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Ilha do Mel: secretos de un paraíso natural poco conocido

Agreste, natural, de enorme belleza, Ilha do Mel es una opción poco conocida y muy atractiva en el litoral sur de Brasil.

No se trata de un destino masivo, pero sí de uno de esos lugares inolvidables, ideales para quienes buscan un lugar agreste, tranquilo, simple y sobre todo, inmensamente bello.

Ilha do Mel es el secreto mejor guardado del litoral sur de Brasil. Desde 1975 protegida como patrimonio cultural y posteriormente declarado reserva ecológica para preservar sus ecosistemas únicos, en la isla las tierras no se venden sino que se alquilan por períodos largos a familias de moradores que las pasan de generación en generación. La ocupación de terrenos tanto por la población local como por los turistas, está controlada por un planeamiento estricto.

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De esta manera, la isla que se levanta como un tesoro a poco más de 30 minutos de las costas de Paraná, es especial para aquellos que buscan playas desiertas, vegetación exuberante, largas caminatas, paisajes únicos y posadas y restaurantes a la vez rústicos y encantadores.

Encuentro con el mar

Al desembarcar en Ilha do Mel, el visitante notará que allí no están permitidos los vehículos a motor ni la tracción a sangre. Su equipaje llegará hasta alguna de las posadas de la isla a bordo de una carretilla todo terreno o, si está más lejos, en uno de los taxis-lancha que prestan servicios entre las playas. A partir del muelle al que arriban los barcos desde el continente, se extienden dos hermosas playas y una calle que se abre paso entre la vegetación espesa. Esa calle es Nova Brasilia, el centro de la isla, donde se concentran unos pocos bares, restaurantes, quioscos, posadas, campings, tiendas y hasta acceso a Internet. Es importante saber, aun antes de embarcar, que durante la noche la calle que serpentea por entre el verde no está iluminada, de modo que para llegar hasta cualquier restaurante o bar, el viajero deberá ir con una linterna.

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Vale la pena caminar hasta la estructura blanca del faro que se levanta sobre un pequeño morro en un extremo de la playa.
Vale la pena caminar hasta la estructura blanca del faro que se levanta sobre un pequeño morro en un extremo de la playa.

Por momentos de manera paralelas a la calle, aparecen las playas Grande y do Farol. Vale la pena caminar hasta la estructura blanca del faro que se levanta sobre un pequeño morro en un extremo de la playa. El camino es sencillo, y la parte más alta de su estructura reserva la sorpresa de una vista deslumbrante de la playa ancha y de aguas mansas. Una pequeña lengua de arena que apenas mantiene unidas dos partes de la isla, aparece como el lugar ideal para un encuentro cercano con el mar. Al otro lado del morro, irrumpe una playa rayada de espumas, la favorita de los amantes del surf. A lo lejos, por último, se pueden ver los paredones de la Sierra do Mar. El faro que se levanta sobre el Morro das Conchas fue construido en 1870, comenzó a funcionar dos años más tarde y en la actualidad, a tono con la onda ecológica de la isla, es alimentado por energía solar.

Placeres

Otra caminata imperdible es la que se realiza desde Nova Brasilia para llegar a la Fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres. Ningún nombre más adecuado para esta bella construcción de piedras antiguas que se ubica con sus cañones y siluetas de cuento en una punta de la playa. Un poco más allá, algunos bares sobre la arena ofrecen delicias como panqueques de carne de cangrejo, jugos de frutas y reparadoras caipirinhas.

Recostado sobre el Morro da Baleia, el fuerte domina en canal de entrada de la Bahía de Paranaguá. Fue erigido en el siglo XVIII, cuando los pobladores de la zona vivían atormentados por la posibilidad de sufrir ataques de barcos piratas franceses, ingleses y españoles que hostigaban a las embarcaciones cargadas de oro y plata, o saqueaban las poblaciones costeras.

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La Fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres se ubica con sus cañones y siluetas de cuento en una punta de la playa.
La Fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres se ubica con sus cañones y siluetas de cuento en una punta de la playa.

Sin embargo, las costas de Paranaguá y las playas de Ilha do Mel no despertaron el interés de los piratas, que apenas paraban allí para refrescarse del cansancio de sus largos viajes y abastecerse de agua y alimentos. La fortaleza finalmente pudo su capítulo en la historia del Brasil cuando disparó en 1850 a la fragata inglesa Cormoran que tomaba prisioneros a barcos brasileños bajo la acusación de tráfico de esclavos.

Cómo llegar: Desde Curitiba, capital del estado de Paraná, la distancia hasta la isla es de 90 km. Existen dos opciones para llegar: la primera es ir en auto o bus hasta Pontal do Sul, donde se encuentra una terminal marítima de la que salen barcos muy bien equipados que, en 30 minutos de travesía llegan hasta Nova Brasilia, Encantadas o la playa de la Fortaleza. Otra alternativa es viajar desde la capital estadual hasta Paranaguá en un atractivo tren turístico. Desde allí hay barcos que llegan a la isla en 1 hora 45 minutos. Aunque este camino es más largo, en la isla varios habitantes locales lo recomiendan.

Informes: www.ilhadomel.com

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