Centroam. y Caribe | República Dominicana

Las gemas que atesora el norte de la isla

También bautizada como la Costa Ámbar por los resabios que posee de esta piedra semipreciosa, el borde norte de la isla abrió sus puertas al turismo y hoy muestra áreas consolidadas. Junto a ellas se levantan pueblos pequeños, bahías solitarias, playas de inconmensurable belleza, así como bosques y montañas para dejar fluir la adrenalina.

Hay algo extraño en esa pieza de ámbar: un insecto permanece atrapado en la estructura amarilla brillante. Uno se pregunta cómo fue a parar ahí el mosquito de aspecto pétreo. Sencillo: el ámbar no es de origen mineral, sino que es orgánico, resultado de una resina vegetal residual de algunos árboles que data de hace 25 a 40 millones de años, que la producían como una protección contra enfermedades e insectos. Después de exudar al exterior, la resina se endurecía y en muchas ocasiones, al escurrir sobre la corteza, llegaba a atrapar burbujas de aire, gotas de agua, partículas de polvo o incluso pequeños seres vivos.
Ese pequeño tesoro que guarda un pasado inmenso en su interior y que saltó a la fama en la película Jurassic Park debido a que el director Steven Spielberg la utilizó para un tramo de su película, se encuentra guardado en el Museo del Ámbar, en Puerto Plata (República Dominicana). La piedra semipreciosa fue la que le prestó su nombre a la costa norte del país -bautizada Costa Ámbar- por la gran cantidad de vestigios hallados en la región, pero también por los bellos paisajes, esas joyas invaluables que acopia en su geografía bendecida por la naturaleza. Tan rica es la zona, que presenta al visitantes numerosas alternativas que lo hacen un destino sumamente versátil.
Además de playas soñadas que cautivan hasta al más viajado de los viajeros, la costa norte dominicana está flanqueada por montañas, jalonada por bosques, regada por cascadas y ríos que proponen vivencias diferentes.

Comenzando por las playas...
Con más de 125 km. de playas, la región asegura buenas jornadas de puro sol y aguas cálidas, comenzando por Puerto Plata, otro destino que hace mención a una piedra preciosa. Esta vez la denominación la adquirió de boca de Colón, quien subyugado por el efecto que producía el sol sobre el mar la bautizó de esa manera. 500 años después continúa siendo una joya buscada por sus grandes extensiones de arena, que en estos años fue ampliada, y su ritmo sosegado. La playa de la ciudad, Long Beach; la que le continúa, que bordea las comunidades de hoteles de Costa Dorada, al igual que Playa Dorada, con sus all-inclusive; hoy lucen espléndidas.
Hacia el oeste de la ciudad se emplaza Cofresí, ideal para la práctica de surf y boggie-boarding gracias a sus agitadas aguas. Costámbar, por su parte, está protegida por arrecifes coralinos en el mar, y por una hilera de almendros, que otorgan una atmósfera apacible. Esta zona también cuenta con el parque marino Ocean World -a 15 minutos de la urbe-, donde los visitantes tienen la oportunidad de nadar con delfines, interactuar con tiburones, alimentar a las rayas, explorar un arrecife artificial y hasta probar suerte en el casino.
En plan de excursión, el cayo Paraíso es un promontorio de arena que a veces desaparece por las olas del mar, rodeado por arrecifes, siendo la meca de los buceadores y los menos avezados que se animan al esnórquel. El paseo también incluye una visita a los manglares y almuerzo en la playa de Punta Rucia.
Playa Grande, localizada cerca de Luperón, es una de las más largas en la costa norte y contiene varios restaurantes donde disfrutar de una buena comida a la vera del mar.
A 25 km. de Puerto Plata, Sosúa continúa siendo un gran imán para los turistas y para quienes buscan un lugar en el mundo para vivir, lejos de los problemas y las aglomeraciones. Es así como este sitio adquirió un estilo cosmopolita que se percibe en los bares y restaurantes, así como en los hoteles 5 estrellas y los resorts all-inclusive. Su playa en forma de U es muy buscada por sus aguas calmas y de color turquesa y por su telón de fondo espectacular que confieren los altos acantilados.
A 15 minutos se recuesta Cabarete, destino predilecto de los amantes de los deportes de aventura, pues sus olas constituyen un desafío para windsurfistas, veleristas y kiteboardistas. Las actividades náuticas se complementan con paseos a caballo o 4X4, caminatas por las montañas aledañas o skateboarding. Frecuentada habitualmente por el público joven, las noches en el destino son muy populares y la movida se concentra en la Carretera 5, donde se encuentran la mayoría de los bares y discotecas.

...Y siguiendo por la historia y la cultura.
Pero como una auténtica gema, Puerto Plata oculta un valor adicional a sus playas, pues posee un interés histórico-cultural que bien vale descubrir. Primero saltó a la fama por Colón al otorgarle el estatus de haber sido la primera ciudad europea en tierra americana, pero también por haber sido cuna de importantes próceres independentistas. Un legado de aquellos tiempos es la fortaleza de San Felipe, construida en 1477 para defender la ciudad de los piratas y luego utilizada como cárcel. El faro es otro sitio de interés, al igual que la zona histórica salpicada por un puñado de pintorescas construcciones de estilo victoriano que rodean al Parque Central, que datan de fines de 1800 y principios de 1900.
A una hora de trayecto vehicular despunta el Parque Nacional La Isabela atesora los restos de lo que se cree fue la iglesia donde se celebró la primera misa en el Nuevo Mundo. También existe un museo que conserva reliquias de los días del descubrimiento.

Lo que natura nos da.
A media hora de Puerto Plata, Damajagua constituye un oasis entre las montañas que demanda esfuerzo llegar. Para quienes deseen afrontar el reto deberán ascender durante una hora por las colinas para luego descender tres horas a través de las 27 cascadas que jalonan el lugar. Sin embargo hay una versión más simple para acceder a siete saltos.
Al sur, en tanto, se encuentra tapizando una colina, el Parque Nacional Isabel de Torres, regado por 15 ríos y arroyos subterráneos, y coronado por la estatua de Cristo Redentor, similar a la del Pan de Azúcar en Río de Janeiro. A esta zona se puede acceder por teleférico desde Puerto Plata.
Al tope de la montaña, se localiza un jardín botánico que hospeda una variedad de vegetación tropical y muchos pájaros, incluyendo cotorras, palomas, carraos y halcones de cola roja.
A lo largo de la Bahía de Samaná, camino al oeste, el Parque Nacional Los Haitises es conocido por la delicada diversidad ecológica de su costa de manglares, mixturada por formaciones rocosas y cuevas en donde se alojan pictografías y petroglifos. Como puerta de entrada está la comunidad de Sánchez, un puerto donde no puede dejar de probar los mariscos y pescados frescos. Este sitio es, además, un buen prólogo antes de llegar a Samaná, situada en la costa nordeste de la isla.
Inmaculadas playas esperan a los turistas: Cayo Levantado, aislado y paradisíaco, al que se llega con una lancha desde Samaná; y Las Galeras, pueblo de pescadores y puertas de entrada a Playa Rincón, catalogada como una de las tres mejores playas de la isla. Sin desarrollo hotelero, este sitio asegura un ambiente tranquilo, rodeado de cocotero y que dibuja pequeñas ensenadas. Hasta allí también es posible llegar en vehículos 4X4.
Samaná es también destino de las ballenas que se dejan ver del 15 de enero al 15 de marzo, cuando arriban a la bahía para aparearse y cuidar a sus crías.
Por la carretera de El Limón, accesible en el kilómetro 4 a la salida de Samaná, se puede visitar El Portillo y Las Terrenas. El primero de los destinos es elegido por los amantes de la pesca submarina; el segundo, en tanto, es un tanto más desarrollado turísticamente. Debido a sus aguas de poca profundidad, es ideal para el esnórquel. Saliendo de la península y con rumbo este, despuntarán destinos más conocidos por los movedizos turistas argentinos, como Punta Cana, pero eso ya es para otra nota.

A mover las caderas al ritmo del merengue.
Por las calles de Santiago de los Caballeros y en los hoteles de Puerto Plata, y también en las áreas rurales, en las casas cuando se mece a un bebé y antes de ingresar a las escuelas, el merengue se canta, baila y escucha en toda República Dominicana. Tanto que hasta ha pasado los límites de la isla y se ha introducido en el resto del mundo por su estilo contagioso.
Pero quien arriba a este destino podrá hallar sus raíces y disfrutar de la auténtica música interpretada con la güira, instrumento autóctono que se asemeja a un rallador de latón; la tambora y el acordeón. Incluso animarse a unos pasos con su pareja, vibrando con esta danza festiva, con movimientos de caderas, cuyo origen es confuso. Lo que se sabe es que surgió como una transformación afroamericana de la contradanza europea.
El merengue dominicano, como los merengues haitiano y venezolano, tuvo sus inicios en los salones a mediados del siglo XIX. Los campesinos de las varias regiones de la isla transformaron el merengue de contradanza a sus propias maneras, utilizando estéticas e instrumentos musicales propios. Lo que hoy en día se llama el merengue dominicano viene de una región de República Dominicana: el Cibao. Los diferentes estilos de merengue son: el merengue de atabales (en el este), el merengue palo echa'o, también llamado pri-prí (en Villa Mella), el merengue redondo (en Samaná), y el merengue cibaeño (en el Cibao).
En ese valle es justamente donde se erige Santiago de los Caballeros. Por la Calle del Sol encontrará comercios, hoteles, restaurantes, bares y varias propuestas nocturnas para tomar contacto con el merengue.
También merece una visita el Museo del Tabaco y la primera fábrica de cigarros La Aurora, establecida en el país desde 1903.

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