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Los encantos de La Habana y Cayo Coco

Un recorrido por dos de los lugares más fascinantes de Cuba –aunque tiene muchos otros–, que se distinguen por su riqueza cultural, en el caso de La Habana; y por las playas paradisíacas de Cayo Coco, que de a poco se recupera de los daños del huracán Irma.

Las horas en la isla pasan lento, como si el sol se acomodara en un buen lugar y se hiciera perezoso. Y mientras el oleaje del Caribe golpea los 5.746 km. de costa cubana, el día es un ir y venir de millones de turistas que arriban anualmente.

Cuba también es nostalgia. Podría decirse que una serie de boleros de “todo tiempo pasado fue mejor” y malecones que se acurrucan entre los cuatro o cinco azules del litoral caribeño. Un espectáculo paisajístico de ceibas, colinas perfectamente triangulares y prados verdísimos en contraste con casas coloniales, hoteles y mega edificios al estilo Le Corbusier.

La isla está dividida en 15 provincias y el Municipio Especial Isla de la Juventud. Tiene una población de más de 11.616.004 habitantes y un gobierno socialista a cargo de Raúl Castro. A pesar de los años de bloqueo estadounidense, Cuba se convirtió en un exponente líder en medicina, cultura y turismo.

Las ciudades más icónicas del país son La Habana, Matanzas, Santa Clara, Cienfuegos, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba. Algunas despuntan por su acervo patrimonial y otras por su belleza paisajística. De hecho, basta con aterrizar en cualquiera para corroborar la vista privilegiada. También para entender por qué se le ha llamado a Cuba “la Isla Grande”.

LA HABANA.

“No llores mi Habana: lucha y resiste. Mi linda Habana. La tristeza y la pobreza no doblegan tu belleza. ¡Habana! No llores mi Habana. Tierra mía incrustada en el Caribe. No te aflijas. Sé valiente y resiste un poco más”, cantaba un músico habanero junto con otros tres morenos más. Mientras tocaba la guitarra, los demás se encargaban de las congas y las maracas. Y a pesar de que eran cerca de las 2 de un jueves, se sentía la vida artística cerca del malecón del barrio El Vedado: uno de los más importantes de la capital cubana junto con Miramar y La Habana Vieja.

La capital cubana, originalmente llamada Villa de San Cristóbal de La Habana, está ubicada en la costa norte del país, de cara al Estrecho de Florida. Con 7.283 km², es la tercera urbe más poblada del Caribe y la primera en toda Cuba.

Sus atractivos más importantes son El Castillo de los Tres Reyes del Morro, el Centro Histórico de la Habana en conjunto con un sistema de plazas: Plaza de Armas, Plaza de San Francisco, Plaza Vieja, Plaza del Cristo y Plaza de la Catedral; el Paseo del Prado, el Teatro Nacional, el Museo de Bellas Artes, el Cristo de La Habana, la Catedral de La Habana, el Malecón de la Habana, el Parque Central, la Bodeguita del Medio, el Barrio Chino, el Cabaret Tropicana y los cientos de barcillos emergentes para escuchar jazz, bolero o son.

Y es que en Cuba se respira música. Pero sobre todo se percibe la cultura. Per se, La Habana es un museo al aire libre por su arquitectura colonial, autos clásicos, museos, teatros y espacios con tamaña carga simbólica como la Plaza de la Revolución.

Otra de sus estructuras emblemáticas es el edificio Focsa: una mega construcción del año 56, que se convirtió en una de las siete maravillas de la ingeniera civil cubana. También el Hotel Nacional, que data de 1930 y en la actualidad cuenta con 426 habitaciones, tres restaurantes, cinco bares y es el escenario del show de cabaret Parisién.

Pero la cultura va más allá. Además de las construcciones que en su mayoría han sido restauradas y la música mundialmente conocida, Cuba –y particularmente La Habana– también es un destino para el éxtasis gastronómico. Gracias a la mezcla entre los legados africanos y europeos, existen una serie de platos autóctonos que bien se pueden servir en el calor de una mesa familiar o en el mejor de los restaurantes.

Entre los platos más representativos del país están la ropa vieja (carne desmenuzada), el cerdo en cualquiera de sus presentaciones, el arroz blanco, los frijoles negros o moros, los caldillos de res, la yuca y el plátano maduro. Y gracias a las reformas económicas que vive el país desde los últimos años, hay cabida para la diversificación de los restaurantes privados en la región.

CAYO COCO.

Si el Edén existe, es probable que se parezca a los cayos cubanos: un sistema de islas e islotes, descubiertos entre 1513 y 1514 por los españoles. Ya sea por su imperturbabilidad o el vaivén mudo de las olas, es un paraíso terrenal cuyas playas se consideran las mejores del país y las más aptas para deportes náuticos.

Cayo Coco es parte de las islas que circundan Cuba. Con una extensión de 370 km2 dentro del Municipio de Morón, constituye un lugar con llanuras, acantilados, lagunas y manglares, conectados al resto del país a través de un pedraplén.

De hecho, existen dos maneras de llegar a Cayo Coco: vía aérea o terrestre. La primera opción consta de vuelos que no tardan más de una hora desde La Habana. Algunas de las compañías que operan al destino son Blue Panorama (bajo los planes de Cubatur), Cuba Jet y Aerogaviota. Por vía terrestre, el trayecto dura alrededor de cinco horas y puede ser realizado en automóvil o en bus.

Sin duda uno de los fuertes de Cayo Coco es la biodiversidad: las bandadas de flamencos que se posan sobre sus piscinas naturales, los corales que llevan años en procesos de descalcificación y la vida terrestre en sus costas. También la sensación de estar caminando sobre harina en lugares tan virginales como Playa del Pilar, Playa de Los Flamencos y Playa Larga.

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