2 m. de largo!

Una mención aparte merecen los sonidos de la noche en la sabana: el rugido de los leones, los llamados de las hienas y los gruñidos de los hipopótamos son moneda corriente al apoyar la cabeza en la almohada e intentar conciliar el sueño.

Por todo lo narrado, puedo aseverar que la experiencia auténtica y personalizada que ofrece Nhongo Safaris cumple con creces su filosofía y eslogan: “Llegar como extraños e irse como amigos”.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: vía San Pablo, desde donde South African Airways opera vuelos diarios a Johannesburgo. Desde Argentina conecta con Aerolíneas Argentinas, Latam y Gol, y para los regresos también con Turkish Airlines y Qatar Airways.

Cuándo viajar: se puede visitar durante todo el año. En cuanto al clima, las temperaturas mínimas y máximas varían de acuerdo a la estación. Primavera: 23°C/30°, verano 26°C/32°, otoño 22°C/29° e invierno 17°C/26°.

Dónde alojarse: en Nhongo Lodge y diversas opciones ofrecidas por Nhongo Safaris.

Idioma: inglés.

Vacunas: contra la fiebre amarilla (obligatoria para entrar a Sudáfrica).

Visa: no se necesita.

Moneda: rand sudafricano (US$ 1= ZAR 13).

Imprescindibles: linterna, bloqueador solar, repelente, antialérgico, gotas para los ojos, lentes se sol, sombrero/gorro, mapa, cámara de fotos.

Precauciones: es necesario tomar medicación contra la malaria (ver recuadro). Cuidado con los monos, ya que buscan comida y pueden robar objetos.

Gastronomía y tiendas: para recuperar energías y continuar con el safari el parque cuenta con diversos paradores que ofrecen opciones gastronómicas de primer nivel, además de tiendas de souvenirs y artículos varios.

Sugerencia: comprar el libro/guía del parque, disponible en español y en todas las tiendas del parque dado que contiene información útil, mapas y una guía de animales, ideal para ir tildando los que se ven durante las jornadas.

Informes: info@nhongosafaris.com/www.nhongosafaris.com.

SAFARIS PARA TODOS LOS GUSTOS

“Ofrecemos experiencias auténticas y personales en safaris, flexibles y a la medida de cada pasajero y necesidad. Así, por ejemplo, contamos con opciones de 2 a 9 días y para diferentes tipos de presupuestos”, comentó Dean Cherry, director de Nhongo Safaris, y añadió: “Nuestro staff y guías profesionales se caracterizan por sus años de experiencia, así como por el conocimiento de la zona y los comportamientos de los animales”.

En cuanto a los pernoctes, el director informó que los pasajeros pueden alojarse en el Nhongo Lodge, o bien en chalets, campamentos y lodges 5 estrellas de reservas privadas dentro y fuera del parque, entre otras opciones.

Respecto al Nhongo Lodge indicó que “tiene capacidad para 12 huéspedes. Cuenta con una cocina totalmente equipada y un chef propio. Las seis habitaciones están dotadas de aire acondicionado, y cinco de ellas disponen de un deck. Actualmente se encuentra en proceso de remodelación para convertirlo en un lodge de mayor categoría”.

ALGUNAS REGLAS DEL PARQUE KRUGER

• La entrada al parque cuenta por riesgo propio.

• Se debe permanecer siempre dentro del vehículo, salvo en lugares autorizados.

• El uso de teléfono celular sólo está permitido en los portones de entrada y en los campamentos, o sólo en caso de emergencia.

• Está prohibido dar de comer a los animales. Al hacerlo se tornan agresivos y dependientes, y no pueden seguir viviendo en el parque.

• Está prohibido fumar y encender fuego.

• Está terminantemente prohibido sacar fauna y flora del parque.

• No arrojar basura.

• El parque es una zona libre de ruidos, por lo que se ruega respetar ese aspecto.

• El horario debe ser estrictamente cumplido (está prohibido y es muy peligroso circular fuera del horario establecido). 

PARQUE KRUGER: ALGUNAS FECHAS PARA RECORDAR

• 1898: la primera reserva, Sabie, fue establecida por el presidente del Transvaal, Paul Kruger, quien estaba preocupado por la rápida disminución de los animales como resultado de la caza furtiva y desmesurada, y del gran comercio de pieles y marfil.

• 1º de julio de 1902: el escocés James Stevenson-Hamilton fue nombrado primer guardabosques oficial de Sudáfrica. Su sobrenombre era “Skukuza” (“El que erradica”) por su éxito en eliminar la caza furtiva en el parque. Él propuso el cambio legal de la categoría “Reserva” a “Parque Nacional”.

• 31 de mayo de 1926: el gobierno sudafricano aprobó el Acta Nacional de los Parques. Se juntaron las reservas de Sabie y Shingwedzi, y le dio el nombre Parque Nacional Kruger en honor a su fundador, Paul Kruger, quien tanto había contribuido a la conservación de los animales salvajes en Sudáfrica.

• 1927: se abrió el parque al público en general.

MALARIA: MIEDO NO, PRECAUCIÓN SÍ

Hay que tener en cuenta que el parque es una zona de malaria, aunque el riesgo de contagio es relativamente bajo, especialmente en las estaciones secas, cuando hay poca lluvia. La mayoría de los mosquitos no transmite la enfermedad; es decir que ser picado no significa ser infectado. Sólo será así cuando el mosquito haya picado anteriormente a un infectado. De todas maneras, se recomienda tomar la medicina antimalaria antes de visitar el parque (consultar con un médico, ya que el tratamiento debe comenzar algunas semanas antes, y continúa durante y después del viaje). Aun así, la profilaxis no está garantizada en un 100%. Lo más indicado es evitar ser picado, sobre todo por la mañana y por la noche, cuando los insectos están más activos. Además de utilizar ropa conveniente y repelente.