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ARGENTINA

Jujuy: Purmamarca, para deshojar y redescubrir

La provincia argentina invita a redescubrirla una y mil veces para apreciar el perfil de la quebrada y sus pintorescos poblados como Purmamarca, donde el cerro de los Siete Colores, la feria artesanal y su gente conforman una postal única en el mundo.

Jujuy es un magma de colores e impresiones que vale la pena ir develando y descubriendo. Poco a poco, por capas, quitando un envoltorio para dejarse atravesar por el que sigue. Nadie que se precie de amante de los viajes puede ser indiferente al llamado de la Pachamama. Este amor personal por la “Tacita de Plata” comenzó allá por 2002, a partir de una primera incursión en el Norte argentino junto con amigos; y prosiguió en 2007, cuando decidimos zambullirnos más todavía junto a mi compañera de vida en la calidez y los ocres y naranjas de la quebrada. Tuvo su penúltimo capítulo en enero pasado, ya con dos hermosos críos que –al igual que sus padres– le declararon su amor a la provincia. Y el último stop de este periodista en tierras norteñas se produjo hace pocos días, junto a un grupo de periodistas tan indagador como divertido, en el marco de un viaje que tuvo como anfitriones a GGM Marketing Hotelero, El Manantial del Silencio Hotel & Spa, Flybondi y el Ministerio de Cultura y Turismo provincial.

JUJUY: EL MISMO AMOR, LA MISMA MÚSICA.

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El tradicional Paseo de los Colorados, que rodea al cerro de los Siete Colores.
El tradicional Paseo de los Colorados, que rodea al cerro de los Siete Colores.

Luego de un vuelo tan acogedor como intachable provisto por Flybondi, el contingente fue conducido a El Manantial del Silencio Hotel & Spa, bucólica propiedad situada en medio de los silenciosos y coloridos cerros de Purmamarca, adonde nos hospedaríamos por dos noches.

Haciendo honor a su nombre, el establecimiento despliega una propuesta basada en lograr que el huésped experimente allí una paz absoluta. Amplios y lujosos espacios, sumados al buen gusto en su arquitectura y decoración, hacen de este lugar un sitio único para absorber toda la mística del Norte argentino.

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En medio de los cerros de Purmamarca, El Manantial del Silencio despliega toda su majestuosidad.
En medio de los cerros de Purmamarca, El Manantial del Silencio despliega toda su majestuosidad.

Algunos datos para destacar: localizado a 500 m. del tramado urbano de Purmamarca, sobre la Ruta Nacional N° 52, El Manantial del Silencio Hotel & Spa fue construido en el año 2000, bajo la premisa de respetar un estricto estilo neocolonial español, así como la arquitectura de la zona: de este modo, por ejemplo, predominan en su hechura paredes de adobe, así como techos a base de cañas huecas.

En la actualidad, cuenta con 18 habitaciones Standard, una suite con una sala de estar, y una casa con dos habitaciones dobles y dos baños. Dispone además de sala de estar con TV, restaurante, bar, cava, salón para reuniones, business center y piscina. Para quienes buscan completar con más alternativas su cuota de relajación, El Manantial del Silencio Hotel & Spa dispone de un completo spa con jacuzzi –con la mejor vista a los cerros de toda Purmamarca–, ducha escocesa, masajes, sesiones de reiki y tratamientos faciales.

Luego de acomodar los petates en las confortables habitaciones, lo siguiente fue el reencuentro con esta tranquila población norteña: su gente entre cálida e introvertida, su feria de artesanías tan colorida como el cerro de los Siete Colores, ícono de este lugar en el mundo. Transitar las callejuelas de Purmamarca es sentir en la propia piel algo de su historia: seguramente su tamaño no ha variado demasiado desde que el poblado se erigió aquí, punto ínfimo ubicado entre los pliegues rocosos de la quebrada y un cielo de un azul imposible de creer.

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La serpenteante cuesta de Lipán.
La serpenteante cuesta de Lipán.

La fundación de Purmamarca fue una de las últimas de la región, ya que se le atribuye a su tercer encomendero, Martín de Argañaraz, en la segunda mitad del siglo XVII.

Testigos de su historia son, por ejemplo, el algarrobo histórico –ubicado a la vera de su plaza central–, cuya edad se calcula en al menos 600 años: allí fue delineada la escena de la detención de Viltipoco, cacique de los omaguacas y respetado líder de la resistencia contra los conquistadores en el siglo XVI, quien fue apresado por el ejército español mientras dormía. Y, según cuenta la leyenda, ese ancho tronco también abrazó con sus ramas al general Manuel Belgrano y su ejército, quien buscó reparo junto a sus hombres durante un descanso en la campaña por la Independencia.

El paso de la conquista colonial se evidencia a las claras en la arquitectura asimétrica de la Iglesia Santa Rosa de Lima, que data de 1648. Por fuera presenta líneas simples, con un techo a dos aguas de madera de cardón recubierto de barro, coronada por una torre elemental que alberga al campanario. Mientras que sus paredes interiores están decoradas con imágenes de Santa Rosa de Lima, pintadas en el siglo XVII por miembros de la prestigiosa Escuela Cuzqueña.

El ascenso al cerro Porito, un mirador ubicado muy cerca del casco urbano cuya subida presenta una muy baja complejidad, es otro imperdible. Una vez en la cima, lo aconsejable es llenar los ojos con todos los colores que irradia el famoso cerro, con el añil del cielo; y respirar hondo hasta completar toda la capacidad pulmonar. Y luego de todo esto, sólo conectarse, mate en mano, con el llamado siempre presente de la tierra. El clamor de la Pachamama, tan nebuloso e indefinible como inequívoco, que invita a cuidarla y a rendirle pleitesía.

SABORES QUE ABRAZAN.

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Una de las recomendables delicias del restaurante de El Manantial del Silencio Hotel & Spa.
Una de las recomendables delicias del restaurante de El Manantial del Silencio Hotel & Spa.

A la hora de la cena, una larga y fastuosa mesa ya había sido dispuesta en el restaurante de El Manantial del Silencio, en honor al contingente de periodistas. Con el alma llena de primeras imágenes e impresiones de Purmamarca, restaba hacer lo mismo con nuestros estómagos: llenarlos. Y en este preciso punto fue cuando la gastronomía del Norte hizo sus pases mágicos de encantamiento: es que la propuesta del reconocido chef Sergio Latorre –a cargo del restaurante del establecimiento– fusionó ante nuestros sentidos toda la impronta de la cocina andina con la delicadeza de ciertos productos gourmet. Su trabajo fue y sigue siendo minucioso, sobre todo por haber sabido encontrar el equilibrio perfecto entre insumo y preparación, y amalgamar los sabores de una manera exquisita. Altamente recomendable el cordero de estancia a la plancha con trigo mote y hongos; y las costillitas de cordero de Abra Pampa en larga cocción al horno de barro. Sencillamente, cada bocado se traducía en un torbellino de sensaciones en el que se conjugaban la música, olores, sabores y colores del Norte argentino.

SALINAS GRANDES.

Soy hija del qué me importa / Nieta del no te metas / Y aunque se abra la tierra / A mí no me harán callar.”

Doña Serafina Paredes de Vilte, notable coplera de Jujuy.

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Los bellos ojos de mar en las Salinas Grandes.
Los bellos ojos de mar en las Salinas Grandes.

Recorrer 66 km. desde Purmamarca –que incluyen el indescifrable serpenteo de la cuesta del Lipán–; ascender durante el camino hasta poco más de 4.100 msnm, para luego aterrizar en el fascinante escenario de las Salinas Grandes: es la rúbrica final de amor entre nuestra individualidad y el Norte argentino.

El visitante baja de la camioneta del Ministerio de Cultura y Turismo de Jujuy, y pone un pie en este inmenso campo blanco de 12 mil ha. a cielo abierto. Pisa sobre hexágonos blancos irregulares, toca el suelo con sus dedos y los acerca a su lengua: se imagina que está dentro de un paquete de sal gruesa. El firmamento, el sol que pica en la piel de tan fuerte, el silencio, lo extirpan de esa tonta ensoñación.

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Monerías en las Salinas Grandes.
Monerías en las Salinas Grandes.

Se acerca Nelda, nuestra guía turística, oriunda de la localidad jujeña de Santuario de Tres Pozos, quien con carácter firme y silencio puneño nos conduce en fila (“Hay partes del suelo muy quebradizas”, explica) a conocer los “ojos de mar”. Se trata de aguas subterráneas que llegan a la superficie y dan lugar a estas formaciones en las que el turquesa del agua contrasta fuertemente con el suelo blanquísimo.

Nelda sigue explicando: “Estamos caminando sobre territorio sagrado, según nuestras creencias. Y las comunidades cercanas decidimos organizarnos para ofrecer estas visitas guiadas para que grandes empresas no nos arrebaten nuestras tierras”. El consecuente silencio colectivo nos empujó al abismo del entendimiento, a la comprensión de la relación de amor y necesidad mutua entre la Tierra y el hombre.

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