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Especiales
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La Magia de las Tradiciones y la Naturaleza
05 de Enero de 2011

Esta ruta comprende históricas ciudades, paisajes naturales, playas y pequeños y pintorescos pueblos con grandes atractivos turísticos. De la elegancia de Morelia hasta la alocada vida nocturna de Acapulco, de las ruinas de Tzintzuntzan a la raigambre urbana de Uruapan, éste es un inolvidable recorrido rico en historia, paisajes, y lo más memorable, su gente.

Día 1

XOCHIMILCO

La megalópolis no ha desplazado totalmente al vergel que la vio nacer. En Xochimilco sobreviven los canales y las chinampas de sobrada fama, y también la bellísima naturaleza que alguna vez imperó en el valle lacustre. Por las cumbres del Ajusco los árboles cubren las montañas que circundan la ciudad y se puede asistir a la recuperación de especies como el venado cola blanca y el conejo de los volcanes o zacatuche. En el desierto de los Leones los amantes de las excursiones encontrarán la combinación de antiguos conventos y bosques tupidos. Y todo esto sin siquiera salir de la ciudad.

Día 2

MORELIA

Un paseo por el Centro Histórico es suficiente para revelar la majestuosidad de Morelia, fundada en 1541, y que durante la Colonia alojó a familias españolas de abolengo. Aún hoy conserva el esplendor virreinal, pero también es una ciudad dinámica, sede de uno de los festivales de cine más importantes de México. Al caer la tarde la catedral se ilumina, abren los bares, las calles se llenan de puestos de delicias locales y, en medio de un paseo nocturno, no es raro encontrarse a un trovador contando las leyendas de la ciudad.

Día 3
CAPULA

Hay que hacer una parada en este pequeño pueblito colonial, que se mantiene aislado del crecimiento de otras regiones de Michoacán, para recorrer sus calles blancas y sentir que se viaja a otra época. La tradición alfarera es centenaria, sin embargo, los artesanos le dieron un giro al retomar las famosas catrinas de José Guadalupe Posada para convertirlas en elegantes figuras de mil tamaños, colores y estilos. Sin embargo, macetas, soles y otras figuras también se siguen produciendo.

TZINTZUNTZAN
La zona arqueológica que aquí se encuentra es una mirada a lo que fue la capital de la cultura tarasca. Sus construcciones piramidales resaltan en el ex convento franciscano que se encuentra en el la plaza del pueblo, rodeado de olivos que plantó el mismo Vasco de Quiroga. A unos pasos de ahí se ubica el mercado de artesanías, donde artistas locales trabajan la madera; en sus calles también hay talleres de palma, con la que se crean desde figuras religiosas hasta zoológicos completos.

PÁTZCUARO
Esta ciudad colonial, que vista desde alguna montaña es un rompecabezas de techos de teja roja, también es un hervidero de artistas e intelectuales que encontraron un lugar inspirador para establecerse. En los restaurantes que dan a la plaza principal, convergen turistas y habitantes con ganas de probar el delicioso café o la gastronomía de la región. Es indispensable visitar la Casa de los 11 patios, con talleres de artesanías, probar las nieves de los portales y perderse entre los puestos del mercado.

Día 4
SANTA CLARA DEL COBRE

Aquí, una olla es mucho más que un utensilioo para cocinar. Detrás de ella se encuentra la historia de una ciudad que ha hecho del cobre su identidad, la materia prima de objetos que pueden ir de un simple cazo hasta las más barrocas creaciones decorativas. Aunque existe un Museo del Cobre, con piezas sobresalientes, es mejor visitar los talleres familiares, dentro de casitas blancas con techos de teja roja, para observar la fabricación de cada objeto y conocer las costumbres de los hospitalarios habitantes.

TINGAMBATO
Quizás el mayor encanto de este sitio arqueológico es que muchos turistas cometen el error de omitirlo, y por esa poca afluencia de visitantes se pueden recorrer sus construcciones piramidales, el área de juego de pelota y las amplias áreas verdes con total libertad. También vale la pena transitar la plaza del pueblo, donde se encuentra el Templo de Santiago Apóstol (una sencilla construcción del siglo XVII), recorrer sus calles y probar las carnitas, las corundas y el atole.

ZIRAHUÉN
Un verdadero paraíso para los amantes de los deportes al aire libre y de la naturaleza, Zirahuén -que en purépecha significa "Espejo de los dioses"- está plagado de leyendas y fantasías. Es un lago de tonalidades verdeazuladas, rodeado de espesos bosques de encinos y pinos. La simple contemplación de este paisaje, con los trinos de las aves como fondo musical, deja con la boca abierta al viajero. Aquí pueden practicarse la pesca, la natación, el buceo, el kayak y el velero, así como ciclismo de montaña, caminatas y paseos a caballo.


Día 5
URUAPAN

Es la segunda ciudad más importante del estado de Michoacán, y aunque su Centro Histórico conserva la arquitectura virreinal -su catedral y el hospital La Huatápera son sólo dos ejemplos-, es una ciudad llena de vida con cada vez más opciones de entretenimiento. Su Parque Nacional Barranca del Cupatitzio es un paradisiaco lugar para contemplar las maravillas naturales de la región: frondosos árboles, exóticas flores y hasta palmeras. Aquí son expertos en el maque o laca, una técnica con la que se producen bateas, jícaras, máscaras y cajas deliciosamente elaboradas.

Día 6
IXTAPA-ZIHUATANEJO

Lo que fue una playa secreta a la que incluso los emperadores aztecas acudían; en los ochenta se convirtió en un desarrollo turístico con grandes hoteles, tupidas palmeras y cócteles a la orilla de la alberca. Sin embargo, la ciudad hermana, Zihuatanejo, aún conserva la vida de los costeños, y ahí puede encontrarse artesanía, gastronomía y bares que atraen tanto a locales como a viajeros que buscan conocer la vida "real" de los lugareños y divertirse como ellos.

ACAPULCO
La escapada por excelencia de los habitantes de Ciudad de México es un lugar que tiene muchas caras: desde la más lujosa, protagonizada por modernos desarrollos hoteleros en la playa, hasta aquel Acapulco nostálgico en el que ricos y famosos de otras décadas se asolearon y divirtieron, y que hoy guarda un encanto que las nuevas construcciones no pueden igualar. Muy cerca de la bahía se encuentran Pie de la Cuesta y Barra Vieja, playas menos atiborradas de gente, en las que es posible relajarse y tomar sol. Y frente a la playa de Caleta, en isla La Roqueta, está sumergida la Virgen de los Mares.

Día 7
TAXCO

Quizá su ubicación, enclavada en las montañas, ha hecho que Taxco conserve el encanto de una ciudad pequeña que, sin embargo, nació esplendorosa, producto de las minas de plata a su alrededor. Fue el real de minas más importante durante la Colonia, en tanto José de la Borda, el minero más relevante de la historia de México, mandó a construir la formidable iglesia de Santa Prisca, una joya del barroco. Aún es el lugar predilecto para quienes buscan joyería de plata, y en sus alrededores existen diversas opciones de ecoturismo.

CUERNAVACA
Maximiliano tuvo aquí su casa de campo, y su ejemplo fue seguido por los habitantes del DF y otras ciudades cercanas, pues el excepcional clima de la ciudad la convierte en un atractivo que alegra durante todo el año. Vale la pena visitar el famoso Palacio de Cortés, que fue hogar del conquistador; el Jardín Borda (de los Habsburgo), la imponente catedral y la zona arqueológica de Teopanzolco, en honor a Huitzilopochtli y Tláloc. Es buena idea ir en tiempos de carnaval para ver a los chinelos, danzantes de coloridos trajes.

Día 8
CIUDAD DE MÉXICO

Todo confluye en esta gran urbe, la más antigua del continente americano: edificios coloniales, vestigios prehispánicos y la vorágine de la vida contemporánea. Su variedad de espacios culturales y de sitios patrimoniales le han conferido su carácter cosmopolita. Sus barrios, todos distintos, ofrecen experiencias bohemias, sofisticadas, divertidas, de aprendizaje y mucho más. Pero conocer el Centro Histórico, donde todo se originó, es sin duda imprescindible. Y en el abanico de posibilidades del Distrito Federal no falta el ámbito rural, cápsulas de paz verde como las que ofrecen paseos por los canales de Xochimilco.