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Europa

Eslovenia, el corazón verde de Europa

Para aquellos turistas que ya se maravillaron con las bondades de París, Londres, Madrid, Berlín o Roma, el Viejo Continente les propone un abanico de alternativas casi desconocidas que cautivan por su rica historia, cultura y naturaleza. El lado B europeo me sorprendió al recorrer las entrañas del primer país en independizarse de la antigua Yugoslavia.

Recorrer Europa es un privilegio que unos pocos pueden darse y si la recalada implica visitar el lado B del Viejo Continente y no las tradicionales capitales, el número de beneficiados es infinitamente menor.

En este contexto y con el expertise del operador receptivo Kompas, me adentré en un exótico itinerario donde descubrí un universo cultural, gastronómico y paisajístico practicamente desconocido.

El desafío significaba transitar por el corazón de la antigua Yugoslavia, y mezclarse con destinos sumamente atractivos y pueblos tan arraigados como modernos.

Con sus diferencias y similitudes, la travesía por Eslovenia me transportó a un pasado milenario; al tiempo que me mostró en primera persona los resabios recientes de la guerra de los Balcanes.

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Este pequeño país alpino –ubicado entre Venecia y Viena, a medio camino entre el océano Atlántico y el Mar Negro–, es mucho menos conocido que Croacia, Montenegro o Serbia, lo que hace de él un entrañable y preservado escenario.

Montañas, valles, bosques, cuevas, cascadas, viñedos, lagos, ríos y playas salpican el paisaje esloveno y le confieren una diversidad y riqueza que lo convierten en el corazón verde del Viejo Continente.

Así, con el 60% de su territorio cubierto de bosque, esta verdadera Europa en miniatura tiene una amplia oferta para un turismo orientado a la naturaleza, la aventura y el bienestar, en un ambiente sostenible y responsable.

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Para desandar la capital de Eslovenia, la premisa es transitar a pie o en bicicleta sus calles empedradas, las cuales han crecido alrededor del río Ljubljanica.

Para desandar la capital de Eslovenia, la premisa es transitar a pie o en bicicleta sus calles empedradas, las cuales han crecido alrededor del río Ljubljanica.

AIRE MEDITERRÁNEO AL PIE DE LOS ALPES.

Conocida como la ciudad del amor y famosa por su esencia medieval y dragones como estandarte, Liubliana, capital de Eslovenia, posee uno de los cascos históricos más bellos y pintorescos de toda Europa.

Para desandarla la premisa es transitar a pie o en bicicleta sus calles empedradas, las cuales han crecido alrededor del río Ljubljanica, donde bares y restaurantes permiten degustar una variada gastronomía a precios accesibles. La opción más recomendada es tomarse un café acompañado de un chocolate, la cual cuesta € 3,50.

En este “decorado poético”, próximo a celebrar sus 30 años de independencia y donde cada esquina rememora el pasado, destacan las numerosas fachadas renacentistas y barrocas; al tiempo que sobresale la plaza Preseren, que es la arteria de la ciudad y a la que se accede por el original Puente Triple, compuesto por dos pasarelas para los peatones y una para los autos.

Eslovenia
Para desandar la capital de Eslovenia, la premisa es transitar a pie o en bicicleta sus calles empedradas, las cuales han crecido alrededor del río Ljubljanica.
Para desandar la capital de Eslovenia, la premisa es transitar a pie o en bicicleta sus calles empedradas, las cuales han crecido alrededor del río Ljubljanica.

Al cruzarlo, nos empapamos con la verdadera alma de Liubliana: el Ayuntamiento, la Catedral de San Nicolás que data del siglo XIII y descolla por su cúpula de color verde, el Palacio del Seminario y el Mercado Central, donde se consigue desde leche “directa de la vaca”, pasando por zanahorias púrpuras y calabacines gigantes, hasta pescados del Adriático o salamines de ciervo, burro y oso.

Esta zona se encuentra bajo la atenta mirada de la montaña que alberga el castillo medieval de Predjaz, al que se accede caminando unos 20 minutos por senderos forestales sencillos o utilizando el funicular. La recompensa: unas vistas impresionantes de la ciudad y de los Alpes de Kamnik desde una fortaleza que sobresale por sus murallas, una torre pentagonal con dos puentes levadizos y la capilla gótica de San Jorge. El costo para ingresar al castillo es de € 10.

Ljubljana
Este

Este "decorado poético" está próximo a celebrar sus 30 años de independencia.

BLED, UNA POSTAL QUE DESCONOCE DE ESTACIONES.

A 45 minutos de la capital de Eslovenia hay un pequeño pero irresistible aperitivo natural: el lago de Bled. Este lugar conjuga todos los ingredientes para ser un escenario místico y mágico: agua de un color azul intenso, montañas alpinas de fondo, bosques verdes alrededor, leyendas y un castillo feudal que data del año 1000.

Símbolo de la belleza de Eslovenia, en este destino sobresale una isla con una iglesia en medio del lago, a la cual se accede, desde hace siglos, por embarcaciones tradicionales de madera manejadas por los “pletnarji” que reman de pie. El servicio cuesta € 12.

Al llegar a tierra firme, los visitantes pueden subir los 99 escalones de piedra hasta la Iglesia de la Asunción de la Virgen; así como tocar la campana que fue mandada a hacer por el Papa León X en el siglo XVI y pedir un deseo.

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Símbolo de la belleza de Eslovenia, Bled conjuga todos los ingredientes para ser un escenario místico y mágico.

Símbolo de la belleza de Eslovenia, Bled conjuga todos los ingredientes para ser un escenario místico y mágico.

Una mirada distinta de apreciar el encanto de Bled, es desde las alturas a través de una audaz paseo en globo aerostático. Lo recomendable es hacerlo por la mañana para contemplar el amanecer y tener impresionantes vistas de los Alpes Julianos, del Parque Nacional de Triglav y muchas otras áreas de la región.

Para terminar, una parada obligada en Bled es probar el tradicional postre Cremeschnitte. Se trata de una sabrosa tarta de vainilla, crema pastelera, hojaldre y azúcar glaseado; la cual se consigue por menos de € 5 y tiene al café con leche como su maridaje ideal.

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Con el 60% de su territorio cubierto de bosque, esta verdadera Europa en miniatura tiene una amplia oferta para un turismo orientado a la naturaleza, la aventura y el bienestar.

Con el 60% de su territorio cubierto de bosque, esta verdadera Europa en miniatura tiene una amplia oferta para un turismo orientado a la naturaleza, la aventura y el bienestar.

LA CUNA DE LA ESPELEOLOGÍA MUNDIAL

En suelo esloveno, la cueva de Postojna se presenta como la reina del subsuelo y es el lugar más visitado de Eslovenia. De hecho, en 200 años pasaron más de 35 millones de personas por su interior.

En este auténtico tesoro geológico y al igual que en la superficie, se elevan montañas, murmullan los ríos y se abren salas enormes, siendo un verdadero reto para los investigadores.

En este mundo subterráneo la estalagmita de cinco metros de altura y de color blanco reluciente llamada Brillante, es el símbolo de la cueva, que es, además, hogar de los proteos, los cuales según la leyenda son las crías del dragón.

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Al igual que en la superficie, en la cueva de Postojna se elevan montañas, murmullan los ríos y se abren salas enormes, siendo un verdadero reto para los investigadores.

Al igual que en la superficie, en la cueva de Postojna se elevan montañas, murmullan los ríos y se abren salas enormes, siendo un verdadero reto para los investigadores.

Por tanto, el verdadero viaje –es clave hacerlo en compañía de un guía–, comienza en un tren eléctrico que pasa por estrechos túneles junto a pequeños lagos, a lo largo de 3,7 km. El recorrido sigue con una caminata de dos kilómetros por las diferentes cuevas: “Sala de Espagueti”, “Sala Blanca” y “Sala Roja”. En la primera, el techo está lleno de delgadas estalactitas que recuerdan a la pasta italiana con salsa de tomate o salsa de queso; pasando por el otro salón donde predomina la cal y culminando en la cueva donde el óxido de hierro tiñó de rojo a las estalactitas.

Otro de los grandes atractivos de la cueva de Postojna, es la sala de Conciertos: esta enorme “habitación” con paredes de caliza cuenta con una acústica envidiable y suele albergar diversos espectáculos de música clásica.

Ljubljana
Montañas, valles, bosques, cuevas, cascadas, viñedos, lagos, ríos y playas salpican el paisaje esloveno.

Montañas, valles, bosques, cuevas, cascadas, viñedos, lagos, ríos y playas salpican el paisaje esloveno.

DATOS ÚTILES

Para esta travesía, la primer parada recomendada es la romántica capital de Eslovenia, Liubliana. A menos de dos horas de avión desde París, Londres o Fráncfort, las cuales cuentan con vuelos sin escalas desde Buenos Aires, se aterriza en este poético escenario.

A lo largo de todo el recorrido –que se transita por carreteras señalizadas y seguras– lo ideal es alojarse en dicha urbe eslovena, la cual contempla una oferta de alojamiento de lo más variada, que incluye desde establecimientos de 5 estrellas de estirpe como el InterContinental Ljubljana hasta albergues para la juventud.

Informes: www.kompas-online.net

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