
Exiliadas del frío del sur, las ballenas jorobadas llegan cada año a las cálidas aguas tropicales de nuestro país para reproducirse. Los machos se alzan sobre el Pacífico para atraer a las hembras, y luego, el océano ve nacer a los enormes cetáceos, que ofrecen al público un espectáculo único.
Si hay un lugar en Colombia al que el turismo todavía no llega en las oleadas que debería, es el Pacífico. Quizá esa es la principal razón de su encanto. Toda la costa occidental de nuestro país tiene la facultad de multiplicar el sabor de la naturaleza en la piel. Allí, la virginidad salvaje de la selva y el poderoso azote del agua contra la tierra, magnetizan a todo el que tiene oportunidad de hacer contacto con esa belleza desnuda. Hasta las ballenas regresan para hacer el amor en estas aguas.
La afirmación de que la naturaleza es sabia y tiene un orden no sólo es cierta, sino que se llena de múltiples significados cuando en el segundo semestre de todos los años, los visitantes del Pacífico colombiano tienen el privilegio de ver la migración de las ballenas jorobadas, enormes mamíferos que llegan a las aguas de nuestro país desde el sur del continente para conservar su especie.
Bahía Solano, Nuquí, el Parque Nacional Natural Gorgona y Bahía Málaga en Buenaventura son los sitios desde donde se puede hacer avistamiento de ballenas, a cuyo espectáculo se suman los delfines, las aves que surcan el cielo, la fuerza colorida de la selva al borde de las playas, y el silencio infinito de esta zona a la que no llegan las carreteras porque las condiciones geográficas no lo permiten.
El agua del Pacífico, con un promedio de temperatura de 25º C, es ideal para que las ballenas hembras puedan dar a luz a sus hijos, por ello viajan casi 8.500 km. para estacionarse durante algunos meses en esta zona y traer a sus ballenatos al mundo.
La imponencia de estos mamíferos no representa riesgo para los turistas que los observan, siempre y cuando se mantengan distancias prudenciales y se tengan en cuenta todas las medidas de seguridad.
Para tomar vacaciones en el Pacífico es necesario un fuerte deseo de conocer cosas inexploradas, la vida en toda su maravillosa desnudez, y la naturaleza impecable de la tierra sin cemento, porque lo que se descubre a orillas de Chocó, Nariño y Cauca, sólo está allá, expuesto a la soledad del océano y de la selva.
La costa pacífica es la zona de mayor pluviosidad de Colombia, así que llegar allí, aún por aire, no es cosa fácil. Muchos vuelos regresan después de divisar la playa porque bajar sobre las nubes a aterrizar en uno de los pequeños aeropuertos de la zona es riesgoso, pero los vuelos que llegan con los grupos de turistas son testigos de la sorpresa y la fascinación que se proyecta en las caras de la gente.
Una de las mejores cosas que se pueden hacer en el Pacífico es bajarse del avión y montarse en una lancha rumbo al destino final. La lancha lleva a los turistas en un sube y baja en medio del agua salvaje del océano desde donde se abre la inmensidad del mar a un lado y la imponencia de la selva virgen del otro.
Aunque desde varios puntos se pueden divisar las ballenas, cada destino tiene características distintas, y ofrece un panorama de belleza único.
EL MISTERIO DE GORGONA.
Para llegar a la que fue durante más de 20 años la prisión de mayor seguridad de Colombia hay que hacer escala en el municipio de Guapi, en Cauca. Allí empieza la travesía: una hora en lancha esquivando las ramas entrometiéndose en el río y las violentas olas del Pacífico hasta tocar los dominios de la isla de las serpientes: el Parque Nacional Natural Gorgona, lugar dedicado al descanso, la exploración científica y la estación de paso donde llegan las ballenas jorobadas para reproducirse.
Gorgona es la isla más selvática del país, con 24 km² de ecosistemas mitad vírgenes, mitad ya explorados. En ella no habitan las hormigas diminutas de la Colombia continental, sino unas llamadas soldado, que exceden exponencialmente en tamaño a las anteriores.
Los lagartos, serpientes, insectos, aves y mamíferos también dan fe de lo salvaje que es este sitio. La playa toma el sol cubierta de conchas y piedritas, y en el día se puede hacer una ruta misteriosa por los vestigios de la Alcatraz colombiana; muros enteros que se comió la selva. En las entrañas de Gorgona, debajo de todas las entrañas de la naturaleza están los restos fúnebres de una prisión, que en combinación con las características de la isla hacen de este lugar un misterio que navega entre la desolación y la nostalgia. Las paredes de la construcción están medio roídas y en obra negra, pero se pueden recorrer los pabellones carcelarios, los dormitorios, la cocina, los baños e incluso las celdas de tortura. Durante la caminata por esos fríos pasillos, donde sólo se escucha el ronquido de la selva, los personajes más solemnes de aquella época aparecen a través de sus historias, detrás de las rejas, como si quisieran regresar a la vida para ser perdonados, o perdonar.
A la salida de esas historias crueles, de nuevo la selva abraza a los visitantes y los invita a unas cálidas playas blancas, llenas de piedras, por donde caminan enormes hormigas en filas y a veces se desliza una que otra inofensiva serpiente.
En el mar se pueden practicar deportes acuáticos, bucear en los corales o darle la vuelta a la isla para visitar otros islotes cercanos y continuar observando los secretos de la naturaleza.
Para quienes deseen quedarse en la isla, Gorgona ofrece alojamientos en medio de la selva, cabañas y una nutrida infraestructura turística que se mantiene en armonía con la selva, el mar y los misterios de este tesoro natural. Las noches son bastante sombrías, y aunque las estrellas fugaces amenazan con caer encima, nunca caen.
NUQUI: SURF EN EL PARAISO.
En Chocó hay varios sitios maravillosos para pasar unas vacaciones. Uno de los más bellos es Nuquí, un municipio ubicado en toda la costa y a las orillas de un río que recibe su mismo nombre.
El pueblito tiene un aeropuerto donde aterrizan los pequeños aviones que llegan desde Medellín. Ahí se toma una lancha hasta alguno de los alojamientos turísticos de la zona, que ofrecen un exquisito paisaje desde la selva hacia el océano.
En esta zona de la costa pacífica colombiana las olas golpean con toda la fuerza de su galope, por lo cual se ha convertido en una de las zonas ideales para practicar surf, e incluso allí se celebró un campeonato internacional con profesionales de Latinoamérica.
Desde Nuquí se puede disfrutar la vida del océano, sus batallones de peces, el alzarse de las aletas de las ballenas jorobadas sobre el aire, salpicando de agua una enorme onda a su alrededor, el baile de los delfines rodeando las lanchas con su canto, el viento golpeando las palmeras, y el mar crujiendo contra las enormes rocas.
Selva adentro se pueden hacer recorrido por el río Jobí y llegar hasta esta población del departamento de Chocó que ofrece pequeñas cascadas, árboles enredados, canoas tradicionales trepando río arriba hasta llevar a los turistas a las entrañas de la manigua y ofrecerles un delicioso baño en turcos naturales, hechos con la pesadez con que cae el agua entre las rocas verdes.
