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Andorra, el país de los Pirineos

El principado es un destino ideal para los amantes de la vida al aire libre, la naturaleza casi intacta y los deportes invernales. Además, cuenta con un destacado patrimonio histórico y una excelente gastronomía.
El principado de Andorra es un destino para toda la familia. La diversidad de actividades y servicios, el magnífico escenario natural que lo rodea y sus atractivos culturales hacen que 11 millones de turistas lo visiten anualmente.
El país está dominado por montañas, las que le otorgan su característico e imponente marco natural. En su medio centenar de picos de 2.000 metros de altura abundan la vegetación y la fauna. Valles, numerosos lagos, ríos y rincones aún sin explorar completan este retazo de belleza natural.
El visitante puede vivir Andorra a su gusto y medida, ya que las propuestas son muy variadas: van desde cómodos paseos en bus por las montañas hasta vuelos en parapente.
Aunque, sin duda, una de las actividades principales es el esquí. El país posee la mayor superficie esquiable de los Pirineos y ofrece tres estaciones, que por lo general abren el primer fin de semana de diciembre y cierran después de Semana Santa (algunas pueden continuar hasta principios de mayo).
En total, dispone de 174 pistas, 107 ascensores mecánicos y 1.357 cañones de nieve, que garantizan la práctica del deporte durante toda la temporada. La estación principal es Soldeu, ubicada muy cerca del paso fronterizo de Port d’ Envalira, mientras que el esquí de fondo se puede practicar en La Rabassa.
Para los más aventureros hay 60 rutas para escalada y refugios de montaña donde se puede descansar gratuitamente, junto a fogatas. También se puede practicar tirolesa, rafting, cabalgatas, ciclismo de montaña y senderismo.
Otra buena opción, mucho más tranquila, es la pesca de truchas en los ríos de aguas correntosas, que descienden de los grandes lagos en las cimas de las montañas.
En cambio, si lo que se busca es relax, nada mejor que un baño en Caldea, el centro termal por excelencia de toda Europa.
Por las noches, una propuesta interesante es mezclarse con sus pobladores en alguna de sus fiestas populares, en las plazas, donde el catalán, español y francés conforman una miscelánea tan característica como auténtica.
La buena cocina, local e internacional, invita a deleitarse en alguno de sus más de 500 restaurantes. Entre sus especialidades se recomienda las truchas, embutidos y setas, ingrediente básico para numerosos platos.
Las zonas comerciales son otros de los imperdibles del principado. Andorra la Vella y Escaldes-Engordany figuran entre los centros más importantes de Europa. Todo lo que se busque, por más insólito que parezca, seguramente estará allí. El motivo de la intensidad de la actividad reside en que Andorra es un país libre de impuestos. Sin embargo, los turistas deben tener en cuenta que tanto España como Francia –países limítrofes por los que indefectiblemente hay que pasar para salir- tienen aduanas en las fronteras. El mismo aspecto debe considerarse respecto al visado, ya que este estado no lo exige.
Desde España se puede acceder por Barcelona y Lérida. Desde Francia, a través del paso de Envalira, Perpignan, Tarbes y Toulouse.
En cuanto a la moneda, utiliza el euro desde la desaparición de la peseta española y del franco francés.

Un museo al aire libre.
Andorra es una de las naciones más antiguas de Europa, fundada por Carlo Magno como un estado destinado a contener los ataques de los musulmanes en la península ibérica. La autoridad fue repartida entre el obispo español de Urgel (Cataluña, España) y un representante del rey de Francia, y posteriormente por los emperadores y presidentes franceses. Actualmente es un principado parlamentario. Según la Constitución de 1993, Francia y España reconocen la soberanía de Andorra, que desde entonces propuso su candidatura para ser miembro de la Unión Europea. La Administración y el Gobierno residen en el Consejo General, conformado por las siete parroquias (forma de organización territorial) en las que se divide el territorio.
El estilo románico domina la arquitectura. Pueden visitarse las iglesias medievales, que fueron centro espiritual de sus pueblos, para apreciar sus pinturas murales y frescos. Estos templos son pequeños, armónicos y sencillos. En total suman 40, dato que hace de Andorra una ruta única por su cantidad y belleza.
Los amantes de la música tienen una cita obligada en los conciertos de órgano de estas iglesias y capillas. Entre las imperdibles se encuentran Sant Miguel d’Engolasters, Sant Joan de Caselles y Santa Coloma. La basílica de Meritxell, en cambio, combina estilos contemporáneos y clásicos. Fue construida en honor a la virgen del mismo nombre, patrona del principado, a la cual se venera anualmente con un llamativo festival a principios de septiembre.
Por otra parte, los edificios civiles también son interesantes y merecen una visita. Tal es el caso de la Casa de la Val -en la capital-, antigua sede de gobierno de Andorra. Cerca de allí se encuentra la ciudad balnearia de Escaldes-Engordany, que también cuenta con buenos exponentes de este estilo arquitectónico.
Para desplazarse por el territorio se pueden utilizar automóviles, taxis o el servicio interurbano de transportes.
Como último dato, es necesario saber que no se puede regresar de Andorra sin visitar el pequeño pueblo de El Serrat. Allí, su gente amigable y sus paisajes de ensueño completarán la experiencia del viaje como algo sólo descriptible con sensaciones.

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