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Sergio “Cachito" Vigil
“Soy un apasionado de los viajes”
Por Mariela Onorato     |  
22 de Junio de 2018

El hockey sobre césped le permitió alcanzar muchos logros profesionales y a la vez le dio la posibilidad de recorrer Asia, Europa, Oceanía y África; primero en su etapa como jugador y luego durante los años que dirigió a Las Leonas. Sin embargo, su contador de millas no se detiene y hoy continúa buscando nuevas experiencias de la mano de su familia.

 

“Cuando era adolescente una amiga de mi mamá que leía las cartas del tarot le dijo ‘tu hijo va a vivir con una valija en la mano’. En ese momento yo estaba esperando la confirmación de los nombres de quienes iban a integrar el seleccionado argentino de hockey que participaría en el Mundial Sub 21, en Vancouver. Estaba muy nervioso y finalmente estuve entre los elegidos. Fue mi primer viaje al exterior y desde esa instancia me considero un apasionado de los viajes”, así se presenta y comienza a hablar de sus experiencias como viajero Sergio “Cachito” Vigil, entrenador de hockey sobre césped.

Ameno, cordial y familiero, Sergio Vigil supo emocionarnos a todos los argentinos cuando, siendo entrenador de la selección femenina de hockey (Las Leonas), obtuvo la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 y la de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000; además de ganar el Champions Trophy de 2001 y el Campeonato del Mundo de 2002.

Hoy hace lo propio en suelo chileno como director técnico de la selección chilena de hockey femenino, Las Diablas.

En dialogo exclusivo con Viajando relató cómo fueron sus primeras travesías por el mundo cuando era jugador y cómo fueron cambiando sus experiencias cuando comenzó a planificar los viajes de la mano de su familia.

–Si bien en Argentina es reconocido por su trayectoria como entrenador de Las Leonas, usted tuvo un largo derrotero como jugador; ¿qué vivencias le quedaron de esos años?

–Mi primer viaje fue a un torneo Panamericano en Orlando, en Estados Unidos; y el segundo fue a Canadá; esto sucedió entre 1983 y 1986. A partir de entonces, ya en el Seleccionado Mayor, fui a Australia. Este último viaje fue muy significativo porque pude conocer Sídney, Melbourne, Canberra y Adelaida; toda la región este del país. Luego participé del Mundial de Hockey en Londres, lo que fue mi desembarco en Europa. Con los años conocí Holanda, España, Pakistán, Bélgica, Alemania y Sudáfrica. A su vez, en los 90 me contrató un equipo italiano para ir a jugar a la liga de ese país. Estaba ubicado en una ciudad muy cercana a Turín y desde ahí cada vez que tenía un receso aprovechaba para visitar destinos como París, Brujas, Berlín y Salzburgo.

–Después de todas estas experiencias, ¿hoy qué lugares elige para sus vacaciones?

–Haber conocido Asia, Europa, Oceanía y África de la mano del deporte me da la posibilidad de decidir y buscar lo que realmente me gusta. Cuando nos conocimos con mi esposa Marcela pasábamos horas hablando de música, porque tenemos muchos gustos en común. Uno de nuestros artistas predilectos es Silvio Rodríguez, de modo que nuestro primer viaje y nuestra luna de miel fue en Cuba. Al momento de definir el itinerario pusimos el foco en los sitios que durante nuestra adolescencia nos remitían a un mundo más igualitario y con un mayor compromiso para con los demás. Obviamente estuvimos en Cayo Largo y Varadero, pero la mitad del viaje estuvimos en La Habana. Don Ernesto significaba mucho para ambos. Durante esos días pudimos relacionarnos con él de una manera más amorosa, más realista y también más crítica, pero sin olvidar la esencia de su lucha. Lo mismo nos sucedió con la Revolución Cubana, tenemos hacia ese hito histórico mucha admiración y a la vez muchos cuestionamientos.

–La isla tuvo muchos cambios sociopolíticos en los últimos años, ¿volvieron a visitarla?

–Sí, regresamos a La Habana con Thiago, nuestro hijo, en 2012. Ese año los Rollings Stones tocaron por primera vez en Cuba. Ese viaje fue una gran apuesta porque lo planifiqué en muy poco tiempo y podía salir mal. Quería sorprender a mi esposa y a mi hijo con la propuesta. Finalmente, fue una experiencia increíble, pudimos ver a la banda en vivo y fue uno de los momentos más emocionantes que vivimos en familia.

–Usted comenzó a viajar al exterior en los 80 y continúa haciéndolo hoy, ¿qué diferencia encuentra, a partir de la irrupción de la tecnología, en la manera de planificarlos?

–No solamente la preparación previa, los viajes hace tres décadas eran una experiencia totalmente diferente a lo que son hoy. La tecnología y la manera de comunicarnos es otra. Yo comencé escribiendo cartas a mi familia cada vez que estaba en una gira, luego mandaba fax y finalmente llegaron los celulares y la comunicación instantánea. Por otra parte, cuando comencé a vacacionar con mi familia se necesitaba la ayuda de un agente de viajes, el cual nos preparaba los circuitos, hacía las reservas en los hoteles y nos aconsejaba sobre las conexiones de los aéreos. Hoy la oferta de los servicios y la diversidad de precios está disponible en Internet. En los 90 cuando llegaba a un destino caminaba la ciudad buscando el hotel que más me gustaba y allí me hospedaba. Con el paso de los años comenzó a ser imposible encontrar disponibilidad tan fácilmente. Hasta el día de hoy es necesario hacer siempre una reserva. Asimismo, en la actualidad navegamos mucho con mi hijo buscando información sobre la ciudad que queremos visitar, eso nos permite conectarnos con el destino y comenzar a disfrutarlo con antelación.

–Hablamos de la instancia previa a un viaje pero: ¿qué pasa a la vuelta?, ¿qué vuelve en la valija?

–A mi familia le encanta traer souvenirs de cada lugar que visita; a mí no tanto. De todos modos, si visito un destino de habla hispana siempre traigo un libro. También es cierto que compro regalos pero no los busco; recorro cada sitio y dejo abierta la posibilidad de que un objeto ‘me encuentre a mí’ y se convierta en el regalo ideal para un ser querido.

–Hoy pasaron varios años de aquel presagio que indicaba que iba a vivir con una valija en la mano, ¿qué significa hoy viajar para usted?

–Representa una conexión muy profunda con mis seres queridos o con mis compañeros, cuando se trata de un compromiso profesional. A la vez implica conectarme con otras historias, climas, contextos y realidades. En el caso de mi familia, no importa el lugar que visitemos siempre nos da la posibilidad de reconectarnos; es un modo de redescubrirnos los tres permanentemente.

–Luego de tantos destinos visitados, ¿qué lugares planea visitar próximamente?

–Ya conocí Londres, París, Madrid, Andalucía y mucho de Italia; pero ahora quiero recorrer otros destinos, como Ámsterdam, Bruselas, Moscú, Praga, alguna región vitivinícola de Francia y Gran Bretaña (Stratford, Warwick, York, Escocia e Irlanda). También quiero recorrer África en familia, aunque representa un viaje más largo y ambicioso. Por otra parte, desde hace varios años comencé a conectarme con la cultura budista por eso quiero visitar junto a mi familia la India y el Tíbet.