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Nueva York: Un mordisco a la Gran Manzana

Tres días en la Gran Manzana bastaron para conocer algunas facetas poco conocidas de esta urbe, cuyos puntos de interes turístico comienzan a extenderse a barrios que perdieron su fama de violentos.

Nueva York es "mi lugar en el mundo". Una ciudad que siento vibrante, dinámica y con muchas alternativas para pasarla bien. Además, es limpia y muy segura. Hago mías las palabras que una vez le escuché decir al por entonces alcalde Giuliani (mentor de la "tolerancia cero" que tan bien le hizo a la urbe): "Washington es la capital de Estados Unidos, Albany es la capital de Nueva York y Nueva York es la capital del mundo". Unas semanas atrás tuve la suerte de regresar a la Gran Manzana gracias a una invitación de NYC ' Company (la Oficina de Turismo) en colaboración con American Airlines, única aerolínea que vuela sin escalas desde Buenos Aires. Fueron tan sólo 72 horas, muy intensas por cierto. En Kennedy me esperaba un transfer VIP de GO Alirlink NYC que rápidamente (era sábado de madrugada y las autopistas estaban con poco tránsito) me dejó en el Park Central, hotel que tras su añoso edifico esconde un look moderno y minimalista. La ubicación es inmejorable: a pasos del Central Park, de la movida de los teatros de Broadway y el vértigo de Times Square. Un tip: las habitaciones estándar son muy pequeñas; conviene optar por las de categoría superior. Esa mañana desandé las pintorescas calles de Chinatown y del Soho para terminar en el distrito financiero, donde comienzan a verse las obras de lo que será la torre 1 World Trade Center (proyecto conocido como Freedom Tower), sobre el terreno que ocupaban las Torres Gemelas. Además, aproveché para hacer las siempre necesarias compras de electrónica en J'R, a mi entender el mejor lugar -por precio y stock- no solo de Nueva York sino del resto de Estados Unidos. Está sobre Park Row, entre las calles Beekman y Ann, ocupando casi toda la cuadra. Tras un almuerzo ligero partí hacia el "midtown" para hacer el tour de los Estudios NBC (National Broadcasting Company), propuesta que me llevó al "detrás de las escenas" de esta cadena de televisión, una de las más grandes de la Unión. Se recorren estudios, una sala de control y, si el horario concuerda, se pueden presenciar grabaciones del popular programa Saturday Night Live. Algo distinto, para fanáticos y no tanto de la pantalla chica (NBC Rockefeller Plaza, 49 West entre las avenidas 5ª y 6ª; entrada: U$S 19,25). De allí, al adyacente observatorio Top of the Rock, en el piso 70º de uno de los rascacielos más famosos de Manhattan, el Rockefeller Center. Son varios niveles que brindan sorprendentes vistas de Nueva York y sus alrededores. Mejores incluso que las del Empire State, especialmente hacia el nordeste, ya que se puede apreciar toda la inmensidad del Central Park y más allá como Manhattan va desdibujándose en la confluencia de los ríos Hudson y Harlem. Dicen que en días luminosos la vista alcanza unos 130 km. Un imperdible por U$S 21. Para coronar la larga jornada, cené en GustoOrganics, el primer restaurante 100% orgánico de Nueva York, certificado por el Departamento de Agricultura estadounidense. Ambientado sin mayores pretenciones, ostenta una carta tentadora de "comida sana", con sabor pero sin químicos ni modificaciones genéticas en sus ingredientes. Tiene pizzas, carnes, pastas y mucho más. Un exitoso emprendimiento que arrancó a principios de 2009 de la mano de un argentino, Alberto González, quien asegura que "para mí, fue la oportunidad de ganar dinero haciendo correctamente las cosas". En el 519 de la Avenida de las Américas, esquina con la calle 14.

DE HARLEM AL BRONX.

El día siguiente se lo dediqué a dos suburbios que tienen mucho por ofrecer pero que muchos visitantes suelen dejar de lado. A la mañana, el Harlem, cuya fama de barrio violento hace rato que quedó atrás. Era domingo y, claro, no me podía perder una misa Gospel. La disfruté, especialmente por la vitalidad musical de su orquesta y coro, en The Abyssinian Batist Church, donde -como en la mayoría de los templos- los visitantes son bienvenidos. También recorrí el teatro Apollo, donde brilló Sarah Vaughan; el Cotton Club original, que tuvo a Duke Ellington entre sus grandes estrellas; y la catedral St. John The Divine, que comenzó a construirse en 1892 y aún no fue terminada. Cuando concluyan los trabajos, será la construcción neogótica más grande del mundo. Otro almuerzo ligero y de allí al Bronx, que transité en el Culture Trolley, réplica de un tranvía del siglo pasado, gratuito, que recorre las principales atracciones culturales, restaurantes y lugares de ocio de otro distrito otrora tan temido como el Harlem. La zona comercial, Fordham Road, reúne a unas 300 tiendas comerciales, sin embargo lo mejor es Wave Hill, un encantador parque público a orillas del río Hudson. Tiene pérgolas y flores multicolores, pasadizos coronados de enredaderas, frondosos árboles y espacios verdes frente al agua. Un tesoro lleno de vida natural que ocupa casi 120 mil m². De allí, sin escalas, a la luces de Broadway, para ver Chicago The Musical, obra que lleva 13 años en cartel y más de 5 mil funciones realizadas. Una puesta en escena estremecedora y emotiva, ganadora de seis premios Tony, que lleva la firma del coreógrafo Bob Fosse. En el Ambassador Theater, 219 West de la calle 49 (entradas desde U$S 105). Luego cené en Bubba Gump Shrimp Co., "balconeando" sobre Times Square y disfrutando de la especialidad de la casa: camarones y langostinos en las más diversas preparaciones. El ambiente es informal, la atención muy cordial y los precios son accesibles (Broadway 1501, entre las calles 44 y 45).

SORPRESAS DE DESPEDIDA.

El lunes, último día en la Gran Manzana, desayuné en un hotel de lujo, The London, con dos ejecutivos de NYC ' Company: Chris Heywood, vicepresidente de Viajes, Turismo y Relaciones Públicas; y Pamela Valdez, directora de Desarrollo Turístico para las Américas; quienes luego me acompañaron hasta el Centro de Informes de la organización, sobre el 810 de la Séptima Avenida. Esperaba encontrarme en un sitio más como tantos otros, con una buena provisión de folletería, mapas, material promocional y punto. Pero no fue así. El local es de aspecto futurista, con enormes pantallas táctiles de última generación que permiten explorar en 10 idiomas (español incluido) restaurantes, tiendas comerciales, museos y otros puntos de interés turístico, barrio por barrio. Ideal para confeccionar un itinerario a medida, con lo que realmente uno quiere ver y hacer. El programa oficial de actividades de este corto pero sustancioso viaje terminaría en un revitalizado sector del West Side, donde un viejo y olvidado ramal ferroviario en altura fue convertido algunos meses atrás en un singular paseo público. Se trata de The High Line, tiene 2,3 km. de largo y cuenta con accesos por las calles 14, 16, 18 y 20. En el otoño boreal se extenderá hasta la 30, uniendo tres barrios que están cobrando gran notoriedad: Meatpacking District, West Chelsea y Hell's Kitchen/Clinton. Un área "cool", donde fábricas y depósitos industriales fueron cediendo espacio a restaurantes, galerías de arte, estudios de diseño, hoteles y residencias. Una par horas libres, antes que el transfer me condujera al Aeropuerto Kennedy, bastaron para acercarme a Syms, sobre el 400 de Park Avenue. Casi oculto, atesora varios pisos con ropa, calzado y accesorios de primeras marcas a precios increíbles. Satisfecho, pero con gusto a poco, abordé el "triple siete" de American que me traería de vuelta a casa convencido de un pronto regreso. Mi lugar en el mundo siempre está esperándome.

DATOS UTILES

Rápido y económico. El sistema de subterráneos neoyorquino, a cargo de la Metropolitan Transportation Authority (MTA), constituye la mejor alternativa para moverse por toda la urbe. Funciona las 24 hs. uniendo 734 estaciones.

•El pase diario ilimitado, llamado Fun Pass, cuesta U$S 8,25; el de siete días, U$S 27. The New York Pass. Un pasaporte que brinda acceso a 55 atracciones, incluyendo museos, excursiones y cruceros con cena, entre otras opciones. En sitios con mucha demanda, dispone de una vía de acceso rápida (Fast Track). Puede adquirse en el Centro de Visitantes y cuesta U$S 125 por tres días o U$S 165 por siete (menores, U$S 105 y U$S 125, respectivamente).

•Propinas. Una institución neoyorquina que debe respetarse. El porcentaje usual para mozos de restaurantes, bartenders y taxistas es del 15-20%. Muchos taxis tienen incorporado un sistema electrónico para el pago con tarjetas de crédito, pudiéndose añadir la propina.

Informes: NYC & Company posee una completa página web en español que incluye guías de compras, restaurantes, vida nocturna, hoteles y atracciones de los cinco condados (Manhattan, Bronx, Brooklyn, Queens y Staten Island). Se accede a través de: www.nycgo.com/es.

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