Desde lo alto del Arco del Triunfo, la panorámica de París ya anochecida es magnífica. Al fondo de la avenida Champs Élysées, en línea recta, en la Plaza de la Concordia, la enorme rueda (la Gran Noria) girando plateada; a la derecha la torre Eiffel titilando con sus múltiples luces; y hacia la izquierda, en lo alto de Montmartre, la silueta iluminada de la basílica de Sacre Coeur. Dan ganas de quedarse horas y horas contemplando tan magno paisaje urbano, la ciudad destellante en su más pura plenitud. Abajo, en la famosa arteria, cientos de autos y miles de transeúntes conforman el intenso movimiento cotidiano característico del final de jornada.
A sólo tres cuadras del inmenso e icónico monumento, en el 116 de Champs Élysées, funciona desde junio de 1946 el legendario Lido, uno de los cabarets más afamados del mundo. Tener la suerte de estar invitado a concurrir a sus instalaciones, después de vivenciar esa deslumbrante panorámica de la urbe, es un verdadero privilegio. Así que, mezclado entre la multitud, camino lenta y relajadamente los trescientos metros hasta el famoso local. En la puerta, como todas las noches, la gente está agolpada esperando su turno para ingresar. Hago lo propio hasta que me reciben con amabilidad y me llevan hasta la mesa reservada. Comienza la función.
GLAMOROSO INICIO.
El legendario Lido fue creado por los hermanos Jean y Joseph Clérico, quienes decoraron al local que acababan de comprar inspirándose en la famosa playa Lido de Venecia. El cabaret fue inaugurado –el 20 de junio del año mencionado– con la revista musical “Sans rimes ni raisons” (Sin rimas ni razones).
Ubicado privilegiadamente en el número 78 de Le Champs-Élysées, el establecimiento había tenido un antecedente allí mismo, donde en 1928 un tal Edouard Chaux había construido una piscina subterránea en un elegante edificio y la había bautizado La Plage de París (la Playa de París). Ese lugar pronto se convirtió en “el” sitio social, donde los parisinos acudían con sus mejores galas para mirar y ser mirados, un punto social ineludible.
Quizás debido a ese antecedente el flamante local comenzó a ser muy concurrido y lentamente fue ganando fama no solo en París sino en otras ciudades de Europa.
En 1977, los hermanos Clérico compraron un edificio vecino con la finalidad de ampliar las instalaciones y agregarle un restaurante, ya que la idea era que los asistentes pudieran degustar un sabroso menú o unas buenas copas de champán mientras disfrutaban del espectáculo.
Fue entonces que el establecimiento pasó del 78 al 116 de Champ Élysées, a metros de la estación de subte y de la avenida George V, justo al lado del cine más grande de la época, el Normadie.
Desde entonces, la superficie que ocupa el Lido –en cuyo escenario también actuaron Elton John, Shirley MacLaine, Elvis Presley, Sammy Davis Junior y Laurel y Hardy– es de 7.500 m², a la que pueden ingresar más de mil espectadores.
La brillante noche del Lido
LOS TIEMPOS DE LA BOHEMIA.
Y esta noche soy uno de esos cientos de concurrentes. Tuve la suerte, también, de que antes del espectáculo me invitaran a conocer las bambalinas, donde pude apreciar los decorados, la gente trabajando –zurcidoras, costureras, zapateros– y hasta dialogar con una de las bailarinas, una encantadora mexicana que ya hacía dos años que formaba parte de las conocidas como Bluebell Girls, que junto a los Lido Boy Dancers son los encargados de llevar adelante el show de cada noche.
Como el costo de los espectáculos del Lido es muy alto, cada revista suele permanecer en cartel varios años. Desde el 21 de junio de 1946 se han representado 26 revistas: “Sans rimes, ni raisons” (1946), “Mississippi” (1946), “Made in Paris” (1947), “Confetti” (1948), “Bravo” (1949), “Enchantement” (1950), “Rendez-vous” (1951), “Voilà” (1953), “Désirs” (1954), “Voulez-vous” (1955), “C’est Magnifique” (1956), “Prestige” (1957), “Avec Plaisir: Pour vous” (1959), “Suivez moi” (1962), “Quelle Nuit” (1964), “Pourquoi pas?” (1966), “Grand Prix” (1969), “Bonjour la Nuit” (1971), “Grand Jeu” (1973), “Allez Lido” (1977), “Cocorico” (1981), “Panache” (1985), “Bravissimo” (1990), “C’est Magique” (1994) y “Bonheur”.
Esta última, que es la que está en cartel actualmente, fue estrenada el 8 de diciembre de 2003 con la dirección artística de Pierre Rambert, quien la concibió a partir de una idea que se desarrolla en cuatro cuadros. Así explicó el contenido el director: “Imaginé a una mujer-pájaro que llega en su nube de plumas a una costa en la que no existe la felicidad. Pero ella la descubrirá a través de cuatro universos: la mujer, París, la India y el cine”.
Mientras esperaba ansioso el comienzo de la obra saboreé el menú que me había tocado (una de las cuatro alternativas disponibles): tradicional foie gras de pato con chutney de ruibarbo como entrada; medallón de ternera con berenjena confitada, espárragos y habas de plato principal; exquisito vino, y pastel crujiente Crousti-Lido cubierto de chocolate negro como postre; una verdadera delicia preparada delicadamente por el chef Philippe Lacroix. De fondo, la Orquesta del Lido ejecutando valses y canciones populares, y en la pista que antecede al escenario, varias parejas bailando. Una romántica escena de otros tiempos.
PLUMAS Y TECNOLOGIA
A las 21 en punto comenzaron a atenuarse la luces; era la hora de la revista “Bonheur”. Ya de entrada el espectáculo asombra por su colorido vestuario, en el que resaltan las plumas y las lentejuelas. En total participan 70 artistas –entre bailarines, acróbatas, gimnastas y humoristas– que lucen 600 suntuosos trajes en 23 decorados. Las coreografías están a cargo de 42 Bluebell Girls y 16 Lido Boys, que entran y salen de escena según las alternativas de la historia desarrollada; y 24 sastras que facilitan los casi 30 cambios de ropa, algunos de los cuales se efectúan en menos de un minuto. Además están afectados al show 12 costureras, que mantienen los 600 vestidos; y 30 técnicos. Cabe remarcar que a lo largo de su historia el Lido ha recurrido a grandes diseñadores de la moda y la alta costura, como François Lesage o la casa Lemarie.
En cuanto al recinto, hay que destacar que consta de seis pisos, desde el escenario hasta el techo; una sala panorámica con 1.150 asientos, diseñada sin columnas, para garantizar una perfecta visibilidad; un ascensor gigante que permite bajar el suelo, donde se sientan 300 asistentes durante la cena, a unos 80 cm. hacia abajo para obtener una visión privilegiada; y una maquinaria tecnológica que incluye pista de patinaje, pantalla de agua y hasta una piscina. Otros números dan cuenta de la grandiosidad de este music hall: 23 decorados, un templo indio de 5 m. de altura, 80 mil litros de agua para la fuente y los chorros de agua, 150 mil lentejuelas, 500 pares de zapatos, 150 mil perlas, 60 mil cristales Swarovski para las 600 joyas de escena, 20 mil watts de potencia y 90 spots.
Con esta infraestructura y magnificencia, el Lido continúa brindando su deslumbrante espectáculo, que durante más de 65 años ha deleitado a parisinos y turistas de todo el mundo, quienes han vivido fascinados cada minuto de las revistas presentadas.

