Tamaño del texto
Ámsterdam año verde
Por Nicolás Bruno Panno     |  
23 de Mayo de 2012

Debido a una normativa que impulsa el gobierno holandés, 2012 puede ser el último año en que los turistas puedan acceder a los coffeeshops de Ámsterdam. Indiscutidos íconos locales, estos establecimientos donde se venden los derivados del cannabis se han convertido en una atracción más para cualquier visitante.

Más allá de los tulipanes, molinos de viento y las obras de Van Gogh y Rembrandt, hay un ícono indiscutible en Holanda, más precisamente en Ámsterdam, sustentado en lo prohibido pero no por ello menos celebrado. No hace falta ser un entendido en el tema –y ni siquiera un amateur– para saber que los coffeeshops forman parte esencial de la diversa paleta de atracciones locales.
La tolerancia a la venta y consumo de las denominadas “drogas blandas” (productos del cannabis, como la marihuana y el hachís) en este tipo de establecimientos muchas veces funciona como un disparador interesante para conocer una ciudad que piensa y actúa distinto al resto del mundo.

DESPEJANDO LA HUMAREDA.
–Cuéntame de los bares de hachís…
–¿Qué quieres saber?
–¿El hachís es legal?
–Es legal, pero no en un 100%. (…) Puedes fumar en tu casa o en lugares designados…
–¿Los bares de hachís?
–Te lo voy a explicar bien…
Tal como al comienzo de Pulp Fiction el mafioso Vincent Vega introduce a su colega Jules Winnfield (interpretados por John Travolta y Samuel Jackson, respectivamente) al mundo de los coffeeshops de Ámsterdam, es menester echar luz sobre esta temática que nunca deja de generar dudas y, cuando no, controversia.
De acuerdo al registro de mediados de 2011, existen 222 coffeeshops en la capital holandesa, la mayor parte en el centro de la ciudad. Las estrictas normativas establecen que los sitios habilitados solo pueden vender hasta cinco gramos de marihuana por persona, por día, al tiempo que no pueden despachar alcohol ni otro tipo de drogas. Para acceder basta con ser mayor de 18 años.
Esta práctica está regulada desde noviembre de 1976, cuando las autoridades decidieron distinguir de manera tajante la venta y consumo de sustancias blandas del peligro mayor que suponía el tráfico de drogas duras.
Pero la historia comienza un poco antes, incluso con locales que aún hoy en día pueden ser visitados.

COFFEESHOPS NOTABLES.
En 1972, luego del apogeo del hippismo, vio la luz Mellow Yellow, el primer establecimiento dedicado a la venta de marihuana, que aún funciona al sur de los distritos más turísticos.
Su éxito provocó otras aperturas, como la de The Bulldog, en 1975, con un local instalado en pleno Red Light District (la renombrada Zona Roja de Ámsterdam), donde antes funcionaba un sex shop. Su dueño, Henk de Vries, decidió cambiar de perfil y, en lugar de solo orientarse al nicho de los hippies, apuntó a vender abiertamente a toda la población civil. Por este motivo y por haber adoptado de manera original la distintiva razón social de “coffeeshop”, The Bulldog se jacta de ser el verdadero pionero de la ciudad. Curiosa es la historia de una de sus sucursales: en los comienzos De Vries era arrestado con frecuencia y llevado a la estación central de policía al punto de ser una especie de segundo hogar. Años más tarde el inmueble salió a la venta y el emprendedor decidió comprarlo para instalar The Palace, una de las actuales insignias de The Bulldog.
Por su parte, De Tweede Kamer surgió a mediados de los ‘80 con la premisa de ofrecer la máxima calidad y diversidad de marihuana, habida cuenta de la gran proliferación de coffeeshops en años anteriores y la degradación de la hierba causada por la producción masiva. En tanto, De Dampkring –de los mismos dueños– se basa en la misma filosofía y presenta un local mucho más amplio, que se ha vuelto famoso por el rodaje de una escena de Ocean’s Twelve, protagonizada por Brad Pitt y George Clooney. Poniendo de relevancia este hecho, se ofrece una variedad bautizada con el nombre del film.
Otro destacado es De Rokerij, cuyo principal establecimiento (abierto en 1996) ostenta un ambiente que combina estilos hindúes y nepaleses (en honor a la procedencia de sus mejores productos), la tibia iluminación de las velas, aroma a incienso y la correspondiente música chill out.
Como rasgo general hay que decir que muchos coffeeshops disponen de menúes (siempre hay versiones en inglés) que, además del precio, detallan el origen, el aroma, el gusto y el efecto que produce la variedad en cuestión (energizante, relajante, alucinógeno, entre muchas posibilidades).
Los no iniciados y los menos avezados pueden comprar cigarrillos previamente armados, e incluso quienes no se sientan cómodos fumando siempre tienen la posibilidad de pedir “space cake”, es decir, bizochuelos y muffins debidamente condimentados. Antes de salir también podrán adquirir algún souvenir, ya que las tiendas suelen contar con variado merchandising alusivo.

CONOCIMIENTO DURO.
El turista que quiera obtener más conocimiento sobre el Cannabis sativa L. (la “L” del nombre científico se debe al famoso Linneo, botánico sueco que la clasificó por primera vez en 1753) puede visitar The Hash, Marihuana & Hemp Museum.
Esta institución posee una colección consistente en más de 6 mil objetos relacionados con el mundo del cannabis: desde el cultivo al consumo, desde los antiguos rituales hasta la medicina moderna, todos los aspectos de esta hierba en la cultura humana están contemplados.
La historia del museo y su fundador se resume así: a los 19 años, Ben Dronkers comenzó a fumar marihuana y, al mismo tiempo, a coleccionar pipas. A través de sus viajes ensanchó sus conocimientos sobre las aplicaciones del cannabis (o cáñamo, término en español utilizado con poca frecuencia) y acumuló más objetos exóticos. Su interés paralelo por las herramientas y maquinarias antiguas condujo a la compra de varios dispositivos que servían para el procesamiento preindustrial del cáñamo, como los instrumentos de ruptura y separación, que en su momento se usaban para abrir los tallos y separar la fibra, respectivamente. Con este bagaje y una para nada desdeñable selección de elementos (sumado a la colaboración de algunos amigos) decidió exponerlos al público.
Además de lo mencionado, entre las exposiciones se destaca una colección de pinturas holandesas de los siglos XVI y XVII que muestran escenas cotidianas de hombres y mujeres disfrutando del cannabis en los “rookhuizen” (literalmente “ahumaderos”), antecesores directos de los actuales coffeeshops. Una de las obras más notables es una singular acuarela de Piet Mondrian que muestra una mujer hilando fibras de cáñamo, pintada antes de su período de neoplasticismo. Expuesta a su lado se encuentra una vieja rueca, casi idéntica a la del cuadro.
La oferta se completa con un jardín, donde se pueden aprender los secretos del cultivo de la planta de cannabis; y con exhibiciones multimedia, como cortometrajes dedicados a los aspectos políticos, históricos e industriales relacionados con la famosa hierba.
El museo está abierto todos los días, de 10 a 23, y la entrada cuesta € 9 por persona. La entrada es libre para niños menores de 13 años acompañados de un adulto.

 

¿LA ULTIMA CHANCE ?

Meses atrás se divulgó la noticia de que muy pronto los coffeeshops iban a prohibir la entrada a turistas, en base a una nueva normativa que impulsa el gobierno neerlandés. Esta propuesta apunta a solucionar algunos desmanes causados por extranjeros en ciudades limítrofes a Bélgica y Alemania, pero de aprobarse afectaría a todo el país. De este modo, solo los holandeses debidamente registrados con su “weed-pass” podrían ingresar. De momento la iniciativa está congelada y, si bien el gobierno de Ámsterdam se opone a ella (e incluso alude a que contradice la Constitución holandesa), hay posibilidades de que se implemente a partir de 2013. Por ello quien esté en busca de experiencias excepcionales no debe perder la oportunidad de acceder a un coffeeshop antes de que sea demasiado tarde.

COMO LLEGAR

Actualmente, el servicio directo de KLM al aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam opera tres veces por semana los lunes, miércoles y viernes. Esta oferta se complementa con los vuelos diarios de la red de Air France, conectando en París, ofreciendo en total 10 vuelos semanales. Además, KLM anunció que a partir de noviembre de este año agregará otro vuelo los sábados. Vale recordar que desde enero la aerolínea holandesa realiza el check-in de sus vuelos en la Terminal B (en lugar de la Terminal A) del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Allí, los pasajeros Business World y los clientes Flying Blue Elite Plus pueden disfrutar del nuevo Salón Cóndor de Aerolíneas Argentinas.