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15 días en Costa Rica

Es pequeño pero con tanto para ver que una semana no alcanza para recorrerlo en su totalidad. Aquí les proponemos un circuito para hacerlo en 15 días para conocer los volcanes activos, adentrase en los bosques nubosos y frescos del centro del país, volar en canopy entre las montañas, relajarse en un all-inclusive en el Pacífico o aventurarse a los escenarios vírgenes del Caribe.

Comenzamos la estadía en el Valle Central, donde se encuentra la capital, San José de Costa Rica. La región mixtura pueblos con impronta rural, haciendas cafetaleras y volcanes. El camino, además, constituye un atractivo en sí mismo: mientras que el sol es abrasador en la zona del aeropuerto, una vez que nos introducimos en la región sentimos el aire más fresco y las nubes entran en escena con una llovizna tenaz.

A una hora de andar llegamos al Parque Nacional Braulio Carrillo, que protege un bosque nuboso en las alturas y lluvioso en las cotas más bajas. El lugar merece una visita para recorrer sus senderos y descubrir algunas de las 500 especies de aves o de 1.250 mamíferos.

Lo ideal es que el día culmine con una visita a una hacienda cafetalera –algunas ofrece pasar la noche– y disfrutar de algún paseo a caballo por las zonas rurales.

Al día siguiente continuamos hasta el volcán Poás. Distante a 50 km. de San José, el pico está protegido como parque nacional al que arribamos previo encuentro con un grupo de coatíes. Porque así es Costa Rica: nos sorprende con su naturaleza pródiga a cada minuto. Descendemos del auto para ascender el último tramo a pie con frío y un viento que mueve las nubes a su antojo. Por eso hay que ser paciente en el mirador, debido a que el lugar suele estar cubierto por neblina que impide ver el cráter. Cuando se corre ese velo despunta la enorme caldera (unos 1.320 m.) de un volcán activo, en cuyo interior descansa una laguna de un color que vira del verde furioso al turquesa, tonalidades que son producto del azufre y la mezcla de ácidos. El paisaje se completa con una serie de fumarolas que nos recuerdan que este sitio está en plena ebullición.

MIÉRCOLES Y JUEVES: CANOPY Y AVENTURA. 

A casi dos horas de viaje de la región donde estábamos, en dirección al noroeste, nos topamos con otro volcán: el Arenal, cuya figura se divisa en el horizonte. Enmarcado por prolijas praderas y por una laguna, el sitio es perfecto para pasar dos o tres días, porque además ostenta una amplia infraestructura turística.

"Zona de alto riesgo volcánico, entre al parque bajo su propia responsabilidad" reza un cartel y, al fondo, se destaca imponente el volcán con un halo de humo coronando su cima. Más adelante, tras un recorrido a pie por el sendero de las heliconias, se lo escucho tronar en el silencio del entorno. Y desde el mirador es posible avizorar algunas líneas de lava y oír caer los peñascos. En otro sendero se aprecian las huellas del gigante en épocas pasadas, en 1992, aunque la más fuerte fue la de 1968, cuya erupción diezmó a la población de la localidad cercana de Tabacón. Hay que decir que de noche también se puede contemplar la actividad del volcán, ya que se aprecian los ríos de lava.

Cerca de allí están los puentes colgantes, un atractivo que se repite en varios sitios de Costa Rica, casi como el canopy. Es una forma diferente de apreciar la selva, por senderos que en ocasiones se abren paso a 45 m. de altura y varios con puentes colgantes. Fortuna, La Virgen y Puerto Viejo ofrecen este tipo de pasatiempo.

La zona de las Llanuras del Norte también está jalonada por ríos como el Peñas Blancas, San Carlos, Toro, Puerto Viejo y Sarapiquí, donde practicar turismo aventura. Para los que se inclinen por algo más tranquilo, la zona está bendecida por aguas termales que proporcionan una esperada relajación.

VIERNES Y SÁBADO: PAISAJE DE MONTAÑAS. 

Bordeando la laguna Arenal llegamos a Monteverde, que hace honor a su nombre por su ambiente ondulante y sembrado por la naturaleza. La zona es reconocida por sus esfuerzos en pos de la conservación y el respeto por la naturaleza. Es un sitio para quedarse a descansar por su ambiente bucólico y clima alpino.

De todas maneras, vale la pena visitar la reserva Santa Elena, que protege al bosque nuboso, cerrado, y donde se pueden apreciar algunos ejemplares de la vida animal. El sendero sinuoso que se hace a pie se adentra en el bosque, entre subidas y bajadas, pasando por cursos de agua y explorando un lugar solitario.

Hay que mencionar que varios prestadores de servicios ofrecen la posibilidad de conocer la reserva de noche con guías, quienes les muestran a los visitantes los habitantes de estas tierras. En esta experiencia la vista pasa a un segundo plano y los sonidos adquieren protagonismo. Se los escucha a los grillos que baten sus alas para producir el ruido característico con la finalidad de atraer a sus parejas. Se aprecian algunos seres vivos con hábitos nocturnos, como la tarántula, que agazapada en su cueva espera capturar algún insecto desprevenido. Y a una pareja de tucanes que duermen juntos como buenos monógamos.

También es posible interiorizarse acerca de los hábitos de otros ejemplares, como el perezoso que sólo baja de las copas de los árboles una vez por semana porque tiene pavor del resto de los seres vivos y además como se alimenta de hojas tiene poca energía. O el colibrí que en una hora puede polinizar hasta 2 mil flores.

DOMINGO A JUEVES: RELAX EN UN ALL-INCLUSIVE. 

Es momento de ir a la playa: a una hora y media ya nos encontramos con el Pacífico, la costa que está más desarrollada turísticamente que el Caribe. Al norte se suceden varios resorts all-inclusive, condominios de lujo y una importante movida. Desde Puntarenas hacia arriba hay opciones para todos los gustos, incluyendo Tambor, Santa Teresa y Montezuma con una apreciable belleza natural que despliega el mar.

También es posible cruzar el golfo de Nicoya con transporte marítimo y continuar subiendo para alcanzar nuevos paraísos costeros en Guanacaste, que limita con Nicaragua.

Este circuito se puede hacer durante varios días a paso lento o de un tirón. Las playas de esta zona son las más preciadas, enmarcadas por bosques y montañas, donde practicar turismo aventura, y salpicada por resorts de lujo para el ansiado relax.

Allí se ubican dos centros de distribución: Liberia y Santa Cruz que a su vez se interrelacionan con cinco importantes enclaves de desarrollo turístico: Papagayo, El Coco, Flamingo, Conchal y Tamarindo. Tanto en esta zona como en otros sitios de Costa Rica es posible escuchar a los monos aulladores que pululan por allí.

Aquí lo aconsejable es quedarse varios días para disfrutar de Guanacaste, que ostenta 700 km. de playas. Un imperdible son los atardeceres a la vera del mar.

Este puede ser el cierre ideal de la estadía en Costa Rica, aunque el país depara más sorpresas tanto en la costa sureña del Pacífico como en el Caribe para los que buscan ambientes más rústicos.

VIERNES Y SÁBADO: PLAYAS Y SELVA. 

Desde Liberia, en el norte, es posible tomar un vuelo de casi una hora hasta San José de Costa Rica para luego hacer un trayecto de 2 horas en auto hasta el Parque Nacional Manuel Antonio, en la costa del Pacífico. Se trata de otro lugar muy frecuentado porque constituye una síntesis perfecta de todo lo que ofrece Costa Rica. Despliega playas de arenas blancas y aguas cristalinas enmarcadas por una selva espesa que puede visitarse a través de los múltiples senderos. Si bien este sitio es muy concurrido, también atesora espacios para gozar en soledad.

Desde Espadilla Sur, una de las cuatro playas del parque, se asciende por un camino que penetra en el bosque y donde se asegura el avistamiento de monos cariblanca, coatíes, loros, guacamayos, iguanas y perezosos. Del otro lado se recuesta la playa Manuel Antonio, pequeña y bonita, en cuyo arrecife coralino es posible practicar buceo.

Lo ideal es permanecer algunos días en esta zona o al menos dos jornadas. Hacia el sur, hay que decirlo, se abren más opciones de playa, muchas de ellas a solo dos horas de San José.

SÁBADO: HACIA EL PACÍFICO SUR. 

Buscando playas más sosegadas, la costa sur del Pacífico se abre desde Pérez Zeledón, la ciudad principal. En el derrotero es posible conocer las cataratas de Nauyaca, el pueblo de Platanillo y el río Barú. En este último se inicia el sector costero que se extiende hasta Punta Burica con un total de 490 km. Dominical-Piñuela, Playa Platanares, Zancudo y Pavones son los balnearios principales de la zona.

Cualquiera sea nuestro destino final, las características de la zona permiten salir a descubrir los recursos marinos, entre ellos la observación de ballenas y delfines. Y combinar estas actividades con las que se hacen tierra adentro que van desde caminatas energéticas a la cumbre del Chirripó hasta propuestas ecoturísticas en el Humedal Sierpe-Térraba, la Reserva Forestal Golfo Dulce y el Parque Nacional Corcovado.

Mientras que para los amantes de la montaña se encuentra la Cordillera de Talamanca, en donde destacan San Gerardo de Rivas y San Vito de Coto Brus que son centros que dan acceso al Parque Nacional Chirripó y al Sitio de Patrimonio Mundial de la Amistad.

DOMINGO: EL CARIBE INEXPLORADO. 

Concluimos la visita de Costa Rica en una de las zonas menos desarrolladas turísticamente: el Caribe. Con una extensión de 320 km. de costa, la zona se abre desde el río San Juan hasta el Sixaola, en la frontera con Panamá.

Las playas no son las típicas postales caribeñas, pero seducen con otros atributos, como la selva que se encuentra en derredor, los ambientes solitarios y rústicos, y la cultura afrocaribeña.

Limón es una de las ciudades principales de la región, ubicada en el sector central, y por lo tanto constituye un centro de escala y distribución de turistas.

En el sector norte, los principales atractivos pasan por avistar el desove de tortugas verdes en las playas del Parque Nacional de Tortuguero y el Refugio Nacional de Vida Silvestre Barra del Colorado, sitio privilegiado para la pesca deportiva del róbalo, el sábalo y otras especies.

Lo mencionado anteriormente se complementa con el sistema de canales fluviales que unen el Puerto de Moín con Barra del Colorado, que representa un atractivo singular.

Por su parte, las localidades de Cahuita, Puerto Viejo y Gandoca-Manzanillo, más al sur, muestran algo de la cultura afrocaribeña.

Allí destacan los arrecifes coralinos, las playas de arenas multicolores (negras, amarillas y grises), la vegetación costera y los bosques de altura media.

Claro que siempre se puede seguir viaje en este destino sembrado de propuestas naturales: hay más playas al norte del Caribe, más volcanes como el Irazú o destinos verdes como Puerto Viejo.

TIPS PARA EL VIAJERO

Ubicación: limita al norte con Nicaragua y al sur con Panamá.

Naturaleza y protección: Costa Rica ha sido pionero del ecoturismo, galardonado como el padre de este tipo de turismo y reconocido por la Organización Mundial del Turismo (OMT). Además, el Certificado para la Sostenibilidad Turística es un programa impulsado por el Instituto Costarricense de Turismo que ha sido modelo a seguir de muchos países del mundo por su efectividad y compromiso con el ambiente.

Moneda: el colón es la moneda de Costa Rica. Dólares americanos y tarjetas de crédito se aceptan extensamente también.

Informes: www.visitcostarica.com/es

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