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"Andarás bien por la 66"

Eso es lo que promete Bobby Troup en la canción “Get your kicks on Route 66” que es de su autoría, pero que fue inmortalizada por los Rolling Stones y reversionada por más de 40 grupos y cantantes, entre ellos el argentino Pappo. Tantas voces para dar vida a estos versos nos convencieron para iniciar la travesía por una de las arterias más emblemáticas de Estados Unidos que une Chicago con Los Ángeles, a lo largo de 5.215 km.
  • -Música (100 canciones seleccionadas especialmente para la ocasión, con alma y pasión rutera).
  • -GPS (es indispensable porque, si bien el sendero está señalizado como “Historic Route 66”, ramificaciones, caminos sin salida y empalmes con nuevas autopistas pueden llevar al conductor a rumbos equivocados. A no desesperar: el viaje es el destino en sí mismo, así que dejamos de lado el concepto “pérdida de tiempo”, incluso si estamos extraviados. Son esos momentos cuando precisamente nos topamos con poblados que ni figuran en el mapa, o con personajes con historias para contar y también con paisajes inesperados.
  • -Mate (como disparador de conversaciones con nuestro acompañante, para no añorar el hogar o simplemente para saborear algo rico durante el viaje).
  • -Información (es fundamental contar con algunos datos previos para poder entender el valor cabal de esta ruta en la cultura estadounidense, las historias que encierra, las tradiciones que aún perduran. A veces, basta con mirar una película antes de partir: Thelma & Louis es un clásico road movie que rescata estos escenarios y todos sus componentes).
  • -Cámara de fotos y anotador (las crónicas de viajes aseguran que durante el derrotero uno acumulará un sinnúmero de anécdotas, se topará con relatos de los protagonistas del lugar y se sorprenderá con imágenes de la carretera).
  • -Ropa, elementos de aseo y demás como para tres semanas (el tiempo es relativo, se puede hacer en dos como mínimo).

Este es el listado de lo imprescindible para un viaje que se iniciará en Chicago y finalizará en Los Ángeles. El interludio se compone de Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México y Arizona, es decir, 5.215 km. de un camino que nació en 1926 como fiel reflejo del progreso, tuvo su apogeo en las décadas del 50 y 60, pero en 1984 legó su protagonismo a la moderna autopista I-40. Sin embargo, del mismo modo que Nueva York, Miami o Los Ángeles, la Ruta 66 quedó como un emblema de Estados Unidos, reconocida por sus moteles con luces de neón, carteles y monumentos estrafalarios que rozan lo kitsch, restaurantes y bares frecuentados por personajes bien autóctonos (vaqueros texanos o granjeros que nos recuerdan a cientos de filmes), gasolineras solitarias y algunas abandonadas en el tiempo y poblados donde ven pasar veranos tórridos e inviernos impiadosos. (Cualquier similitud con la ficción –películas con James Dean, Easy Rider y hasta la más cercana en el tiempo, Cars– es pura coincidencia.)

PARTIMOS.

Días 1 y 2 - Chicago. Antes de apropiarnos del lugar que será nuestro hogar por casi un mes (el auto), haremos uso de nuestras piernas para caminar por varias horas (y días si es que tenemos) la ciudad de Chicago. El Loop es el centro dominado por rascacielos y donde se asienta la mayoría de los sitios de interés (el Millenium Park, con sus áreas naturales, esculturas y actividades de entretenimiento; el Art Institute of Chicago, el gran museo de arte; el Field Museum of Natural History, para los amantes de la naturaleza; y John Hancock Center, un rascacielo para obtener las mejores panorámicas de la urbe, forman parte de los imperdibles).

Vamos a Adams St. y Michigan Ave. porque, nobleza obliga, tenemos que conocer el estandarte que indica el inicio de la Ruta 66.

Como para rendirle un homenaje desde la letra y también a través del género musical cuya cuna está en esta ciudad, nos vamos escuchando un blues: “Sweet home Chicago”.

Día 3 y 4 - Illinois. La mayor parte de la ruta en este tramo desapareció bajo la sombra de la I-55. Tras desandar 96 km. y tomar Joliet Rd. llegamos a Wilmington. Nos vamos a dar cuenta en seguida, ya que nos recibe Gemini Giant, una escultura de un astronauta de 8,5 m. realizada en fibra de vidrio, fiel reflejo de la carrera espacial de mitad del siglo XX en la que participó Estados Unidos. Como esta estructura, en la carretera nos toparemos con otras figuras cotidianas de grandes dimensiones que tenían en otros tiempos fines publicitarios. Hoy forman parte del “arte” de la 66.

Más adelante se encuentra la Route 66 Hall of Fame, un espacio donde aprender más sobre esta arteria a través de fotos, información e historias. Aclaremos: la mayoría de los estados por donde se adentra la ruta ostenta un museo dedicado a este sitio de interés –la carretera–.

160 km. más entre mates, charlas y silencios, y arribamos a Springfield, la capital del estado. Bajamos para visitar el Shea´s Gas Station Museum, una colección de surtidores de gasolina y letreros de la 66. Cerramos la jornada en Cozy Dog Drive In, una leyenda de la ruta que ganó fama por servir salchichas rebozadas. Momento de estirar las piernas y abrirse a conversaciones con los lugareños para escuchar sus historias. Pispeamos la memorabilia y nos vamos escuchando “Deja correr tu motor adelante en la carretera, en busca de aventura…”(Born to be wild).

Días 5 y 6 - Missouri. La frontera con Missouri la marca el Chain of Rocks, un puente de 1929 que une las dos costas del río Mississippi, el cual actualmente sólo está abierto para peatones. Usamos el GPS ya que para llegar hasta allí hay que salirse de la ruta principal. St. Louis nos espera del otro lado del puente. Tenemos una bienvenida perfecta –nosotros y el resto de los viajeros–, ya que allí se levanta desde 1929 Ted Drewes Frozen Custard, un local que vende cremas heladas. Nos podemos quedar en este lugar o tomar rumbo al Route 66 State Park para relajarnos en el parque y después conocer el museo alojado en un antiguo bar.

Por la ventanilla alternan los campos de cereales con zonas boscosas mientras los minutos perpetúan su existencia. El tiempo parece detenerse hasta que nos topamos con las cavernas de Meramec que exploramos bajo las estalactitas. Salimos y nos percatamos que las horas volaron. Definitivamente en la ruta el tiempo adquiere otra dimensión. Buscamos un hotel y damos con el Wagon Wheel Motel que atiende desde 1936. Luce su característico letrero de neón y los dueños son fans confesos de la ruta, de manera que la oportunidad es propicia para charlar sobre anécdotas y personajes del lugar. Nos vamos a dormir escuchando una canción suave: “Crazy” de Aerosmith, cuyo video muestra a dos adolescentes escapando por una ruta.

Día 7 - Kansas. Su participación en este enorme derrotero es ínfimo: sólo 20 km. cubre la 66 en este estado. Cars on the Route, en Galena, es una antigua gasolinera devenida en restaurante e inspirada en los personajes de la película Cars. Seguimos sumando kilómetros, horas y desvíos durante la travesía mientras el GPS se convierte en un elemento indispensable de nuestro hogar-auto. En esta oportunidad dejamos por un rato la ruta principal por Riverton para llegar hasta Pittsburg. Nuestra meta: probar el pollo frito tan usual por estos confines.

Retornamos a la senda que es la protagonista de nuestro viaje y que sigue derrochando nostalgia a cada kilómetro para cruzar el Marsh Rainbow Arch Bridge, un puente que data de 1923. Pasamos por Baxter Springs, un sitio de interés histórico, donde se produjo una matanza durante la guerra de Secesión. Arribamos al Kansas Route 66 Visitor Center, otrora gasolinera Phillips 66. El paso fugaz resultó igualmente interesante. Nos vamos escuchando “Kansas City”, en la versión de The Beatles.

Días 8 y 9 - Oklahoma. Llegamos al estado que más kilómetros posee en la mítica ruta. Hay tramos que se conservan originales, como el sendero que atraviesa el río Neosho, donde se aprecian los 3 m. de ancho que tenía la 66; y hacia el oeste, la E 140. Nos volcamos por dos propuestas que rozan lo kitsch: el Totem Pole Park, un ejemplo del arte folk reflejado en sus coloridas esculturas de hormigón; y la gran ballena azul de Catoosa, una enorme estructura con forma de cetáceo y varios toboganes, que yace sobre un lago.

Pasamos por Tulsa, miramos el cartel de neón de Meadow Gold y seguimos raudos a Oklahoma City, en uno de los trayectos más largos de la ruta. Escuchamos a AC/DC con “Highway to hell”, rock en estado puro, estallido de guitarra eléctrica y batería, voces al límite. Llegamos a El Reno, célebre por su hamburguesa con cebolla frita. Intentamos seguir la huella de la 66 pero ésta se escabulle bajo las nuevas autopistas. Cada día somos más amigos del GPS. En Clinton y en Elk City descubrimos más museos dedicados a la ruta (y van…)

Día 10 - Texas. Al este de Amarillo nos topamos con Bug Ranch, una obra de arte en homenaje a la carretera madre, concebida con cinco vehículos escarabajo cuyas figuras brotan del suelo. Se trata de una copia bastante fiel de Cadillac Ranch, sólo que ésta fue plasmada con 20 Cadillacs. Entre una y otra hay un par de atractivos para ver: Big Texan Steack Ranch, un restaurante donde sirven un bife de 2 kg. y cuyo desafío es comerlo en menos de una hora para no pagar nada. Está también Downtown Amarillo, que conserva tiendas originales de la ruta que datan de mediados del siglo pasado. Una imagen de la América retro. Escuchamos un tema de la década del 60, The Last Race, de Jack Nitzsche.

Días 11 y 12 - Nueva México. La llanura monótona queda atrás en el camino para dar paso a un nuevo paisaje conformado por montañas y acantilados, volcanes y cañones poblados con casas de adobe. Aquí nuevamente la 66 se escabulle entre las nuevas autopistas y el avance de la naturaleza. Llegamos a Tumcari, donde descubrimos viejos moteles y gasolineras. Seguimos hasta Santa Fe, que despliega una fisonomía chic de museos, galerías de arte y restaurantes gourmet. Albuquerque marca el final de la travesía.

Más allá de los atractivos de cada enclave, lo verdaderamente interesante es la ruta de montaña y las posibilidades de practicar turismo aventura.

Días 13, 14 y 15 - Arizona. En este estado el cuentakilómetros pegará un salto importante (casi 700 km.), por lo cual destinaremos unos cuantos días al trayecto, no sólo por la distancia sino también por la variedad de atractivos. Comencemos por el Petrified Forest National Park, que despliega unos cuantos árboles añosos y fosilizados.

La próxima parada es Holbrock: podríamos no detenernos, pero el Wigwam Motel amerita una estadía. Se trata de un establecimiento cuyas habitaciones tienen la forma de una carpa a la usanza india, aunque están equipadas con muebles de nogal. Encendemos el auto para continuar viaje y al cabo de unos kilómetros nos encontramos con el Meteor Crater, una marca de 167 m. de profundidad y 16 m. de diámetro que dejó un meteorito a su paso por este planeta.

El tramo que sigue está plagado de carteles del pasado. Y por fin arribamos a uno de los principales sitios de interés del estado y del país: el Gran Cañón del Colorado, escenario que exhibe las diferentes eras de la Tierra. Lo más usual es acercarse a él por el lado sur, donde se organizan variadas excursiones con los buses del parque. La más sencilla es el Rim Trail, pero si se busca adrenalina el South Kaibab constituye uno de los senderos más bonitos con ascensos y descensos que cortan la respiración y aceleran el corazón.

Faltan pocos kilómetros para dejar el estado, pero vale la pena hacer una última parada en Oatman por su paisaje singular, por momentos absurdo. Se trata de un antiguo pueblo minero, donde Clark Gable y Carol Lombard pasaron su luna de miel. Pero también, donde los burros salvajes son los amos y dueños del lugar: merodean las calles y hasta detienen el tránsito. Dicen que son los descendientes de aquellos que eran utilizados para la minería.

Días 16 y 17 - California. Atravesamos el desierto de Mojave y llegamos a Los Ángeles. Un The End aparece en nuestra mente cerrando un largo viaje que fue casi como una road movie. Pero antes del final, nos vamos a dar una vuelta por la ciudad: Downtown, Hollywood, Beverly Hills, Venice, Long Beach y Santa Mónica. Antes de dejar el auto en el aeropuerto escuchamos la canción “Get your kicks on Route 66” y mil recuerdos se nos viene a la memoria.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: no hay vuelos directos hasta Chicago. United, Aeroméxico, Copa, LAN y Delta operan haciendo una escala.

Cuándo ir: la mejor época es de mayo a septiembre. En verano el calor aprieta en las zonas desérticas y en invierno la nieve puede dificultar el tránsito.

Recomendaciones: afiliarse a un club del automóvil que ofrezca asistencia, como la American Automobile Association, que a la vez tiene acuerdos con organizaciones internacionales similares. Otra cuestión importante es tener en cuenta que hay tramos de la carretera sin estaciones de servicio. Preguntar antes de encarar el viaje.

Informes: www.illinoisroute66.org, http://missouri66.org/, www.oklahomaroute66.com y http://azrt66.com/.

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