Viajando

San Andrés: playas, reggae e historias de piratas

En medio del mar Caribe, sus playas tienen el encanto que les da una mezcla de historias de piratas, ritmos negros con letras en un inglés musical y el sabor de los lugares únicos.

Aunque la isla es parte del territorio colombiano, se encuentra a casi 800 km de ese país, y mucho más cerca de las costas de Nicaragua. La banda sonora de San Andrés tiene más reggae, soca y calypso que cumbia o vallenato. El idioma oficial es el español, pero muchos de los habitantes locales, descendientes de esclavos, hablan un inglés con ritmos de Africa. Viven el tiempo con la cordialidad transparente de quien comprende profundamente la naturaleza y juegan al dominó con un entusiasmo típicamente caribe.
Dice la historia que la isla fue descubierta por los españoles. Hay incluso quien afirma que estuvieron en la ruta de Cristóbal Colón en su primer viaje, en 1492. Sin embargo, pronto llegaron puritanos ingleses, colonos holandeses, leñadores jamaiquinos, esclavos negros y algunos piratas. En la lista de datos curiosos debe apuntarse que un francés llamado Louis Aury gobernó las islas con la intención de anexarlas -quién sabe cómo- a lo que hoy es territorio argentino. Sin embargo, de alguna manera primó la cordura y las islas pasaron a depender del más cercano Virreinato de Santa Fé. Mucho después, a partir de 1953, San Andrés se convirtió en puerto libre al tiempo que se instaló allí una nutrida y pintoresca comunidad árabe que aún hoy maneja el comercio.
Los nativos suelen vivir en la zona sur de la isla, aunque por todas partes, entre árboles de fruta de pan, se ven casas de arquitectura inglesa, con techos de chapas acanaladas pintadas de colores. La Casa Museo Isleña muestra las características de esas viviendas tradicionales de madera, con una escalera alta que eleva los pisos para protegerlos de posibles inundaciones. "Las casas con balcón hablan de gente de buen corazón", asegura un dicho local, por eso la arquitectura isleña es pródiga en galerías en las que los sanandresanos se sientan a tomar el fresco y mirar a la gente pasar.
El punto más alto de la isla es La Loma donde, a 120 msnm., está la primera iglesia bautista (1847) y un mirador desde el que se ven como un dibujo los siete turquesas de los que sólo pueden jactarse las playas más lindas del Caribe y, cerca de la costa, algunos cayos con siluetas de palmeras.

El acuario.
Como si los colores transparentes de su mar calmo no fueran suficiente atractivo, San Andrés está rodeada de arrecifes y tiene arenas coralinas, blanquísimas, y con la enorme virtud de no calentarse con el sol. Las playas que se encuentran cerca del West End -el poblado principal de San Andrés- son las más anchas y agitadas, aunque muchos prefieren las de San Luis, un poblado costero con pintorescas casas y restaurantes de nativos. En el lado oeste de la isla, en cambio, las costas son de roca coralina que, tras emerger del mar, fue fosilizada por los rayos del sol. Allí está lo que se conoce como el "West View" o "la piscina": es básicamente un trampolín sobre la roca, y el lugar es elegido por muchos para hacer snorkel porque sus aguas son transparentes. Las costas de San Andrés son extremadamente bellas, pero más aún lo es el fondo de su mar, ideal para el snorkel o para la experiencia única de bucear entre sus muchos tesoros.
Si las playas de San Andrés parecen soñadas, las de Johnnie Cay y el Acuario superan en mucho los límites de cualquier imaginación febril. A pocos minutos en barco desde el centro de San Andrés, Johnnie Cay es un cayo que puede rodearse en pocos minutos de caminata. Después de recorrerlo, la mejor opción es disfrutar del mar y tomar, a la sombra de las palmeras, un trago típico que suelta sus perfumes de ron desde el interior de un coco frío. Cuando las lanchas llegan a buscar a los turistas, muchos se resisten a embarcar evitando despedirse tan pronto de un lugar tan soñado. Es porque no saben lo que les espera tras unos pocos minutos de navegación. El Acuario y Haynes Cay son dos delgadas lenguas de arrecifes y arenas blanquísimas, separadas por algunos metros de agua que pueden atravesarse caminando sin mojarse más arriba del ombligo. El Acuario se llamó en algún momento Rose Cay, pero supo ganarse este nombre por la enorme riqueza de los peces que lo rodean y se refugian en sus formaciones coralinas. Abundan unos grandes y transparentes, con dibujos amarillos y negros, aunque también pueden verse otros pequeñitos de colores muy brillantes y hasta alguna raya temeraria que se pega al fondo hasta confundirse con la arena.

Piratas y tesoros.
Desde el siglo XVI San Andrés fue tomada por piratas y corsarios ingleses: los nativos se enorgullecen de comentar el paso por estas tierras de Francis Drake, Henry Morgan (l660) y Edward Mansfield (1670), quien la utilizó como base para atacar las costas de Panamá y saquear Santa Marta.
Hay quienes aseguran que quedaron enterrados en la isla muchos tesoros. Lo que sí es seguro es que quedaron por allí muchas leyendas. En cualquier mapa de San Andrés está señalada la "Cueva de Morgan". Es una caverna con 35 m de profundidad y 120 m. de largo, que alguna vez estuvo tapada por el mar. Sin embargo, los isleños aseguran que Morgan nunca estuvo allí. Sí enterró sus tesoros, afirman, en la parte alta de la isla, hacia el sudoeste. Sostienen también, que el oro que Morgan ocultó para no compartirlo con la corona, debe ser recuperado con la ayuda de un potente hechizo porque el corsario elegía a algunos de sus mejores hombres para conferirles el dudoso honor de quedarse en la misma fosa para custodiarlo pos mortem.
¿Alguna vez alguien desenterró un tesoro en San Andrés? Parece que sí pero, al igual que Morgan, decidió ocultarlo para no compartirlo con las autoridades quienes, de haberlo sabido, se hubieran quedado con un 70%. El afortunado es conocido en la isla como El Mexicano. Como los piratas de los cuentos, hace unos 30 años desenterró de algún lugar de la isla una buena cantidad de lingotes de oro con el sello de la realeza española y se fue con rumbo desconocido, a navegar los siete mares con su buena fortuna.

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