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Malasia en su laberinto
Por Valeria Trejo     |  
20 de Julio de 2012

El destino –que se promociona al mundo como el “espíritu de Asia”– se presenta como un magnético laberinto. En su vasto territorio Malasia ofrece una variada propuesta turística que incluye entretenimiento y compras en la capital, relax en playas paradisíacas y actividades en la selva. Y conjuga, mejor que ningún otro enclave, religiones, culturas, leyendas, historia y modernidad.

Son las 12 del mediodía, es viernes, y en Kuala Lumpur un día sagrado. Un murmullo homogéneo, una especie de ronroneo paraliza al destino. De repente, el ritmo vertiginoso y zigzagueante de la urbe se corta abruptamente. Es que a esta hora, después de escuchar el llamado del almuédano, los malasios abandonan sus quehaceres y parten hacia las mezquitas. La ciudad hipercolmada de nativos, chinos, indios y algunos desorientados occidentales, se ve ahora como un pueblo abandonado. Los autos vacíos en el medio de las calles, a la entrada de las mezquitas, crean una atmósfera fantasmal. Es que el pulso de este país –que se proclama al mundo como el “espíritu de Asia”– lo marca Kuala Lumpur, su capital. Una urbe ecléctica y moderna donde es posible encontrarlo todo. En este momento reinan la quietud y el silencio, pero en minutos volverá a encenderse la maquinaria de este destino que combina a la perfección el pasado y el presente de Malasia. Y que sabe conjugar, mejor que ningún otro, distintas y opuestas religiones, culturas, historia y modernidad.

UN LABERINTO DE MALASIOS, INDIOS Y CHINOS.
Un acercamiento al “espíritu de Asia”, no puede comenzar por otro sitio que no sea el Chinatown, el barrio chino de Kuala Lumpur, localizado en la calle Petaling. Se trata de un sitio donde además del clásico mercado de especias, alimentos e imitaciones de indumentaria, calzados y joyas, conviven en armonía –y en muy pocos cuadras– mezquitas, templos chinos e hindúes. Así que después de atestarnos de los aromas del mercado, viramos hacia otra de las salidas de este inacabado laberinto. Así llegamos al templo chino SzeYa. Lo primero que se advierte es la exquisita fragancia a incienso que cubre el templo, y que contrasta con los olores a frito del exterior. Entrar al SzeYa es la oportunidad perfecta para sumergirse en la cultura taoísta de Kuala Lumpur. Su original estructura es un claro ejemplo de la arquitectura tradicional china, basada en los principios del Feng Shui. El templo –cargado de símbolos, altares y figuras– está revestido de rojo y dorado. Y es, sobre todas las cosas, un refugio de paz y silencio.
El itinerario no incluye la entrada al Sri MahaMariamman, un templo hindú (el más antiguo de la ciudad) que me conquista desde la puerta. El guía nos grita que no hay tiempo, que no alcanzaremos a visitarlo. Pero una vez más torcemos el destino de este viaje, y la vía de este laberinto nos arroja a una dimensión desconocida. A diferencia del SzeYa, el Sri MahaMariamman es una fiesta de colores. Los amarillos, ocres, morados, rojos, verdes, violetas y púrpuras son los protagonistas en este sitio. Si bien no existen altares, las hermosas figuras hindúes dominan la escena.
El rezo que practica un indio, a la vera de una fogata, me tiene totalmente absorta. Parada en la puerta de la sala lo observo con una curiosidad infantil. Tiene una túnica rosa, pinturas en los brazos y hombros, y muchos collares. No se por qué, aunque sospecho que es por una extraña sensación de respeto y un alto grado de torpeza occidental, decido imitarlo. Lo sigo, uno mis manos, me concentro. Siento que el calor del fuego me transporta, me une a él en un ritual inolvidable, en una inexplicable ceremonia que solo es verosímil en este destino.
Pero claro que la experiencia religiosa en Malasia no es completa sin una visita a alguna de las 15 mil mezquitas que ostenta el destino. Las hay de todo tipo y diseño. Es que en este país el 45% de los habitantes son musulmanes. Y aunque en nuestras latitudes resulte difícil entender a su dios, Allah, los malasios viven esta religión con verdadero fervor. Para tratar de comprender un poco más acerca de este culto, el Museo de Arte Islámico se presenta como la opción ideal. El edificio, localizado en las cercanías del Kuala Lumpurs Lake Gardens, es uno de los más importantes del mundo. Alberga cuatro pisos donde se aprecian la arquitectura y la literatura musulmanas. Algunas de las exhibiciones más populares son los objetos y artículos de porcelana (hay más de siete mil), y la sección dedicada a los textos islámicos, especialmente al Corán.
También reúne armas, manuscritos y diversos artefactos provenientes de China e India.

SABORES IMBORRABLES.
Para continuar desandando este atrapante laberinto, nada mejor que conocer una de sus más singulares características: su picante gastronomía. La base de todas las comidas (desde el desayuno hasta las cenas) es el arroz combinado con las más diversas alternativas de picante. Las mesas siempre se sirven igual: el plato individual con el arroz blanco, sin condimentos, y una bandeja giratoria, colocada en el centro, donde se acomodan el resto de las comidas. Lo demás es simple, a todas las variantes se les adiciona una exagerada cuota de picante. Algunos platos típicos son satay, carne a la parrilla; nasi lemak, arroz en crema, considerado el plato nacional; kangkung belacan, mariscos con salsa picante; y kuih, una especie de pastel.

DE LA CABEZA A LOS PIES.
Algo cambia esa tarde. De repente, lo que hasta ayer nos parecía una locura, hoy nos seduce y nos dejamos llevar. Se llama Reinaldo, pero en este país le dicen Harvey. Es de Filipinas y hace los mejores masajes de pies del mundo. Claro, eso no lo sabemos aún y dudamos. Pero su amplia sonrisa nos termina de convencer, así que lo seguimos y entramos a la parte trasera del local. Un enorme cartel nos pide silencio, pero entre los nervios y la curiosidad, no podemos contener la risa. El cuarto, apenas iluminado, está repleto de sillones colocados en orden uno al lado del otro, donde se ubican cada uno de los clientes. Algunos relajados totalmente por el vaivén del masaje duermen. El resto nos observa con impunidad. Es que somos nosotras las que venimos de otro planeta. Las occidentales que nos animamos a mostrar las piernas, las que tenemos narices largas, las sexies, las otras.
Harvey, al igual que sus compañeros, viene de una tierra donde ya no puede vivir. No hace falta que nos diga que llegó a Malasia buscando salvarse de un destino inevitable de pobreza. No lo dice, pero nosotras lo entendemos. En cambio, sí dirá que tengo problemas estomacales, que por tocar mi dedo gordo sabe que me duele la cabeza todos los días, y que mi “sex point” está perfecto. “Porque estoy enamorada”, respondo con exagerada vergüenza. Él se ríe y vuelve a mostrarnos sus dientes perfectos, mientras me pide: ¬“no ponerte colorada, relax”.
Es que el “foot massage” en Malasia está a la orden del día, es tan simple y económico tomar un masaje de pies que al final del día nos parece una excursión ineludible. Pero eso no es todo, en cada esquina se ofrecen lecturas del Corán, artesanías, imitaciones de lo que sea (desde bolsos Gucci hasta Rolex), cigarrillos, joyas, perlas naturales, instrumentos y pareos, entre otros artículos.

DEBUT BAJO EL MAR.
El viaje hacia el Tunku Abdul Rahman Marine Park, conformado por cinco islas: Manukan, Mamutik, Sapi, Gayana y Sulug, comienza a volverse una odisea. No puedo relajarme y disfrutar del esplendoroso paisaje. El agua mansa y de un sinfín de tonalidades azules y verdes, enmarcada por inmensos y tupidos manglares, no logra conmoverme. Es que estoy a minutos de sumergirme para hacer esnórquel. Es todo un desafío; por eso, cuando la lancha se detiene y más allá solo alcanzo a ver la inmensidad, siento pánico. Pero como todo en este viaje, donde nada es lo que parece, junto coraje y con la ayuda de un acompañante me tiro al mar a disfrutar de la experiencia. Y ahí, inmersa en esas aguas, la sensación es perfecta. El esnórquel es una de las múltiples actividades que se pueden realizar en la zona del parque, que se sitúa a solo 20 minutos de Kota Kinabalu, la capital de Sabah. También se ofrecen prácticas de buceo, además de la posibilidad de relajarse al sol en sus playas de arenas blancas, aguas cálidas y transparentes.

LLUEVE OTRA VEZ.
El calor, la humedad y la lluvia son los fieles compañeros de esta travesía. Durante el día las temperaturas son elevadas, la humedad es constante y todas las tardes, invariablemente, llueve. De este modo, cada uno de los atractivos de Malasia, desde las imponentes torres Petronas de Kuala Lumpur, pasando por las mezquitas, los templos, las playas, los bosques y las selvas, adquieren una forma diferente; son distintos cuando se los mira a través del cristal de las tormentas.
En Kota Kinabalu la ascensión al Parque Nacional Kinabalu, localizado en el monte homónimo, uno de los primeros sitios malasios designado por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad, es una excursión imponderable. El ascenso demora un poco más de una hora de caminata por la selva, donde se observan plantas carnívoras, orquídeas valuadas en miles de dólares, lianas y flores, entre otras especies. Pero la experiencia es perfecta cuando comienza a llover. El murmullo de la lluvia tropical malasia invade el ambiente hasta cubrirlo todo y poco a poco se convierte en una serenata. Miles de sonidos llenan el aire. Es la música del Parque Nacional Kinabalu en medio de la lluvia tropical de Malasia; es la banda sonora de esta escena de película.

LA ISLA DE LA LEYENDA.
Langkawi es una de las 99 islas que conforman el estado de Kedah. Cuenta con hermosas playas, manglares ricos en flora y fauna y múltiples opciones de alojamiento de todas las categorías.
Además de disfrutar de las alternativas de playa, de aguas verdes y cálidas, en el destino es posible realizar una vasta gama de actividades como paseos por los manglares, caminatas por la selva y avistaje de murciélagos y águilas, el ave ícono de la zona.
También es posible observar la isla desde una perspectiva totalmente diferente a bordo del teleférico local, que ofrece tres paradas a más de 1.000 msnm, dos puntos panorámicos y el acceso a un puente suspendido en medio de la selva.
Además de ser un destino paradisíaco, Langkawi es una tierra de leyendas. La más famosa es la historia de una hermosa joven llamada Mahsuri. Se trata de un mito antiquísimo de amor, celos y una supuesta maldición que recayó sobre la isla.
Mahsuri era la hija de una pareja tailandesa que se mudó de su natal Phuket a Malasia, en busca de una vida mejor. Ella era la más hermosa de todas las mujeres de Langkawi, y a poco de llegar se casó con el guerrero Wan Darus. Su marido fue llamado a ir a la guerra, dejando sola a Mahsuri. Durante este período, la hermosa joven formó una amistad con un hombre llamado Deraman. Esta relación y la belleza de la muchacha enfurecieron de celos a la esposa de Deraman, quien hizo correr el rumor de que Mahsuri era infiel, ya que estaba teniendo un romance con otro hombre en ausencia de su marido. Poco a poco los rumores crecieron, lo que llevó a que los habitantes de Langkawi la acusaran de adulterio. Mahsuri declaró su inocencia pero nadie le creyó.
Como castigo a esta supuesta infidelidad, Mahsuri fue condenada a muerte. Sin embargo, al verdugo le costó mucho trabajo matarla, y cuando al fin lo logró, la sangre que fluyó de la herida mortal de la joven era de color blanco, símbolo de su inocencia. Con su último aliento, Mahsuri maldijo la isla pronosticando años de mala suerte. Muchos habitantes del destino aún creen en la veracidad de la leyenda, ya que luego del fallecimiento de la joven siguieron décadas de malas cosechas, aunque en la actualidad la isla es un destino en pleno desarrollo.

LAS TORRES PETRONAS

Hasta 2003, las imponentes Petronas (Petroliam Nasional Berhad) de Kuala Lumpur ostentaban el título de ser las torres gemelas más altas del mundo. Se trata de un edificio de 452 m., 88 pisos y una fachada de acero y vidrio, que evoca los motivos tradicionales del arte islámico, haciendo honor a la herencia musulmana de Malasia. La creación de esta maravilla arquitectónica pertenece al argentino César Pelli, y para la edificación de las torres se eligió a dos equipos (uno coreano y otro japonés), cada uno responsable de levantar una de las dos alas de 88 pisos. Las torres se encuentran unidas por una pasarela entre los pisos 41 y 42, el punto más alto al que pueden acceder los turistas. Las visitas son gratuitas, pero limitadas a 1.200 personas diarias. En su interior las torres se encuentran ocupadas por oficinas, entre las que destacan las de la compañía petrolera nacional y la sede en Malasia de la empresa Microsoft. Al pie de la torre se encuentran el Kuala Lumpur Convention Center (KLCC) y el popular centro comercial Suria Kentuki.

TIPS DEL VIAJERO

Cómo llegar: el principal aeropuerto de Malasia es el Internacional de Kuala Lumpur, localizado a 50 km. de la ciudad.Desde Buenos Aires Emirates ofrece vuelos vía Dubái a la capital malasia y Qatar Airways vía Doha.

Moneda: la moneda oficial es el ringgit, aunque en todo el territorio se aceptan dólares. Idioma: bahasa melayu. El segundo idioma para una gran parte de la población es el inglés.

Electricidad: 220 voltios. Clima: las temperaturas varían desde los 20º C hasta los 30º C. Visas y permisos: para entrar a Malasia no se requiere visa.

Alojamiento: existen múltiples opciones de alojamiento en el destino, desde bed & breakfast hasta hoteles 5 estrellas, los que ofrecen además una vasta gama de facilidades y servicios.

Informes: Embajada de Malasia, 4776-0504/2553

GUIA PARA ENTENDER EL ISLAM

“Pregunten lo que quieran. Yo estoy aquí para responderles. Para evacuar sus dudas. Para escuchar sus críticas. Porque el Islam significa paz y enseña paz”, con total seguridad, el guía nos reta a cuestionar su religión. Ya no estoy en Malasia. Este relato tiene lugar en Buenos Aires, en el Centro Cultural Islámico “Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas Rey Fahd en Argentina”. Es que algo de este culto me tiene tan cautiva, que algunas semanas más tarde, cuando ya estoy de nuevo en el calor de mi ciudad, tan distinto y al mismo tiempo tan similar al de Malasia, necesito saber más. Así que otra vez me encuentro en una mezquita, escuchando acerca de los cinco pilares del Islam: -El testimonio de Fe: llamado la “Shahadah”, una fórmula simple que deberá ser dicha con convicción para convertirse al Islam. Se considera el pilar más importante de este culto. -La oración: los musulmanes rezan cinco oraciones por día y cada una dura unos pocos minutos. La oración es la conexión directa entre Dios y los fieles. -Dar el Zakat (ayuda para los necesitados): el significado original de la palabra Zakat es “purificación” y “crecimiento”. Dar el Zakat significa “dar un porcentaje específico sobre ciertas propiedades a las personas más necesitadas”. -Ayunar el mes de Ramadám: cada año durante el mes de Ramadám, los musulmanes ayunan desde la mañana a la noche, absteniéndose de comer, beber y tener relaciones sexuales. El ayuno es considerado por los musulmanes como un método de autopurificación espiritual. -El Peregrinaje a la Meca: la peregrinación anual (Hayy) a la Meca es una obligación a cumplir una vez en la vida para aquellos que tengan los medios físicos y financieros para realizarla.