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El paraíso es aquí

Para llegar a Jericoacoara es necesario hacerlo en vehículos 4x4, lo que implica una verdadera aventura, asegurando a la vez una estadía relajada, lejos de las grandes ciudades. Sin embargo, la belleza de sus playas, la naturaleza virgen y la alegría de sus pobladores convirtieron al destino en un sitio de moda, una verdadera Babel cool donde lo agreste convive con lo refinado sin mayores miramientos.

Casi todos duermen en el ómnibus que salió de madrugada desde Fortaleza, capital del estado de Ceará, cuando de repente el vehículo se detiene y enciende las luces. El chofer y sus acompañantes abren las puertas al calor exterior y empiezan a sacar del portaequipajes mochilas, bolsos y valijas. Los turistas somnolientos van bajando porque aquí, en Jijoca de Jericoacoara, termina la ruta y empieza la aventura. Los restantes 20 km. serán en camionetas con tracción 4x4, por senderos invisibles entre dunas y riachos que apenas se dejan entrever en medio de la oscuridad.

El destino forma parte de un Área Protegida y Parque Nacional. Hace poco más de 20 años era una villa de pescadores inaccesible, sin luz eléctrica y visitada por unos pocos hippies aventureros. Pero con los primeros turistas fueron surgiendo las recomendaciones boca a boca y luego el Washington Post dio al lugar un empujón importante cuando lo eligió como una de las 10 playas más lindas del mundo. Desde entonces “Jeri”, como se lo llama afectuosamente, se convirtió en una verdadera Babel cool donde lo agreste convive con lo refinado sin mayores miramientos.

LAS OLAS Y EL VIENTO.

Basta poner los pies en la arena para notar que la playa es ancha, exageradamente ancha si se la compara con los destinos brasileños más conocidos por los argentinos. Las mareas son amplias y los bares, mezclados con algunas palmeras aquí y allá, parecen quedar muy lejos de la orilla. Algunos despliegan sus reposeras en la inmensa extensión de arena y, quienes llegan temprano, pueden ver a los pescadores que regresan de altamar con su cargamento fresquísimo.

El mar parece tranquilo, sin embargo el viajero pronto notará que el viento inventa olas en la superficie plateada y negligente. Hace algunos años estas olas eran surcadas apenas por las típicas jangadas de velas blancas. Hoy, en cambio, las embarcaciones tradicionales se mezclan con los colores vivos de los equipos de windsurf o kitesurf. Es que el destino es ideal para la práctica de estos deportes, ya que sus costas son paralelas al ecuador y se ofrecen de la mejor manera a los vientos alisios que soplan desde el África del este a oeste para golpear en estas arenas sin ningún obstáculo. Entre julio y diciembre se da la época de mejor viento y los amantes de estos deportes llegan de todo el mundo para surcar sus playas movidos por la fuerza del aire. En “Jeri” hay alquiler de equipos, escuelas con instructores capacitados y sectores de playa perfectos tanto para principiantes como para avanzados, de acuerdo con la intensidad del viento y las olas.

LA PIEDRA Y LA DUNA.

Además de sus playas de ensueño, el destino cuenta con dos postales imperdibles. La primera, ícono de “Jeri”, es la llamada “pedra furada”. Se trata de una formación rocosa de unos 5 m. de altura esculpida por el océano que forma un marco perfecto para la belleza del mar. Se accede a pie, con una caminata de unos 3 km. durante la marea baja, pasando por las playas Malhada y Pontal, y apreciando otras curiosas formaciones de piedra. También se puede llegar en un paseo a caballo que permite obtener excelentes panorámicas. Quienes visiten esta playa entre junio y agosto podrán ver cómo el sol cae justo en medio de la roca, ofreciendo las mejores imágenes y los atardeceres más románticos.

Sin embargo, aquellos que viajen en otra fecha tampoco se perderán las puestas de sol de película que regala la playa. Y para apreciarlas hay una platea preferencial conocida como la “duna do por-do-sol”, la otra postal del destino. Allí cada fin de tarde se ve llegar a racimos de viajeros que, con mayor o menor esfuerzo, trepan los 30 m. de arena blanda para participar del ritual sentados en el filo de la duna que cae a pique sobre el mar. La playa cambia de color, las arenas se tiñen de dorado, el sol comienza a caer mientras las conversaciones van cesando y un silencio denso se adueña de todo: rojo y perfecto, el sol se lanza en picada en el horizonte del mar. Y todos aplauden.

El espectáculo suele ser seguido de ruedas de capoeira al pie de la duna, donde se reúnen quienes practican esta danza-lucha para despedir el día.

CON EMOCIÓN.

Quienes deseen pasar largos días tendidos al sol y noches agradables en bares cool con linda música de fondo, encontrarán en “Jeri” un lugar soñado. Pero quienes desean un poco más de emoción para sus vacaciones también tienen mucho para hacer en el destino.

Un clásico es el paseo en buggie que recorre el paisaje de playa y dunas –con más o menos emoción, según requieran los viajeros–, hasta llegar a algunos de los puntos de interés. A unos 5 km. Mangue Seco es dueño de un curioso paisaje: su vegetación de manglar con sus grandes raíces aéreas fue muriendo a causa de los constantes movimientos de arena y aparece seca y blanca, formando un escenario extraño, casi surrealista. El camino hacia el oeste lleva a atravesar un río en balsa y a apreciar los manglares, esta vez vivos, que forman un rico ecosistema donde habitan, entre otros, pequeños y delicados caballitos de mar.

A unos 25 km. de “Jeri” se encuentra Tatajuba, una villa de pescadores qu atesora curiosas historias. El caserío fue cubierto por las dunas y sus habitantes relatan con pasmosa naturalidad como lucharon infructuosamente a fuerza de pala contra las arenas que día tras día ganaban las batallas ocupando sus patios, bloqueando sus puertas y colándose dentro de sus casas. Finalmente tuvieron que abandonar sus viviendas y trasladarse a la otra margen del río. La zona tiene un bello paisaje con lagunas verdes y enormes dunas que merecen una parada. La laguna de Tatajuba, con sus aguas dulces y su paisaje de plácidas hamacas, es ideal para descansar un buen rato y darse un chapuzón.

Más lejos de “Jeri”, unos 50 km. hacia el oeste, se encuentran las dunas de Camocim, adonde se llega también en paseos en buggie atravesando riachos en Balsa y visitando extensiones de arena desierta de una belleza sin igual. En las dunas se puede practicar el tradicional “skibunda”, versión local de nuestro “culipatín”, en una tabla duna abajo en una travesía que puede terminar en un refrescante baño en la laguna.

AQUÍ, EL PARAISO.

Todos estos atractivos hacen sentir a los turistas de todo el mundo que el paraíso es aquí, aunque sin dudas todavía falta lo mejor. Hay quienes lo comparan con las mejores playas del Caribe, otros dicen que se parece a la Polinesia, mientras que algunos más específicos recuerdan postales de Maldivas. Se trata de la laguna Paraíso, paseo imperdible para quien visita “Jeri”. En realidad, cualquiera de estas comparaciones parece injusta porque esta enorme laguna de aguas dulces y colores soñados tiene –además de su belleza– una magia especial.

Conviene aclarar que, aunque muchas veces se habla de dos lagunas, la laguna Azul y la laguna Paraíso, se trata en realidad de un mismo espejo de agua que tiene diferentes trechos con características particulares. De aguas tibias y arenas de un blanco inmaculado, rodeada de dunas bajas cubiertas de vegetación, la laguna es un paisaje soñado. Algunos de sus tramos son de un turquesa intenso, mientras otros parecen de un verde esmeralda. En algunos tramos es posible caminar con el agua hasta la rodilla por bancos de arena, en otros fotografiar un paisaje desierto y en los más visitados, aprovechar la infraestructura de los bares y restaurantes que disponen de todo lo necesario para el relax.

El modo más tradicional de visitar la laguna es hacerlo en un paseo en buggie. En este caso el conductor y guía suele elegir en qué parte realizar las paradas. También es posible llegar en camionetas que van hasta Jijoca y dejan de paso a algunos viajeros en la laguna, aunque en estos casos es necesario combinar para que, sin falta, los pasen a buscar más tarde. En este caso, conviene conversar con el chofer y pedirle que nos deje en la parte que más se adecue a nuestras preferencias: la de mejor infraestructura, la más solitaria, la más turquesa, en fin, la solicitud dependerá de los gustos personales. Algunos trechos tienen puestos más simples y trampolines de madera sobre el agua. Otros, bares enormes que sirven todo tipo de comidas y bebidas. Algunos son muy frecuentados y otros bastante solitarios. Muchos cuentan con sombrillas de hojas de palma y sillas para descansar con los pies en el agua. Otros tantos disponen de las tradicionales redes que invitan a los viajeros a permanecer colgados descansando al ras del agua, apenas acariciando la superficie cristalina y disfrutando bajo el sol del majestuoso paisaje.

LA NOCHE.

El pueblo es un ovillo de calles de arena donde las posadas de lujo y los bares con onda se mezclan con las casas sencillas de los pescadores y que transitan con igual tranquilidad europeos descalzos y cabras despreocupadas. Aunque las calles no parecen más de una docena, es posible distraerse un buen rato entre las tiendas y los puestos de artesanías. Tampoco faltan los bares y los restaurantes con cocina local, con muchos pescados y mariscos, o internacional: es que muchos extranjeros que llegaron de visita a estas playas decidieron quedarse por aquí e incrementar la oferta gastronómica.

Por la noche, después del ritual de la puesta de sol, es posible elegir algún restaurante o comer algo liviano como crepes o las tradicionales tapiocas. Y, más tarde, algún lugar con música en vivo, entre los que se destacan los de reggae, forró y música electrónica. Un clásico para quienes se quedan hasta la madrugada es la panadería San Francisco, que abre cerca de las 3 am y congrega a quienes dejan los bares y las fiestas en busca de panes rellenos recién horneados.

A esa hora, se nota también que este paraíso tiene uno de los cielos más hermosos que se puedan apreciar: las calles no cuentan con alumbrado público, de modo que las estrellas parecen especialmente brillantes en la noche de “Jeri”.

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