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Cuando el arte se traslada a los restaurantes

Después de tanto andar en medio de obras de arte expuestas en megamuseos, deseamos fervorosamente sentarnos, descansar un rato y recargar energías con un buen plato. Aquí presentamos algunos restaurantes en los que vale la pena detenerse, todos ellos situados en espacios culturales, y que se destacan del resto de la oferta. 

-Bien madrileño. Para empaparse de la cultura local y del arte contemporáneo, dos imperdibles que se concentran en un mismo espacio: el Museo Reina Sofía y el restaurante Arzábal, abierto el año pasado, al mando de Álvaro Castellanos e Iván Morales. Estos chefs de perfil vanguardista y famosos por otros proyectos (como el de la calle Menéndez Pelayo) son referentes gastronómicos de la ciudad.

Definida como una “taberna reinventada”, el restaurante sirve platos de la cocina tradicional, sencillos pero muy gustosos, como tapas, croquetas o albóndigas, siempre utilizando materia prima de estación y de calidad. Y con una vuelta de tuerca que le dan los propios chefs.

Con la llegada del verano y para que la velada resulte perfecta, recomendamos ocupar una mesa en la terraza y disfrutar de una vista privilegiada del Parque del Retiro. Se localiza en el Edificio Sabatini (Calle de Santa Isabel 52).

Pedir: croquetas de Ibérico, gambas al ajillo, cazuelita de callos o albóndigas de ternera Royal (el menú cambia cada temporada). Gasto estimado: € 30 por persona.

-Ámsterdam: auténticos y originales. Fans de Rembrandt y Vermeer, amantes del arte en general y curiosos de la historia y del lugar en particular, todos ellos deben visitar el Rijksmuseum de Ámsterdam. Y también los viajeros que deseen conocer sitios icónicos de la capital de los Países Bajos, donde además descubrirán un edificio de impactantes líneas que atesora una colección de 8.000 objetos que develan el pasado de esta comunidad, desde la edad media hasta el siglo XX.

El mismo patrón sigue el restaurante Rijks: es auténtico, original y cuida la calidad, conceptos que se dejan ver en los chefs (siempre hay cocineros extranjeros invitados), la cocina (a la vista) y en el espacio (elegante y moderno). De modo que para saborear platos locales, éste es el lugar, aunque los costos sean algo onerosos. Además, persiguen la bandera del slow food (platos que respetan los orígenes y que utilizan materias primas de estación, y comensales que disfrutan del comer sin prisa). Abierto para el almuerzo y la cena.

Pedir: tartar de solomillo con espinaca, anchoas y aros de cebolla; papa con queso Machedoux, nueces y chutney de tomate; anguila en escabeche de limón con papas y puerros; y para el café, pastelería de los Países Bajos. Gasto estimado: € 40/50 por persona: (hay un menú degustación de seis platos a € 67,5 o un lunch a € 37,5).

-MoMA por dos. Para una primera visita a Nueva York, The Museum of Modern Arte debe estar en el mapa del recorrido por su nutrida colección de arte moderno y contemporáneo. Allí se encuentra otra joya, pero de la rama de la gastronomía: el restaurante The Modern que es dueño de dos estrellas Michelin. En un ambiente amplio con enormes ventanales que se proyectan al jardín de las esculturas de Abby Aldrich Rockefeller, sirve platos de la cocina contemporánea. El menú es acotado y cambia con la temporada.

Pedir: escalope rostizado con ajo y papas, o salmón pocheado con aceite de oliva con trufa negra y mermelada de apio. Gasto estimado: US$ 138 por un menú de tres pasos.

Si el viajero ya incursionó en este museo, entonces puede encontrar una variante en el MoMA PS1 que presenta a artistas emergentes, nuevos géneros y obras de vanguardia. Muy recomendado es su restaurante M. Wells Dinette, un espacio a tono con su propuesta artística, ya que quiebra cualquier molde tradicional. Ambientado como una clase de escuela (pupitres en lugar de mesas y pizarrones para anunciar los platos), el menú cambia periódicamente pero hace foco en las carnes. Abierto de 12 a 18, de jueves a lunes.

Pedir: paté de hígado, pastel de tres carnes o sopa de zanahoria y sardinas. Gasto estimado: US$ 30 por persona.

-París: uno “glam” y otro clásico. Luego de visitar el Palais de Tokyo, un espacio dedicado al arte contemporáneo que desafía los cánones del museo tradicional y pone en el centro de la escena a la vanguardia, hay que conocer el restaurante Monsieur Bleu que sigue las mismas reglas del “palacio”. Frecuentado por jóvenes, el lugar se puso de moda entre los parisinos amantes del glamour y la moda. Es un sitio para ver y mostrarse. Pero además ofrece una panorámica única de algunos íconos de París que se levantan en las inmediaciones, como la Torre Eiffel y el Sena. De mayo a septiembre no deje de reservar un lugar en la terraza. Abierto mediodía y noche todos los días.

Pedir: bocadillo de langostino y palta; pollo asado con hongos; y cualquier postre. Gasto estimado: el menú a la carta sale entre € 30 y € 50, mientras que el lunch de € 25 a € 30 (excepto fines de semana).

El Museo del Louvre es un imperdible para quienes visitan la capital francesa, pero hay que saber que es inmenso y tiene 15 restaurantes y bares para comer. ¿Cuál elegir? Si tenemos en cuenta que haremos un alto rápido para poder continuar con el recorrido, lo ideal es comer un snack. Los cafés Richelieu, Mollien y Denon son excelentes alternativas a precios razonables (siempre hay un plus por estar dentro del museo) y con sándwiches sabrosos.

Pedir: baguette de jamón y queso, quiche lorraine. Gasto estimado: € 10.

-Tokio: sintonía entre el arte y la gastronomía. El Hara Museum of Contemporary Art es un oasis dentro de la jungla de cemento de la capital japonesa. Además de interiorizarse sobre la mirada oriental del arte actual, podemos relajarnos en el Café d’Art que se distingue por su repostería de toque vanguardista y que muchas veces se conjuga con las exhibiciones que se están presentando en ese momento. El ambiente tampoco desentona con el entorno, ya que priman las líneas minimalistas modernas, los colores claros y los amplios ventanales que se abren al jardín. Abierto de 11 a 17. Los miércoles funciona hasta las 20, día ideal para disfrutar de un aperitivo junto a una copa de champán.

Pedir: garden basket (canapés y degustación de postres, acompañados de una botella de vino). Gasto estimado: $ 620 para dos personas.

-Buenos Aires cultural. No hay duda de que la Ciudad es un centro de arte con propuestas variadas e infinidad de museos. Es difícil elegir uno entre esa gama tan amplia, pero saliendo del circuito tradicional nos quedamos con el Museo Evita, que permite profundizar sobre la vida de este ícono de la historia argentina y, a la vez, disfrutar de sabores porteños en un ambiente clásico y cuando el clima es soleado, también en el patio. Abierto todos los días mediodía y noche (domingos hasta las 19)

Pedir: ojo de bife con salsa brava, papas al romero, alioli y zanahorias glaseadas; o brótola a la plancha con crema de lima y alcaparras, soufflé de puerros. Gasto estimado: $ 200 pesos.

Otra alternativa muy diferente es la Fundación Proa que permite adentrarse en los movimientos artísticos de los siglos XX y XXI. Y luego disfrutar de un almuerzo o té mientras se contempla la panorámica de La Boca.

Pedir: pollo con puré de arvejas y crema de ajo y tomillo o bife de lomo con papas, perejil y vegetales salteados (el menú varía según la temporada). Gasto estimado: $ 150.

-Washington D.C.: sabores autóctonos. The National Museum of the American Indian se aloja en un edificio de curvas donde muestra las raíces del pueblo americano. Se trata de un entramado complejo que se retrotrae a 12 mil años de una historia compuesta por más de 1.200 grupos indígenas, mayormente de Norteamérica, aunque también atesora el legado del resto del continente.

La propuesta de Mitsitam Café corre por el mismo carril que el museo: su nombre significa “Vamos a comer” en idioma Delaware y Piscataway, además de servir platos originarios de los pueblos. De manera que para que la experiencia sea completa, es casi una obligación comer allí. El menú cambia por temporada, pero habitualmente se organiza en cinco estaciones donde se presentan las preparaciones de cada región o grupo étnico. Abierto de 11 a 17.

Pedir: papusas con estofado de carne, salsa de tomate, repollo en vinagre y cilantro fresco o trucha con estofado de pato y porotos con semillas de mostaza; pavo; o hasta quinoa. Gasto estimado: US$ 30.

-Melbourne: arte local y mundial más buena comida. The National Gallery of Victoria es uno de las galerías de arte más importantes de Australia, que reúne unas 70 mil obras de artistas locales y extranjeros. Mucho para ver en este espacio que es el más antiguo y más grande del país.

Para darse un respiro y reponer energías, el restaurante Persimmon es el lugar donde disfrutar de buena comida elaborada con productos de estación y en un ambiente agradable. Abierto de 11 a 16, ofrece un menú amplio e incluso platos especiales para chicos.

Pedir: pescado del día grillado con ensalada de hinojo, naranja, olivas negras, tomate y alcaparras; o ensalada Caesar con limón y hierbas grilladas, pechuga de pollo, huevo pasado por agua, anchoas marinadas y croutons. Gasto estimado: hay un menú especial de dos platos con vaso de vino a US$ 40.

-La impronta de Guggenheim. Esta vez nos fuimos a Bilbao para deslumbrarnos con las geniales creaciones de Frank Gehry, el arquitecto estadounidense que se caracteriza por sus obras magistrales de singular configuración y aspecto audaz.

Al interior las obras acompañan el vanguardismo de la estructura y lo mismo sucede con el restaurante Nerua, un espacio pensado para vivir una experiencia gastronómica y cultural.

Portador de una estrella Michelin, este sitio está comandado por Josean Alija, quien arma cada carta con un año de anticipación y utilizando los productos de estación. Así cada plato es resultado de un intenso proceso creativo para que el comensal pase una velada inolvidable plena de sabores únicos e irrepetibles.

Pedir: hay menúes con varios platos, como ostras con espárrago, cerveza, lima y guindilla; o sopa de maricos y pescado, navajas y verduritas. Gasto estimado: € 145.

-Última escapada a Chicago. El Instituto de Arte constituye un interesante centro cultural donde apreciar más de 5.000 años de historia con obras de los más diversos artistas. Se trata de uno de los más grandes museos que existen en el país, de manera que si viaja a Chicago, debe pasar por este sitio.

Terzo Piano es el espacio donde comer: ubicado en el tercer nivel del ala moderna, ofrece platos de raíces italianas utilizando ingredientes de estación. Al frente de su cocina está Tony Mantuano, un chef de renombre dentro de Estados Unidos. Abierto diariamente para almorzar, domingos para brunch y jueves para cena.

Pedir: ensalada de salmón curado con uvas, quinoa, almendras, rúcula y vinagreta de pomelo; hamburguesa de cordero con pimientos, queso, rúcula, cebolla roja en escabeche y papas fritas (lunch). Gasto estimado: US$ 25.

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