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Un tesoro histórico y cultural

Una pintoresca ciudad del estado de Pernambuco (Brasil), que supo ser su capital hasta 1837. Su historia, monumentos y belleza natural, que le otorgan un encanto particular en el nordeste brasileño, también la convirtieron en Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1982 por la Unesco. Olinda se distingue por la combinación de su fauna y flora, geografía e historia gravitante. Realmente es bella y uno queda maravillado al contemplarla.

Cuando uno recorre las calles de adoquines de su centro histórico percibe la calidez y hospitalidad de los lugareños, que también se vislumbra a través de las coloridas y pintorescas casas coloniales.

Su riqueza es valorada a nivel nacional e internacional, y en este sentido ostenta los títulos de Monumento Nacional (1980), otorgado durante el gobierno militar del presidente João Figueiredo, que sirvió para apoyar la declaración de la Unesco; Patrimonio Cultural de la Humanidad (Unesco 1982); Ciudad Ecológica (1982), dado por el entonces alcalde Germano Coelho en vista de las abundantes zonas verdes existentes; y Primera Capital Brasileña de la Cultura (2005).

Olinda fue fundada en 1535 por los portugueses, comandados por Duarte Coelho Pereira, y era la capital de Pernambuco, por lo que floreció con las características de los poblados lusitanos de origen medieval: laderas estrechas y diversas construcciones religiosas.

En 1630 fue incendiada por los holandeses, que transfirieron la capital a Recife. Luego, en 1654, cuando los portugueses retomaron el poder, volvió a ser la capital del estado; pero en 1837, perdió definitivamente el título en manos de Recife.

ENCANTO ARQUITECTONICO.

La belleza paisajística es la principal atracción de Olinda, que obliga a quien la visita a recorrer todos sus rincones. El enclave se caracteriza por contar con numerosos templos de la fe católica, valiosos por su arquitectura e historia.

La iglesia más antigua de la Orden de las Carmelitas en Brasil es la Do Carmo, construida en 1580 y restaurada en 1720, de un estilo colonial renacentista.

La iglesia de San Salvador del Mundo o da Sé, de estilo barroco, también tiene un gran significado cultural, porque surgió como una capilla y fue elevada a la categoría de Catedral del Obispado de Olinda en 1676.

Asimismo, el primer establecimiento franciscano en Brasil es la iglesia Nuestra Señora de las Nieves, cuya construcción comenzó en 1585; mientras que el monasterio y la basílica de Sao Bento son reconocidos por su expresión del arte barroco y por albergar durante 24 años a la primera escuela de Derecho del país.

Entre otros templos que vale la pena conocer, cabe destacar al de los Pasos, compuesto por cinco pequeñas capillas coloniales erigidas entre 1773 y 1809.

ARTE Y CARNAVAL.

Olinda cuenta con un gran número de artistas y artesanos, algunos ya consagrados internacionalmente. Los talleres están concentrados en las estrechas calles y laderas de la llamada Ciudad Alta, y la producción local va desde la pintura a la confección de los tradicionales muñecos gigantes –utilizados en los carnavales–, pasando por la escultura, estampados, máscaras de carnaval y xilograbados.

Los locales más indicados para ver y comprar artesanías locales son el Mercado Eufrásio Barbosa, en el Varadouro, y el de la Ribeira, en la Ciudad Alta. Las tiendas del Alto da Sé también son buenas opciones.

Además, los visitantes podrán recorrer diversos museos para adentrarse aún más en la cultura e historia del lugar. En este sentido se detallan algunos museos como el de Arte Contemporáneo MAC, de Arte Sacro de Pernambuco Maspe, el Regional de Olinda y el Memorial do Xambá –uno de los primeros dedicados a la historia y a las tradiciones del culto afrobrasileño–.

Por otro lado, durante noviembre, Olinda ofrece a sus huéspedes participar del “Olinda: arte en todas partes”, un evento donde se desarrollan presentaciones de música, videoarte, danzas y poesía, y se exponen y venden piezas artesanales en bares, restaurantes, hoteles, posadas, museos, iglesias y en los 120 talleres repartidos por el Sitio Histórico.

Por último, el carnaval de Olinda es una de las mayores fiestas populares de Brasil, nacido de la mezcla cultural entre europeos, indios y africanos, que nadie debe perderse la oportunidad de vivenciarlo.

De este modo, en la Ciudad Alta se lleva a cabo un espectáculo que reúne creatividad e irreverencia, y atrae a personas de todo el mundo, quienes se acercan para danzar al compás de las orquestas y ascender y descender con muñecos gigantes por las laderas.

GASTRONOMIA.

El Sitio Histórico también deslumbra a los paladares con su oferta gastronómica de platos locales, regionales y hasta internacionales, y en este sentido cuenta con innumerables restaurantes y bares, algunos con increíbles vistas de las laderas, y otros con un diseño muy tropical y acogedor.

Del mismo modo que el pueblo brasileño, los platos típicos de Brasil son producto de diversas influencias culturales como la indígena, africana, portuguesa, italiana, alemana y árabe, entre otras. Por este motivo el arte culinario es uno de los aspectos más fascinantes de la cultura local.

La creativa fusión da a la cocina de Olinda un carácter variado y multicolor, con sabores únicos en el mundo. Los ingredientes más utilizados en los platos autóctonos son los frutos marinos, el arroz con frijoles, las frutas, la carne asada y los derivados del maíz.

Un imperdible es la famosa tapioca (Patrimonio Inmaterial de Pernambuco), además de los biscochos y licores artesanales producidos en los conventos y monasterios seculares.

Entre los platos recomendados para probar en su paseo por Olinda se recomiendan el acarajé, un bocadillo típico del nordeste, de raíces africanas, compuesto por feijao fradinho (especie de legumbres) y camarones, frito en aceite de palma; la pamonha, un bollo de pasta de maíz cocida, envuelta en hojas de la misma hortaliza o de plátano que se puede preparar dulce o salado, con agregados como panceta, cebolla y tomate; y el quindim, un postre de origen portugués, elaborado a base de yema de huevo, coco rallado y azúcar. El agregado del coco es, posiblemente, un aporte de los esclavos africanos en el siglo XVII.

Otras delicias brasileñas son el canjica, un destacado en las pastelerías del país, sobre todo durante las fiestas juninas, que se prepara con maíz, leche condensada y azúcar, y suele acompañarse con leche de coco y maní; y el vatapá, un puré espeso preparado con camarones, leche de coco y pan, considerado una de las estrellas de la gastronomía bahiana, que suele utilizarse como relleno del acarajé.

PLAYAS.

A lo largo de 11 km. del litoral se encuentran las playas de Olinda, distinguidas por sus arenas doradas y aguas cristalinas. En su mayoría son adecuadas para el baño y la práctica de todo tipo de deportes náuticos.

Entre las más frecuentadas por sus buenos servicios se destacan la playa Bairro Novo, muy frecuentada por las familias; la Praia do Carmo, situada muy próxima al centro histórico; Rio Doce, que cuenta con diques muy atractivos; Casa Caiada, ideal para los paseos románticos y los amantes de los deportes náuticos; y Praia do Farol, la más pequeña en extensión.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: el aeropuerto más próximo para arribar a Olinda es el Internacional de Recife/Guararapes –Gilberto Freyre–, recientemente remodelado. Tiene una capacidad de recepción para 8,5 millones de personas por año.

Clima: tropical húmedo, con una temperatura promedio de 25º C.

Huso horario: UTC/GMT -3 horas, por lo que cuenta con el mismo horario que Buenos Aires.

Hotelería: Olinda posee una buena infraestructura de hospedaje, con hoteles, posadas y albergues. Otra opción conveniente es reservar alojamiento en Recife, a solo 6 km. de Olinda, donde la plaza es mayor.

Informes: www.turismopernambuco.com.br/es.

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