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Ecos del Asia Menor

La ciudad atesora un enorme patrimonio arqueológico, ligado a viejas civilizaciones y cruces de culturas y religiones. Los yacimientos de la antigua y esplendorosa capital del imperio romano en Oriente, las ruinas del templo de Artemisa, la basílica y tumba del apóstol San Juan y el Museo de Éfeso son los atractivos fundamentales en la visita a este destino.  

Se trata del área arqueológica más grande del mundo, con el agregado de que alberga obras antiguas exhibidas en su lugar original. Éfeso, situada en la parte occidental de lo que fue el Asia Menor, en la península de Anatolia, no sólo comprende los yacimientos de la antigua y esplendorosa ciudad, sino también las ruinas del templo de Artemisa, la basílica y tumba del apóstol San Juan y el Museo de Éfeso.

Se trata de uno de los sitios clave para comprender la historia y la cultura de estas latitudes del orbe. Junto con la cautivante Estambul, constituyen dos destinos ineludibles a la hora de pensar en un viaje por Turquía.

LARGA HISTORIA.

Para comprender la magnitud y belleza de este sitio es necesario remontarse a la Edad Antigua. Muy sintéticamente puede decirse que fue una de las 12 ciudades de Jonia, con un puerto de enorme relevancia, ya que por él se conectaba el comercio entre Oriente y Occidente (el mar llegaba hasta la ciudad, aunque desde el siglo V –por procesos de sedimentación y erosión– tuvo un fuerte retroceso, lo que lo alejó de la actual línea de la costa).

Luego fue conquistada por los cimerios, por Creso (rey de Lidia), y poco después por Ciro el Grande, rey de Persia.

Por ese entonces, Éfeso debía su gran renombre al templo de Artemisa (Diana, en la mitología romana), una divinidad representada con múltiples pechos, símbolo de la fertilidad, a quien se rendía culto. Era la diosa de las cosechas, de la naturaleza y de la caza.

Sin embargo, en el año 356 a. de C. fue destruido por el incendio provocado por un pastor llamado Herostrato, quien quería ser famoso y lo logró de esa manera. Nada se salvó; Artemisa no pudo protegerlo porque estaba en Macedonia: aquella noche fue la misma en la que nació Alejandro Magno, quien luego expulsaría a los persas y contribuiría generosamente a la reconstrucción del templo, designando al arquitecto Dinócrates para supervisar el proyecto.

Tras la muerte de Alejandro Magno, Lisímaco –uno de sus generales– tuvo el control del oeste de Anatolia. Posteriormente, fue sometida al dominio de Egipto y Siria, y en el año 190 a. de C. pasó a poder de los romanos, convirtiéndose en capital de ese imperio en Asia.

Así, Éfeso tuvo un notable progreso, fundamentalmente en la época del emperador Augusto. Llegó a tener 250 mil habitantes y fue una de las ciudades más importantes del orbe.

Su gloria no disminuyó en la época cristiana. El apóstol San Juan eligió esta urbe para predicar ante este pueblo pagano y escribir su Evangelio, mientras que, como había prometido a Jesús, cuidaba de la virgen María, quien –se dice– vivió allí hasta su muerte.

Asimismo, San Pablo acudió en varias ocasiones para predicar y combatir el culto a Artemisa, y poco después allí se erigió una de las siete iglesias del Apocalipsis.

La decadencia de Éfeso llegó con los godos a principios del siglo III, quienes saquearon la ciudad e incendiaron nuevamente el tempo de Artemisa, que ya había perdido relevancia y no volvió a ser restaurado. Sus columnas de mármol fueron derribadas y utilizadas para la edificación de iglesias cristianas como la de Santa Sofía, en Constantinopla.

EL TEMPLO DE ARTEMISA.

El mejor sitio para comenzar el recorrido por Éfeso es el templo de Artemisa, incluido en el ranking de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Aunque hoy solo puede verse una de las 120 columnas jónicas de antaño.

La armonía de sus proporciones, numerosas estatuas y obras de arte hacían de éste una auténtica joya del arte griego. Allí se celebraban festines en los que se comía y bebía con desenfreno. La más espectacular de esas festividades convocaba alrededor de un millón de personas, incluso provenientes de ciudades lejanas como Jerusalén y Atenas.

ETERNO ESPLENDOR.

Para seguir un orden cronológico, la visita debería continuar por las ruinas de la ciudad, probablemente el mayor atractivo de Éfeso. La zona arqueológica tiene dos accesos; ingresando por la puerta superior se llega hasta la zona que fuera el puerto, pudiéndose observar a lo largo del recorrido los vestigios de la capital oriental del imperio romano:

• Termas de vario: aún pueden verse las paredes y bóvedas de los baños romanos.

• Ágora del Estado: plaza rodeada de edificios civiles, flanqueada por columnas jónicas y corintias.

• El Odeón: teatro utilizado para representaciones teatrales y conciertos.

• Vía de los curetos: es una de las arterias principales de la ciudad (los curetos eran los sacerdotes encargados de llevar leña al fuego sagrado que ardía en el Ayuntamiento). La calle es extensa y concluye en una plaza.

• Templo de Adriano: es de estilo corintio, una maravilla arquitectónica en la que destacan su decoración y relieves.

• Biblioteca de Celso: su fachada permanece en pie, ostentando cuatro nichos con estatuas que simbolizan la sabiduría, la virtud, la ciencia y la fortuna. Fue construida en el año 135 d. de C. por un cónsul romano en memoria de su padre Tiberio Julio Celso, gobernador general de la provincia de Asia. Está orientada hacia el este para que en las salas de lectura se aprovechara mejor la luz matutina. La tumba de Celso yace en la parte posterior.

• Vía de mármol: era la avenida principal, de 4 km. En la actualidad se ven los restos de columnas de 8 m. de alto, con frisos de mármol esculpidos. Llama la atención una huella grabada (un pie junto al dibujo de una mujer y un corazón) que indica la dirección al burdel, al final de la vía.

• El Gran Teatro: es el teatro más grande del mundo, con capacidad para 25 mil espectadores. La acústica era perfecta, ya que fue construido frente al mar. San Pablo predicó varias veces allí. Actualmente se lo utiliza para shows especiales, como los que presentaron Ray Charles y Luciano Pavarotti, entre otros.

• Iglesia de Santa María: la antigua Bolsa de cereales se convirtió en iglesia cuando el cristianismo fue adoptado como religión oficial del Estado. Allí tuvo lugar el Concilio Ecuménico del año 431 d. de C.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo moverse: el centro base para visitar Éfeso es Kusadasi (a 20 km.), ciudad-puerto que descansa sobre el mar Egeo, con bellas playas de arena blanca. Custodiada por un monumento al fundador de la república turca, Mustafá Kemal, es uno de los sitios turísticos más populares de Turquía.

Cuándo viajar: en cualquier época del año, ya que el clima es mediterráneo. Por lo tanto, los inviernos son templados y los veranos largos y calurosos.

Moneda: lira turca (US$ 1 = TRY 3,77)

Electricidad: 220 voltios. Enchufes con dos salidas redondas (tipo F).

Qué comprar: a metros del puerto de Kusadasi se encuentra el Grand Bazaar, con numerosas tiendas en las que pueden adquirirse alfombras, ropa de cuero de oveja, especias, alhajas y todo tipo de souvenirs a muy buenos precios.

Qué comer: frente al puerto de Kusadasi hay muchos restaurantes y cafeterías que sirven platos locales. Las delicias turcas abundan en los comercios.

Qué llevar: calzado cómodo, gorro o sombrero, protector solar y ropa confortable.

Informes: www.turismodeturquia.com

www.turizm.gov.tr

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