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10 razones para quedarse algunos días en Quito

Si viajás a Ecuador damos por sentado que pasarás por Quito, aun si tenés planeado llegar a Galápagos, la costa del Pacífico o el Amazonas. Aquí te contamos por qué deberías quedarte algunos días en la capital.

Antes de saltar a las islas Galápagos para ver las tortugas gigantes, de relajarse a la vera del Pacífico y de adentrarse en la Amazonía, es fundamental quedarse al menos dos días en Quito. Estamos en Ecuador, un país que tiene grandes tesoros y muchas veces se pasa por alto la visita a la capital. Pero aquí te daremos las razones para quedarte.

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-Un centro histórico que es Patrimonio de la Humanidad. Como muchas ciudades de América, Quito es dueña de un espacio espléndido donde conserva huellas del pasado en medio de volcanes y montañas. Con callejuelas estrechas y fachadas con balcones floridos, este sitio es imperdible para caminar, aunque también opera un bus turístico. En cualquier caso la Plaza Grande (o Independencia) debe ser el punto de partida. Núcleo de importantes gestas históricas, está rodeada por la Catedral, el Palacio Presidencial, el Palacio Arzobispal y la Municipalidad.

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-Una iglesia en cada esquina. El centro cuenta con 40 iglesias y capillas, y 16 conventos y monasterios. Existen circuitos que hacen foco en los templos, pero a vuelo de pájaro uno de los imperdibles es el complejo religioso de San Francisco, que reúne en más de 3 ha. templos, claustros, capillas, entre otros. La Compañía de Jesús es otra obra imponente: siete toneladas de oro, los detalles del barroco, cuadros y tallados de techos y paredes, y su historia que se retrotrae al siglo XVII, así lo testimonian. La recorrida también podría incluir las iglesias de San Agustín, El Sagrario y el Carmen Bajo para apreciar sus portales.

-La Ronda bohemia. La tradicional calle Morales, más conocida como La Ronda, convocó a músicos, poetas y artistas que se inspiraron en esta área para sus creaciones. Los años pasaron pero la atmósfera tan particular se conserva intacta. Hoy se aprecia por la noche, caminando por sus pintorescas calles, bajo los balcones decorados con geranios y disfrutando de los sabores típicos.

-Panorámicas de una ciudad rodeada por picos. Varios sitios ofrecen vistas únicas de la urbe. Existe un teleférico que llega hasta Cruz Loma (es posible completar el paseo descendiendo en bicicleta). Y también está el Panecillo, una pequeña loma donde descansa la Virgen Alada, uno de los monumentos de aluminio más grandes del mundo. Hasta allí se llega en taxi. Mientras que a la tarde, el cerro Itchimbía se convierte en un espacio mágico que permite ver caer el sol detrás de las montañas.

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-En la mitad del mundo. Quito es el único lugar donde podés poner un pie en el hemisferio norte y otro en el hemisferio sur. Allí se trazó la línea ecuatorial, que determina el punto de la Latitud 0°0’0’’. Hay un museo interactivo que muestra la historia de los pueblos ancestrales de la zona y responde a todas tus preguntas relacionadas con el ecuador. ¿Podés suspender un huevo en un clavo? ¿El agua del inodoro cambia de dirección cuando apretás la válvula según el hemisferio en el que estás? Todo eso es abordado en este lugar llamado Camino del Sol, un interesante centro de interpretación etnográfico, cosmológico y astronómico de la zona.

-Arte local. La Escuela Quiteña produjo algunos de los artistas coloniales más importantes de América, incluyendo los escultores Bernardo de Legarda y Manuel Chili “Caspicara” y el pintor Miguel de Santiago, cuyas obras que podrás descubrir en los muchos museos e iglesias de Quito. Por ejemplo, en la Catedral Metropolitana.

También es recomendable una visita al Museo Pedro Gocial, donde se relata la historia de este movimiento de la época colonial que surgió con el sacerdote flamenco fray Pedro Gosseal, un pintor que creó la escuela de arte de San Andrés para los artesanos nativos dentro de las instalaciones de la Iglesia de San Francisco. Esta escuela sería esencial para el desarrollo de lo que hoy llamamos la Escuela Quiteña.

Los sabores imperdibles. El café y el chocolate son productos elaborados con la mejor materia prima ecuatoriana: el café de altura y el caco fino de aroma, respectivamente. Pero también hay platos locales que surgieron de la mezcla entre las recetas precolombinas y coloniales. Hay que probar tripa mishqui (intestinos de cerdo marinado con ajo y comino y cocidos a la parrilla), cuy, locro de papa, fritada de carne de cerdo, empanadas y salsas de ají.

Como bebida hay que probar los jugos de fruta y el canelazo que se sirve caliente y consta de naranjilla, canela y licor de caña. El helado de paila es otro clásico: una preparación sencilla pero sabrosa.

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-Momento de partir. Desde el barrio de Chimbacalle comenzamos un nuevo viaje en el “ferrocarril más difícil del mundo”, que ahora se ha convertido en un tren turístico patrimonial, uniendo la costa con los Andes, mediante una impresionante obra de ingeniería de principios del siglo XX.

-Mercado de Otavalo. A dos horas de auto se encuentra Otavalo con su plaza de los ponchos, donde apreciar las creaciones de los kichwa. La feria sabatina se inicia bien temprano con el intercambio de animales (desde cuyes hasta llamas), continúa con el despliegue de comidas típicas y culmina con las creaciones textiles más coloridas de la zona.

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-El inicio de la Avenida de los Volcanes. Quito es el umbral de un sendero que está enmarcado por picos. A dos horas, por ejemplo, se levanta uno de los volcanes activos más alto del mundo: el Cotopaxi, de 5.897 m. El lugar, que es un parque nacional, es propicio para escalar, hacer caminatas, montar a caballo o simplemente relajarse en una de las tradicionales haciendas circundantes.

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