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Cuando el Norte se viste de fiesta

Homenajeando a la Pachamama, en una procesión por la Virgen, cuando llega el Carnaval o escuchando a los grandes del folclore: cuando es el momento de celebrar la region no conoce de límites en su despliege de alegría y color. Un recorrido por algunos de los grandes hitos del calendario. 

Homenajeando a la Pachamama, en una procesión por la Virgen, cuando llega el Carnaval o escuchando a los grandes del folclore: cuando es el momento de celebrar la region no conoce de límites en su despliege de alegría y color. Un recorrido por algunos de los grandes hitos del calendario.

“¿Cómo olvidarte Cerrillos, si por tu culpa tengo mujer?... Morena cerrillana, con alma y vida te cantaré. ¡A todos los carnavales te llevaré!”, cantaban Los Chalchaleros. Más allá de la “exageración” de la zamba, la realidad es que cualquier cosa puede pasar cuando el Norte celebra. Y es que es en esos momentos de algarabía, de fiesta, donde todo el color y la alegría del Noroeste estalla. Herederos de la tradición de los pueblos originarios, la gente de la región ha conformado un singular sincretismo, entremezclando en las fiestas populares los viejos resabios prehispánicos de las diabladas y los carnavales, con las procesiones y las festividades católicas.

El calendario de festividades del NOA tiene para todos los gustos, de todos los tipos. Este es un repaso por las más singulares y distintivas.

El CARNAVAL DE LA QUEBRADA (QUEBRADA DE HUMAHUACA).

La celebración del Carnaval es la más típica de la región y se extiende por todo el NOA. Sin embargo, no tiene más visos tradicionales y autóctonos que en la Quebrada de Humahuaca. Cada una de sus localidades, Humahuaca, Tilcara, Purmamarca y demás, se visten de fiesta cada febrero, en una celebración que tiene como característica sigular ser realmente popular. Es decir todos los habitantes participan y son protagonistas. No se trata de contemplar solamente lo que sucede en un escenario, sino bailar en calles y plazas, desfilar en las comparsas con trajes típicos luminosos y coloridos, tocar música folclórica en las “carpas”, con sikuris, erkes y anatas; batallar con harina y obsequiar ramitos de albahaca. Y por supuesto, beber y disfrutar de la mejor gastronomía regional. Una experiencia realmente tan única como auténtica.

ENERO TILCAREÑO, TILCARA (JUJUY).

Se trata, en realidad, de un ciclo de actividades y celebraciones que tiene como epicentro a Tilcara, cada año, y que anticipa lo que será la posterior explosión del Carnaval, en febrero. De este modo, se engarzan en el Enero Tilcareño el Festival Internacional de la Saya Caporal (un singular ritmo folclórico andino), un Festival Folclórico, un Encuentro de Danza, una Feria de Comida Regional, y un Festival de Pialada y Doma de Novillo, todo en un espacio de tiempo que va habitualmente del 10 al 31 de enero. Cada uno de los espacios artísticos concitan la participación de las figuras más conocidas del folclore jujeño y nacional.

TOREO DE LA VINCHA (CASABINDO).

Sin lugar a dudas, se trata de una de las fiestas más originales, antiguas y tradicionales de toda la región. La celebración tiene lugar en agosto en Casabindo, a poco más de 140 km. de Humahuaca, en plena puna jujeña. En el marco del toreo, la plaza principal empircada (delimitada por pequeños muros de piedra), sobre la que se encuentra la iglesia de la Asunción, se transforma en una plaza de toros. Pero a diferencia de lo que sucede en España, el toro no es dañado. La bestia sale al ruedo con vinchas con monedas de oro atadas a sus astas, el torero debe tomarlas esquivando las cornadas y las embestidas. Esto produce piruetas sorprendentes, pero también alguna que otra revolcada. El Toreo de la vincha es, en realidad, el centro de una celebración que incluye presentaciones musicales, danzas y hasta una misa.

SERENATA A CAFAYATE (SALTA).

Caratulado como el festival folclórico más importante de la provincia, la Serenata tiene sus raíces en los años ’70, en pleno auge del folclore. En realidad, la celebración sustituyó a una frustrada fiesta de la Vendimia local, relacionada obviamente con la producción vitivinícola. El evento comenzó su derrotero teniendo como escenario la llamada “Bodega encantada”, donde se construyó el escenario Payo Solá, que homenajea con su nombre a Gustavo Adolfo Solá, hijo pródigo de Cafayate, bandoneonista, director de orquesa y compositor. El evento se extiende a lo largo de tres jornadas en febrero, siendo la última cerrada, desde hace más de 15 años, por el Chaqueño Palavecino, quien sube al escenario a últimas horas de la noche y canta hasta la mañana del día siguiente. El festival tiene su propia canción identificatoria: “La Serenateña”, compuesta por Yuyo Montes.

El CORSO DE LAS FLORES, CERRILLOS (SALTA).

Se trata de un carnaval especial, que destaca por oposición. Claramente, todo el NOA celebra el carnaval del modo andino, levantando las tradiciones ancestrales prehispánicas. El Corso de las Flores, de Cerrillos, se asimila más a un formato acaso más litoraleño, con comparsas por barrios y desfiles de corsódromo, sólo que la música es típicamente folclórica, dominada por bagualas, cuecas y zambas. Y la infaltable guerra de la harina y el agua en las calles.

FIESTA DE LA PACHAMAMA, AMAICHA DEL VALLE (TUCUMAN).

Cabe aclarar que junto al Carnaval, la celebración de la Pachamama se realiza en todo el Noroeste argentino. Sin embargo, es en Amaicha del Valle, cada febrero, donde encarnó en la celebración de una fiesta de grandes proporciones. Durante tres días se honra y homenajea a la Madre Tierra (la Pachamama), simbolizada en alguna de las mujeres más ancianas de la comunidad. Ella ocupa un trono de piedra cubierto de ponchos, en una carroza adornada por otras figuras de la tradición prehispánica como el Yastay (el Padre de los animales), el Pujillay (el Diablo) y la Ñusta (una joven que representa a los frutos de la tierra). Como la celebración coincide con el carnaval, los bailes, las guerras de harina y espuma dominan la jornada. También se hacen las tradicionales ofrendas a la Madre Tierra.

FIESTA ATAHUALPA, SAN MIGUEL (TUCUMAN).

Desde hace casi 15 años se realiza este festival folclórico que reúne a casi 20 mil personas y que anualmente convoca a las estrellas más rutilantes del folclore de nuestro país. El nombre de la celebración homenajea a don Athualpa Yupanqui, acaso el folclorista más célebre de nuestro país que vivió unos años en Tucumán (puntualmente en Raco).

LA MARCHA DE LOS BOMBOS (SANTIAGO DEL ESTERO).

Esta celebración tiene un sentido singular. Porque no se trata de una fiesta histórica y antigua, pero sí que recoge uno de los símbolos ancestrales de la provincia: el bombo, que tiene en Santiago alguno de los luthiers más importantes.

Desde 2003 se realiza este encuentro que tiene como epicentro la marcha: al menos cuatro columnas de bombistas convergen en el Parque Aguirre y avanzan tocando. Una vez reunidos se canta el himno provincial, la chacarera “Añoranzas”. Se trata de una verdadera fiesta popular porque todos pueden participar de la marcha, la única condición es poseer su propio bombo. Desde su nacimiento, el número de participantes se ha incrementado exponencialmente. La marcha se realiza siempre en julio, coincidiendo con la celebración por la fundación de la ciudad de Santiago del Estero, ocurrida el 25 de julio de 1553.

NUESTRO SEÑOR D ELOS MILAGOS DEL MAILIN (SANTIAGO DEL ESTERO).

Toda la celebración se realiza en torno al templo principal de Villa Mailín, que ha sido declarado Monumento Histórico Nacional. Se trata de una celebración de gran convocatoria, donde anualmente unas 200 mil personas (provenientes de cada rincón del país) pasan por la localidad santiagueña, que cuenta con una población que no supera los 2.000 habitantes. Denominada formalmente Fiesta del Señor de los Milagos de Mailín, el encuentro se realiza el día de la Ascensión del Señor, es decir el domingo anterior a Pentecostés.

El epicentro de la fiesta es el Cristódromo: dos rampas circulares que llevan a una suerte de vitrina. Hasta allí se lleva la cruz (habitualmente se conserva en el interior de la iglesia) que descubrió Juan Serrano, en el siglo XVIII, en el hueco de un algarrobo.

FESTIVAL NACONAL DE LA CHACARERA (SANTIAGO DEL ESTERO). 

El año en la Madre de Ciudades comienza con la Fiesta Nacional de la Chacarera. La fiesta que ya ha superado los 40 años de edad fue creada por Agustín y Carlos Carabajal (integrantes de la tradicional familia folclorista santiagueña) pone en el eje de la celebración al género musical más conocido de la provincia y uno de los más importantes del país. Anualmente, las figuras más reconocidas del folclore santiagueño y nacional participan del festival.

FIESTA NACIONAL DEL PONCHO ( SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA).

Hace 40 años surgió la idea de homenajear a los tejidos que se producen en la provincia. Esa idea evolucionó rápidamente en el Festival del Poncho, transformada luego en fiesta nacional. Luego de peregrinar por la Manzana del Turismo, el Polideportivo capital, la Plaza 25 de Mayo y el exRegimiento de Infantería, la fiesta se instaló desde 2007 en el Predio Ferial de San Fernando, situado en el Campo Las Heras.

Más allá de que una pieza importante de la fiesta es el festival folclórico, el encuentro pone de manifiesto y en primer plano la producción tradicional de tejidos, históricamente valorados, y la de ponchos en particular.

LA CHAYA, LA RIOJA.

En febrero, los riojanos celebran los carnavales a su manera: ellos salen a “chayar”. Entonces, las vidalas y las coplas, los topamientos familiares y la harina y la albahaca ganan las calles de La Rioja. La celebración hunde sus raíces en el pasado prehispánico, protagonizado por las tribus diaguitas que vivían en la región. Allí vivía una bella joven cuyo nombre era Challai y que era considerada por sus vecinos como la representación misma de la hermosura de la Madre Tierra. La joven se enamoró de un joven colono pero la relación, condenada a ser un amor imposible, no prosperó. La joven huyó a las montañas donde se convirtió en nube y ascendió a los cerros. Pero cada febrero vuelve convertida en rocío. Challai da su nombre a la Chaya, la fiesta de los tres días. Además de un concierto folclórico se realizan topamientos (una suerte de “batallas” simbólicas entre dos bandos) por barrios con agua, harina y albahaca.

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