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El otro tesoro inca

El legado del Tahuantinsuyo se expande a lo largo y ancho de Perú y conquista aquellos rincones que parecen inaccesibles por su geografía abrupta. La ciudadela de Choquequirao, en Cusco, es ese tipo de maravillas arquitectónicas que demandan tiempo y esfuerzo llegar a ellas, pero que una vez allí la conexión con nuestros antepasados es inevitable.

De todas las investigaciones que los especialistas nacionales y extranjeros han realizado sobre Choquequirao se desprende una multiplicidad de interpretaciones de lo que significó este complejo arqueológico durante el imperio inca. Centro ceremonial, bastión de conexión entre la selva y la sierra, reducto de resistencia y garita de control para garantizar el acceso a Vilcabamba, en Cusco, son sólo algunas de las explicaciones que se han podido plantear.

Precisamente por este misterio, la “hermana sagrada” de Machu Picchu, como llaman los viajeros a Choquequirao, es el otro tesoro del incanato situado en la meseta andina de la provincia de La Convención, en Cusco. Sus ruinas ocupan las estribaciones del nevado Salkantay e integran el sistema de ciudadelas que los incas construyeron en el valle de Vilcabamba.

No hay mejor descripción de la importancia que tuvo este lugar durante el Tahuantinsuyo que recurrir al origen quechua de su nombre: “chuqui” significa oro y “k’iraw” es cuna. Una cuna de oro escondida en un territorio agreste y protegida por montañas a su alrededor para imposibilitar su acceso demuestra el celo de los incas por esta edificación.

La imponencia de la fortaleza de Choquequirao no opaca sus alrededores enriquecidos por la biodiversidad. Las especies que la rodean han resistido los picos más bajos y altos de temperatura. Se pueden ver cóndores, tarucas, vizcachas, zorrinos, pumas, picaflores, osos y el gallito de las rocas como guardianes de lo que dejaron los ancestros. En sus laderas y zonas aledañas, la flora que se descubre está representada por frutos, helechos gigantes y orquídeas como la waqanki.

JOYA ARQUITECTÓNICA.

Las obras de ingeniería que levantaron el recinto revelan la inteligencia de los incas para distribuir el espacio en sincretismo con la naturaleza y su cosmovisión. La plaza superior es una estructura de dos niveles al lado del ingreso del canal principal en la que se encuentra el templo más importante de Choquequirao, compuesto por fuentes ceremoniales, canales y una kallanka, un complejo rectangular. Más abajo del santuario, un pequeño patio y dos habitaciones opuestas en un mismo pasaje evidencian que esa parte de la zona arqueológica estaba destinada para los personajes religiosos del imperio.

Para entender las demás partes que se recorren se deben tener en cuenta las formas de organización incaica. Por ejemplo, la ubicación de los artesanos en áreas reservadas para sus viviendas fue planificada en edificaciones secuenciales extensas y estrechas de dos niveles, sobre las que se ubican 16 andenes de cultivo experimental para fines ceremoniales. Aquí también estaban los talleres y las qolqas, que durante el incanato sirvieron como depósitos de alimentos, y eran el ambiente preferencial para la producción metalúrgica y de la cerámica.

La plaza principal recibe el nombre de Huacaypata, que simboliza el lugar de las fiestas y huelgas. Se le considera el núcleo central de Choquequirao, pues está rodeada de edificios de relevancia. Hacia el norte se pueden distinguir dos importantes construcciones de dos pisos de elevados hastiales con hornacinas, con un patio al centro. La primera tiene dos puertas grandes para el ingreso a Huacaypata, mientras que la segunda y las demás cuentan con una abertura de doble jamba, estilo arquitectónico que indica que la plaza matriz era para la nobleza.

ARTE SOBRE PIEDRA.

Las pendientes de Choquequirao hacia el cañón del río Apurímac fueron intervenidas para rendirles culto a las llamas. Los muros de los andenes rescatan la influencia chachapoyas, una cultura preinca del Amazonas reconocida por su resistencia al dominio del Tahuantinsuyo. Como parte de esta adaptación, hoy se puede apreciar un conjunto artístico de 23 figuras divididas en 15 andenes, denominado “Las Llamas del Sol”.

Los auquénidos que decoran la cuesta fueron elaborados con piedras blancas y en posición hacia el norte, apuntando a las zonas altas del nevado Qoriwayrachina, que representaba la protección del santuario y el origen del agua, cuyo curso iba por las fuentes y los canales de Choquequirao y que para los habitantes del imperio era sacra. Es por esta escenografía llena de misticismo que la galería ha sido objeto de un sinfín de estudios y publicaciones.

La única expresión humana que acompaña la serie de llamas es una imagen antropomorfa con los brazos abiertos como si protegiese al colectivo de auquénidos. Con la misma técnica, los artistas milenarios volcaron su minuciosidad en los trazos en línea zigzagueante y en forma de damero que aparecen en los tres andenes superiores. La exhibición encierra un valor incalculable en cuanto a diseño y su mensaje se torna casi imposible de descifrar para el turista que busca entenderlo.

Para lograr su obra de arte los escultores utilizaron cuatro tipos de roca. La primera, compuesta por minerales de cuarzo, estaba presente en la superficie de Choquequirao. La segunda, de grano fino y buena foliación, era geométrica y por lo general formaba paralelepípedos. La tercera tenía mayor dureza que las anteriores y estaba constituida por minerales oscuros. La última era de cuarcita y de uso exclusivo para componer los motivos decorativos. En este entorno de riqueza lítica, caracterizado por las canteras adyacentes al complejo, los creadores hallaron la materia prima ideal para plasmar su talento.

EN BUSCA DEL ENIGMA.

Durante el imperio incaico no hubo camino que no estuviera conectado con su capital, Cusco. De todas las arterias que conducían al corazón de la civilización andina, la que lleva a Choquequirao es la más infranqueable por su distancia, la resistencia física que demanda, sus senderos serpenteantes y sus despeñaderos intimidantes. El recorrido, de 60 km. ida y vuelta, dura cuatro o cinco días, suficientes para deleitarse con los magníficos paisajes del cañón de Apurímac, que cubre la mayor parte la ruta.

El viajero tiene a su elección dos puntos de partida para llegar al santuario. El primero es San Pedro de Cachora, distrito que está en la provincia de Abancay, departamento de Apurímac. El trayecto desde aquí les permite a los caminantes usar mulas conducidas por arrieros para trasladar toda su carga. Tras cinco horas de caminata, el primer paradero es playa Rosalina, a la vera del río Apurímac. Los turistas suelen pasar la noche aquí para dirigirse al día siguiente al campamento de Marampata, el penúltimo antes del arribo a Choquequirao.

La travesía a Marampata sorprende por la variedad de orquídeas y violetas que crecen en el camino y, una vez arribados, un conjunto de cabañas brindan servicios turísticos. Luego de pasar por el pueblo, el siguiente destino es Raqaypata, a orillas del río Chunchullmayo. Es la zona más próxima a Choquequirao y en dos horas es posible llegar a la fortaleza. La aventura continúa después de la visita a la cuna de oro con un pronunciado descenso hacia el río Apurímac rumbo a Coca Masana, donde el clima se torna más cálido.

El segundo punto de partida es Huanipaca, distrito que también se ubica en Abancay. Este tramo está menos difundido debido a que obstaculiza el paso de las mulas por la subida estrecha del río Apurímac a Choquequirao, y fue incluido en el mapa de los amantes del senderismo a partir de la construcción del puente entre Cusco y Apurímac. La parada inicial partiendo de Huanipaca es la comunidad de Tambobamba, en la que se sigue el descenso de 4 o 5 horas hasta el río Apurímac. En los alrededores de este cuerpo de agua hay campos para aprovisionarse y, si cae la noche, se puede acampar. Aquí comienza la parte más dura de la vía: la escalada a Choquequirao se extiende durante aproximadamente cinco horas.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: LC Perú vuela de Lima a Andahuaylas (ciudad de Apurímac) en 1 hora y 20 minutos. Desde aquí a Abancay son 2 horas y 30 minutos y de Abancay a San Pedro de Cachora 1 hora y media.

En bus desde Lima son entre 16 y 18 horas a Abancay. El pasajero debe asegurarse de no contratar el traslado en servicio económico, porque los vehículos realizan paradas en todos sus terminales dentro y fuera de Lima, que tardan alrededor de 30 minutos.

Qué llevar: si se elige el derrotero por Huanipaca, se debe llevar poco peso porque el ascenso impide tener la espalda cargada. Es necesario contar con sleeping y carpa de media montaña, cocina de campin, menaje, pastillas purificadoras de agua, bloqueador, repelente, cargadores adicionales y linterna.

Servicios: las zonas de campamento disponen de duchas y servicios higiénicos.

Informes:https://www.facebook.com/KantuNanPeru/info/?tab=page_info

 

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