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Cuba: a bordo de un sueño

Cuba es fascinante por todo lo que hay por descubrir. Uno de los atractivos de la isla son sus autos antiguos, casi centenarios, que milagrosamente siguen circulando por sus rutas y calles citadinas. ¿Qué hay detrás de estas carrocerías con largas historias? Aquí el periodista Miguel Monfort, del blog de Meliá Cuba, devela algunos de los secretos mejor guardados.

Una de las cosas que más deslumbra al viajero recién llegado a Cuba es la cantidad de autos norteamericanos anteriores a la revolución que aún circulan por las calles. Son miles de automóviles antiguos, algunos con más de 80 años de edad, y de los más diversos modelos: Buicks, Plymouths, Chevrolets, Fords, Dodges, Packards, Pontiacs, Mercurys, Studebakers y Cadillacs cola de pato, muchos de ellos vehículos familiares o habilitados por sus dueños como taxis colectivos que siguen una ruta predeterminada, y otros tantos, los más lujosos y llamativos, descapotables de mil colores al servicio del turismo o dedicados al alquiler para bodas y celebraciones de niñas que cumplen quince años.

En La Habana Vieja, frente al hotel Meliá Cohiba, en el malecón, uno ve pasar estos autos como personajes de otra época sin saber que, pese a su deslumbrante apariencia, la mayoría son verdaderos frankensteins con todos los inventos imaginables en sus tripas para que continúen funcionando. En muchos casos los dueños son sus propios mecánicos, y si se pone a hablar con ellos un rato la mayoría le contará que les han adaptado todo tipo de repuesto y hasta motores enteros.

Así, un Dodge 1956 puede tener motor original Chrysler Flathead de seis cilindros, al que su dueño ha incrustado el sistema de frenado de un coche soviético Moskvich y los relojes de la temperatura y el aceite de un moderno Mitsubishi o vehículos que no eran descapotables picados a la mitad y transformados en convertibles, todo eso acontece en Cuba.

Tan apasionante como los inventos y la mecánica son las historias de los propios autos. Está la del increíble Cádillac Fletwood Sixty Seven que usó el músico cubano Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, que tiene más de 6 m. de largo y un mundo de anécdotas cargadas en el baúl o la del Lincoln Continental Marck II que usó la mujer del dictador Fulgencio Batista y que hoy maneja “Julito”, quien alquiló su vehículo a Rihanna para la sesión de fotos que le hizo en La Habana la fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz y que fue portada de Vanity Fair. Viajar a Cuba y desmelenarse a bordo de uno de estos coches es todo un rito iniciático y un sueño que nadie quiere perderse.

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