Sudamérica | Argentina

Tras la huella del Che

Antes de convertirse en el "Che", Ernesto Guevara y su amigo Alberto Granado realizaron su primer viaje por Latinoamérica, que culminó en Venezuela. Así, recorrieron gran parte de la Patagonia argentina a bordo de "La Poderosa II", la moto que los acompañó y resistió hasta llegar a Chile. En esta nota, la descripción del recorrido, el relato de los mismos soñadores y la propuesta de seguir su huella por los caminos del sur.

“Sin embargo, hay momentos en que pienso con profundo anhelo en las maravillosas comarcas de nuestro sur. Quizá algún día, cansado de rodar por el mundo, vuelva a instalarme en esta tierra argentina y entonces, si no como morada definitiva, al menos como lugar de tránsito hacia otra concepción del mundo, visitaré nuevamente y habitaré la zona de los lagos cordilleranos”.
Ernesto Guevara.

EL CHE ANTES DEL CHE.
Ese emotivo relato de quien más tarde se convirtiera en el gran líder revolucionario surgió en el marco de lo que fue su viaje revelador, iniciado el 29 de diciembre de 1951 junto a su amigo Alberto Granado. 

Partieron desde Córdoba con la idea de realizar un viaje por Sudamérica a bordo de “La Poderosa II”, la moto Norton de 500 cc. que los acompañó durante su recorrido por Argentina y debieron abandonar en Chile.
Durante toda la travesía Guevara fue tomando notas de sus experiencias en su diario de viaje, el cual en la actualidad puede conseguirse en la mayoría de las librerías, ya que fue editado bajo el título “Notas de viaje”.
La ruta de los soñadores aventureros alcanzó numerosos destinos, entre ellos Buenos Aires, Villa Gesell, Mar del Plata, Miramar, Bahía Blanca, Choele Choel, Cipolleti, Piedra del Águila, San Martín de los Andes, San Carlos de Bariloche y el cruce a Chile por Peulla.
Si bien es allí donde culminará el contenido de esta nota, vale recordar que el viaje continuó hacia Santiago, donde debieron abandonar la moto, para continuar en barco, a pie y a dedo por diversas ciudades de Chile, Bolivia y Perú. Allí, en Lima, conocieron al médico Hugo Pesce, distinguido especialista en lepra y dirigente del Partido Comunista Peruano, y por su intermedio viajaron al leprosario de San Pablo, a orillas del río Amazonas. Más adelante -a bordo de la balsa “Mambo-Tango”- navegaron río abajo hasta Leticia, en la frontera con Colombia, donde trabajaron como entrenadores de fútbol.
Luego continuaron hasta Bogotá, y más adelante a Caracas (Venezuela), donde Granado consiguió empleo en otro leprosario. Fue entonces cuando Guevara decidió regresar a Buenos Aires para finalizar sus estudios en Medicina. “Regreso enseguida”, le dijo a su amigo. Y así fue, ya que en apenas un año rindió todas las materias que tenía pendientes.
De ahí en más, Ernesto o “Fuser”, como lo llamaba Granado, fue convirtiéndose en “el Che

CHOELE CHOEL.
Una de las primeras localidades de la Patagonia por la que pasaron los incansables viajeros fue Choele Choel, cuyo nombre en voz mapuche significa “espantajo de resaca”. En la actualidad prosperan las plantaciones frutales y la agricultura, y se permite la pesca deportiva de pejerreyes, truchas y salmones.
Guevara llegó enfermo a Choele Choel y fue atendido por el director del hospital. “Allí se inició una serie de penicilina que me cortó la fiebre de cuatro días, pero cada vez que hablábamos de irnos el médico decía moviendo la cabeza: 'Para las gripes, cama”. Y pasamos varios días, atendidos a cuerpo de rey. Alberto me sacó una foto con mi indumentaria hospitalaria y mi aspecto impresionante, flaco, chupado, con ojos enormes y una barba cuya ridícula conformación no varía mucho de los meses que me acompañó”, relató en su diario.
Una vez repuesto, el 27 de enero reiniciaron la marcha. Pero en Chellforé o Quenquén pincharon uno de los neumáticos de “La Poderosa II” y se percataron de que “Mial” (Granado) había perdido su portafolios, donde guardaba valiosos apuntes. Afortunadamente, un automovilista los encuentró y se los devolvió, y continuaron el camino hacia Cipolletti.

CIPOLLETTI.
Cipolletti es una población ubicada en las proximidades de la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, los que forman el río Negro. Es uno de los centros de producción frutícola más destacados de nuestro territorio.
“Antes de llegar la moto se poncha varias veces. Están en la zona industrial de Neuquén, donde también florecen los grandes frutales y viñedos. Pernoctan en la comisaría y el 28 de enero parten. Almuerzan en Cabo Alarcón; la ruta a seguir es un terraplén entre cerros pelados y desérticos. El fuerte aire del sur los castiga”, relata William Gálvez Rodríguez, en el libro “Viajes y Aventuras del Joven Ernesto, Ruta del Guerrillero”, editado en Cuba por Editorial de Ciencias Sociales.

PIEDRA DEL AGUILA.
Lo que hoy es una parada casi obligada de los micros de larga distancia y contingentes de egresados que viajan a San Carlos de Bariloche, para Guevara y Granado fue exigida: se detuvieron en Piedra del Águila a soldar la rotura del cuadro de la moto y el soldador les ofreció el foso de engrase de su taller para dormir, que si bien no fue muy cómodo les permitió pernoctar bajo techo.

SAN MARTIN DE LOS ANDES
Querida vieja:
(…) Después de eso en medio de mil dificultades que salvamos con nuestra acostumbrada pericia, llegamos a San Martín de los Andes, en un lugar precioso, en medio de bosques vírgenes con un lago lindísimo; en fin hay que verlo porque vale la pena (…) Un cariñoso abrazo de tu hijo que te ama.
Carta de Guevara a su madre desde San Martín de los Andes.
Guevara y Granado llegaron hambrientos y cansados a San Martín de los Andes, donde el intendente del Parque Nacional Lanín les brindó alojamiento en la pastera, un galpón destinado a guardar pasto para los animales.
“El camino serpentea entre los cerros bajos que apenas señalan el comienzo de la gran cordillera y va bajando pronunciadamente hasta desembocar en el pueblo, tristón y feucho, pero rodeado de magníficos cerros poblados de una vegetación frondosa. Sobre la estrecha lengua de 500 metros de ancho por 35 kilómetros de largo que es el lago Lacar, con sus azules profundos y los verdes amarillentos de las laderas que allí mueren se tiende el pueblo, vencedor de todas las dificultades climáticas y de medios de transporte, el día que fue 'descubierto' como lugar de turismo y quedara asegurada su subsistencia.
El primer ataque contra un dispensario de Salud Pública falló completamente, pero se nos indicó que podíamos hacer parecida tentativa en las dependencias de Parques Nacionales, cuyo intendente acertó pasar allí y nos dio enseguida alojamiento en uno de los galpones de herramientas de la citada dependencia. Por la noche llegó el sereno, un gordo de 140 kilogramos bien medido y una cara a prueba de balas, que nos trató con mucha amabilidad, dándonos permiso para cocinar en su cuchitril. Esa primera noche la pasamos perfectamente, durmiendo entre la paja de que estaba provisto el galpón, bien abrigados, lo que se hace necesario en estas comarcas donde las noches son bastantes frías”, narró Guevara.
“Cuando ese joven que pasó por La Pastera se transformó en el Che, en los ’60, cuando comienza a ser reconocido en el mundo como un líder revolucionario, los trabajadores del Parque Nacional identificaron que era uno de los dos que habían pasado en moto por allí. A partir de entonces protegieron la pastera para que no sea utilizada con ningún otro fin. Así pasaron gobiernos de todos los colores y dictaduras durísimas que intentaron refuncionalizarla e, incluso, destruirla. Hasta que en 1997, al cumplirse 30 años de la muerte del Che, el sindicato de esos trabajadores (la ATE) tomó la posta y planteó armar un museo de sitio. Después de varios idas y vueltas, se la incluyó como patrimonio de la ciudad y en 2008 Parques Nacionales le cede a la ATE el lugar para instalar el museo, que se inauguró ese mismo año con la presencia de Aleida Guevara, su hija”, comentó Darío Fuentes, director de La Pastera (ahora con mayúsculas).
Así, el galpón fue reciclado con parámetros de museología y arquitectura moderna. En la sala principal, paneles dinámicos e informativos recrean la vida del líder revolucionario con una biografía acompañada por fotografías inéditas.
“Con un compañero hicimos un trabajo de investigación y escribimos una breve biografía del Che, que es la que se lee en los paneles de La Pastera. La llevamos al Centro de Estudios Che Guevara de La Habana (Cuba) -presidido por Aleida March, quien fuera su mujer- para que la chequeara y autorizara”, relató Fuentes.
El recorrido -que también cuenta con un homenaje a los desaparecidos durante la dictadura militar- culmina en el entrepiso de la sala, donde con fardos de pasto se recreó el espacio donde durmieron Guevara y Granado en el verano de 1952.
Asimismo, hay una pantalla de plasma donde se reproducen en forma permanente audiovisuales sobre la vida del Che, sus discursos y entrevistas.
Y el sector de librería ofrece joyas de colección: materiales, publicaciones, fotos y libros editados por el Centro de Estudios Che Guevara de La Habana (Cuba), presidido por Aleida March, quien fuera su mujer.
Cabe mencionar que este año en el museo se celebró “La semana del Che”: del 31 de enero al 5 de febrero hubo música, espectáculos, presentaciones y muestras fotográficas.
Desde Cuba, Granado hizo llegar su mensaje: “Se ha transformado en realidad un sueño, al transformar a La Pastera, el lugar donde pernoctamos, en una biblioteca y centro de estudio de la vida y obra de Ernesto 'Che' Guevara, quien fue y sigue siendo mi amigo de viajes y sueños”.
Por su parte, Juan Martín Guevara, hermano menor del Che, manifestó: “Es difícil para un hermano hablar de la universalidad de su figura y ver su rostro en miles de remeras y tatuajes. Pero es así. Hay que reivindicar su pensamiento; rescatar esa universalidad y hacer que se conozca el pensamiento del Che”

LOS LAGOS Y BARILOCHE.
Tras varios días de recorrer la zona de San Martín de los Andes, Guevara y Granado reiniciaron el viaje con destino a Bariloche. Y lo hicieron bordeando los magníficos espejos de agua que despuntan en la zona, justamente lo que hoy se vende como un paquete turístico: “Camino de los lagos”.
“El 7 de febrero parten por montañas de preciosos paisajes, en los que se combinan picos nevados, bosques de hermosa vegetación y el encanto de los lagos Villarino, Hermoso, Tormentoso y Espejo Grande. Acampan a la orilla de este último, debajo de un florecido arrayán. Comen y matean”, relata Gálvez Rodríguez, y añade: “El 8 de febrero los soñadores se deleitan con el maravilloso paisaje del lago Nahuel Huapi que, a decir de Mial, los deslumbra y, según Fuser, 'el perfume de la naturaleza nos acariciaba las fosas nasales; pero ocurre un hecho curioso: se produce un empalagamiento de lago y bosque y casita solitaria con jardín cuidado'.”
El 9 de febrero llegaron a una ranchería empujando la moto, y resueltos los desperfectos, hechan a rodar otra vez al día siguiente. Y nuevamente se rompe la moto.
Según Mial -quien también llevó su diario de viaje- llegaron a San Carlos de Bariloche el 11 de febrero, comieron en el cuartel y se deleitaron con los cuentos de un marino desertor acerca de su viaje por China y Japón.

A CHILE POR PEULLA.
En su diario, Granado da a entender que permanecen en Bariloche hasta el 14 y que ese día cruzan la frontera con Chile por Peulla. Probablemente el recorrido fue similar a otro que actualmente se ofrece como paquete turístico: el “Cruce de los Lagos”, que combina trayectos lacustres y terrestres partiendo desde Puerto Pañuelo.
Así relató Guevara su paso por su último tramo de nuestro territorio: “Un sol tibio alumbraba el nuevo día, el de la partida, la despedida del suelo argentino. Cargar la moto en la Modesta Victoria no fue tarea fácil pero con paciencia se llevó a cabo. Y bajarla también fue difícil por cierto. Sin embargo, ya estábamos en ese minúsculo paraje del lago, llamado pomposamente Puerto Blest. Unos kilómetros de camino, tres o cuatro a lo sumo y otra vez agua, ahora, en las de la laguna de un verde sucio, laguna Fría, navegamos un rato para llegar finalmente a la aduana y luego al puesto chileno del otro lado de la cordillera, muy disminuida en su altura en estas latitudes. Allí nos topamos con un nuevo lago alimentado por las aguas del río Tronador, que nace en el imponente volcán del mismo nombre. Dicho lago, el Esmeralda, ofrece, en contraste con los argentinos, unas aguas templadas que hacen agradable la tarea de tomar un baño. Sobre la cordillera, en un lugar llamado Casa Pangue, hay un mirador que permite abarcar un lindo panorama del suelo chileno, es una especie de encrucijada; por lo menos lo era para mí en ese momento. Ahora miraba el futuro, la estrecha faja chilena y lo que viera luego, musitando los versos del epígrafe”.

Dejá tu comentario