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Arte, mitos y arquitectura en el gigante mexicano
Por Juan F. Subiatebehere     |  
26 de Julio de 2011

Ciudad de México, una de las metrópolis más importantes del mundo, ostenta una riqueza cultural y arquitectónica únicas. Un encuentro con el centro histórico, la plaza del Zócalo, el Templo Mayor azteca, los museos, los murales de Diego Rivera y las singulares plazas del destino en un recorrido por los sitios más importantes del DF.

En Ciudad de México todas las tardes, a eso de las seis, llueve. Los defenses aseguran que es una de las costumbres del DF pero también juran que no pasa de unos minutos.
No me queda más que creerles, después de todo apenas soy un visitante, un instante de presencia en esta ciudad a una hora donde la lluvia cae como flechazos sobre la calle Madero.
Es el momento para tomar aire, descansar al resguardo de un alero y prepararse para cuando la vorágine se adueñe nuevamente de la capital.
Es que cuando el aguacero se detenga, el tiempo retomará su marcha y entonces todo volverá a ser movimiento. El estado natural de la capital de México es éste. El gigante anda día y noche.
Soy uno de los 22 millones que hoy están recorriendo la ciudad, a pie, en bicicleta, en moto, en metro, en taxi, en colectivo, en metrobus, en trolebús, en tren, por la autopista, por el segundo piso de la autopista.
Si Gustavo Cerati hubiese escrito desde el DF, “ciudad de la furia” no le hubiera alcanzado.
Bienvenidos a una de las metrópolis más pobladas del mundo, al destino donde un city tour clásico demora alrededor de cinco horas, a la ciudad moderna, a la colonial y a la prehispánica, a la capital del imperio azteca, a la Nueva España, a la república, al sincretismo arquitectónico y cultural, a la cuna de los mariachis, el tequila y el muralismo, a la casa de Diego Rivera y Frida Kahlo, a la ciudad donde todas las horas son hora pico. Bienvenidos al DF, la capital de México.

EL ZOCALO. EL MITO.
La Plaza de la Constitución (conocida popularmente como el Zócalo) es junto con el monumento del Ángel de la Independencia uno de los íconos más significativos del DF. Con sus 240 m. de lado, es una de las plazas secas más grandes del mundo. Esta característica no deja mucho a la descripción. No obstante, y justamente por ello, la sombra de la bandera que señala el centro del espacio y el km. 0 de la república contrasta aun más monumentalmente en el piso blancuzco.
El punto desde donde se erige el estandarte guarda el mito fundacional de una de las culturas que imperó esta región de la América prehispánica: la azteca.
Según la leyenda, los aztecas partieron de Aztlán en busca del centro del universo. Uno de sus dioses les había confiado que ese lugar era un valle rodeado de agua, y que lo podrían identificar por la presencia de un águila parada sobre un nopal con una serpiente en su pico.
El sitio fue finalmente hallado y fundado como México-Tenochtitlán hacia mediados de 1300. El centro del lugar sagrado no era otro que lo que hoy es el Zócalo y sus alrededores. El águila sobre el nopal es la que flamea al ritmo de la brisa espesa del DF, estampada sobre el paño verde, blanco y rojo.
La mayoría de las ruinas aztecas hoy son los cimientos de los principales edificios de la ciudad.
La catedral Metropolitana está construida sobre un conjunto de templos dedicados a Quetzalcóatl.
Debido a su monumental peso -es la iglesia más grande construida en América por los españoles-, el edificio, de 110 m. de largo por 60 de ancho, se ha hundido y desplazado hacia uno de sus flancos.
Un plomo de nivel colgado desde el centro de la catedral da cuenta del periplo, lento pero constante.
La causa está en las propiedades del suelo de la ciudad. Cuando se retiraron los lagos naturales del valle, lo que quedó como saldo fue un terreno cenagoso que cede ante el peso de las edificaciones.
El DF se está hundiendo.
Como la mayoría de los monumentos de la ciudad, la catedral Metropolitana muestra un sincretismo arquitectónico. La fachada es de estilo renacentista español, pero a lo largo de su construcción –que demandó más de 300 años- recibió aditamentos de otros estilos, como el Plateresco y el Barroco, que vuelve a manifestarse en su interior, donde se destaca el retablo de 25 m. de alto, 13 de ancho y 7 de profundidad, una de las mayores obras del barroco churrigueresco o mexicano.
Abarcando todo el sector oriental del zócalo se erige el Palacio Nacional, que fuera la residencia del emperador azteca, el conquistador Hernán Cortés, y los posteriores virreyes. Hoy es sede del Poder Ejecutivo Nacional y expone en sus paredes una parte importante de la producción de Diego Rivera.
Hacia el noroeste de la catedral surgen las ruinas del conjunto arqueológico perteneciente al Templo Mayor de Tenochtitlán, el principal centro religioso de la capital azteca.
Hoy se pueden visitar un fragmento de la pirámide escalonada o teocalli, los templos gemelos dedicados a los dioses de la Guerra y de la Lluvia, el tzompantli -una plataforma de hileras de calaveras realizadas en piedra como símbolo de los prisioneros sacrificados para los dioses-, la Casa de las Águilas, el Templo Rojo y el patio Norte.

LA ARQUITECTURA EN EL CENTRO HISTORICO.
A la derecha de la Alameda Central el Palacio de Bellas Artes monopoliza las miradas.
En el exterior de esta monumental obra inscripta en el Neoclacisismo y el Art Noveau, además de la ecléctica fachada de mármol de carrara, se destaca su cúpula dorada, el conjunto de columnas del pórtico central y la señorial explanada que se extiende hasta la avenida Juárez, evocando los jardines reales de Versalles.
En su interior, el elegante Art Decó se funde en las obras de los artistas más representativos del muralismo, como José Orozco, David Siqueiros, Rufino Tamayo y Diego Rivera.
La variopinta riqueza arquitectónica de Ciudad de México tiene otro exponente en el Palacio de Correos, a pocos metros de Bellas Artes.
Este edificio de 1908 es una obra típicamente neogótica, donde se destacan el uso del bronce y el mármol como elementos primordiales. Sus dos caras externas, que confluyen en la intersección de la calle Tacuba y el Eje Central -donde se aloja la puerta principal-, se manifiestan como un festival ornamental.
Avanzando por la Avenida Madero, que aglutina una importante oferta hotelera y gastronómica, el primer edificio pintoresco es la Casa de los Azulejos. Esta construcción, muestra del auge del barroco en el siglo XVIII, ostenta una fachada singular, con azulejos de dibujos geométricos. En el interior, donde funciona un restaurante, resaltan el patio acristalado con influencias del mudéjar, y un mural de José Orozco sobre la pared de la escalera.
El recorrido obliga a detenerse en otras construcciones relevantes: el Palacio Iturbide, hoy sede del Banco Nacional de México; la iglesia de la Profesa, un templo jesuita de estilo barroco mexicano; y el hotel Best Western, desde donde se insinúa la inmensidad de la Plaza de la Constitución.

DIEGO RIVERA.
Entre 1923 y 1928, un Diego Rivera recién llegado de la Unión Soviética aceptó la invitación del secretario José Vasconcelos, y realizó alrededor de 200 murales en una superficie de más de 1500 m² en el edificio de la Secretaría de Educación Pública Rivera.
Estas pinturas, que se refieren al trabajo, las fiestas, las costumbres, la cultura y la revolución mexicana, están localizados en las plantas del inmueble, constituido por dos casonas del siglo XVIII con galerías y patios coloniales.
La influencia del comunismo -Rivera recién había fundado el PC de México-, las críticas al sistema capitalista, la explotación obrera y campesina, la iglesia y el militarismo; y la reivindicación del trabajo genuino, la educación y el papel de la mujer en la sociedad, en la política y en la revolución; son solo algunos de los discursos que el artista estampó en los muros del edificio de Educación Pública.
Vale la pena detenerse en cada pintura y observar, con la ayuda de una de las guías expertas del lugar, los detalles, las citas, las metáforas y la calidad estética de cada obra.
Allí están también plasmados, entre otros protagonistas de la historia mexicana, Cuauthémoc, Emiliano Zapata, David Siqueiros, Frida Kahlo y el propio Rivera autorretratado, todos sobre la firma característica del pintor, la D y la R enmarcadas por el martillo y la hoz comunistas.

EL ANGEL DE LA INDEPENDENCIA.

En la Alameda central se inicia el Paseo de la Reforma, una de las vías más parisinas del DF. Los 15 km. de esta avenida inspirada en Les Champs-Élysées están seccionados por jardines, plazoletas con monumentos y rotondas floridas. Promediando el recorrido se erige el monumento más famoso del DF, el Ángel de la Independencia. La figura fue encargada por el archiduque Maximiliano en 1864 para engalanar la Plaza de la Constitución. Por distintas vicisitudes, el ángel nunca se instaló allí, aunque sí el pedestal que debía soportarlo, que estuvo vacío por años; de ahí que a la plaza más popular de México se la empezara a denominar el Zócalo. Finalmente Porfirio Díaz determinó que el Ángel de la Independencia ocupe el lugar donde hoy está emplazado.

CADA PLAZA ES UN MUNDO.

En Ciudad de México cada plaza guarda una particularidad. • La Plaza de Santo Domingo (o de los Escribas) muestra una tradición mexicana sustentada en la histórica alta tasa de analfabetismo del país. En el lugar, al resguardo de una galería colonial, los escribientes, con un escritorio, dos sillas y una máquina de escribir vieja y quejumbrosa, llenan formas legales o pasan al papel las correspondencias orales de los clientes. • Otra plaza característica de la ciudad es la Garibaldi (o de los Mariachis). Allí, a la sombra del alero del Museo del Tequila, las cuadrillas de mariachis esperan que los usuarios se acerquen para solicitar sus servicios, que pueden ofrecerse in situ o a domicilio, según el solicitante lo requiera. • La Plaza de las Tres Culturas resume el sincretismo de la ciudad. En unos pocos metros cuadrados aúna las expresiones prehispánicas, representadas en la zona arqueológica Tlatelolco; la etapa colonial, en la que se destaca la iglesia de Santiago; y la imagen contemporánea dada por el entorno a partir de un conjunto de insulsos monoblocks al mejor estilo bauhaus. • Cada sábado, la Plaza San Jacinto congrega una innumerable cantidad de artistas en el Mercado del Ángel, donde es posible conseguir desde pinturas y artesanías en piedra, cuero y madera hasta antigüedades. El barrio es pintoresco y a través de sus callejuelas es posible llegar hasta la casa que compartieron Frida Kahlo y Diego Rivera, donde se puede visitar el atelier del muralista.

EL BOSQUE DE CHAPULTEPEC.

El bosque de Chapultepec -uno de las más grandes del mundo en su tipo- concentra una oferta museística de primer orden, donde se destacan el Museo de Historia, que ocupa el Castillo de Chapultepec, y el Museo Nacional de Antropología. Este último es famoso por poseer la colección prehispánica más importante del mundo, y por su diseño y arquitectura, donde impacta un inmenso techo volador de aluminio sostenido por una sola columna central revestida en bronce. Las salas de los Orígenes, Teotihuacan, Tolteca, Maya, Oaxaca y Azteca conservan muestras de incalculable valor de estas culturas de Mesoamérica, como la famosa Piedra del Sol, de 3, 5 m. de diámetro y 24 tn. El Castillo de Chapultepec, construido a finales del siglo XVIII en lo alto de la colina central del área arbolada, alberga al Museo Nacional de Historia. Esta casa recrea el domino hispánico, los tiempos de la independencia, la República, el Segundo Imperio, la Dictadura y la Revolución a través de murales de gran impacto visual, como “Del Porfirismo a la Revolución”, de David Siqueiros; el “Retablo de la Independencia”, de Juan O´Gorman; “Sacrificio de los niños héroes”, de Gabriel Flores García; y “Alegoría de la Revolución Mexicana”, de Eduardo Solares Gutiérrez.