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Una historia de dos turistas perdidas con final feliz

Dos señoras se perdieron la semana pasada en la selva tucumana por dos días y fueron rescatadas por el gerente de la región NOA de Hertz Argentina, Federico Gómez, acompañado por dos guardaparques, un lugareño y un policía. Sobre esta odisea con final feliz nos habla en la nota.

Federico Gómez es el gerente de la región NOA de Hertz Argentina. El martes pasado le tocó ser protagonista de una de las historias de la semana: fue uno de los rescatistas de las dos turistas perdidas en la selva tucumana. De noche, acompañado por dos guardaparques, un policía y un lugareño, se adentró en la espesura de la yunga, iluminado por la linterna de su celular y, tras cuatro horas de búsqueda, dio con las dos mujeres que llevaban dos noches durmiendo trepadas a un árbol, con solo un termo de agua, y un paquete de bizcochos de grasa como único alimento.

¿Cómo te encontraste con la situación?

Tenía que ir a Tucumán por una capacitación, una charla que tenía que articular. El domingo 25, cuando llego, me comentan que dos hermanas, Mónica y Claudia López, de 63 y 67 años, habían alquilado un auto nuestro y que sus familiares habían consultado porque no tenían contacto con ellas desde el mediodía. Estas cosas son muy comunes con los turistas por el tema de la falta de señal de celular en la zona. Sin embargo, el lunes llamaron devuelta los familiares y ahí empezamos a alertarnos. El martes la familia ya estaba realmente preocupada. Ellos hacen la denuncia de desaparición de persona en Buenos Aires y nosotros fuimos a la Policía de Tucumán, con el dueño del departamento donde las señoras se hospedaban. Con la autorización del hijo de una de ellas, Damián, entramos a la propiedad que alquilaron y encontramos todo igual a cómo lo habían dejado. Damián, por Google, encuentra la ultima ubicación del celular de su mamá y nos la envía. La señal era en una finca, un descampado. Fuimos y no encontramos nada.

Con esa información, ¿qué pudieron reconstruir como hipótesis de dónde estaban?

Ellas lo que querían conocer era el dique El Cadillal, que está a 25 km. de Tucumán. Luego tenían planificado hacer la vuelta de los valles de la yunga, que es un circuito chico. A todo esto, yo iba uniendo los eslabones e imaginaba: si estuvieron en el dique, les pueden haber robado el celular. La última señal que se emitió fue ahí. Me imaginaba diez millones de cosas.

Fueron a la finca y no encontraron nada ¿cómo siguieron la búsqueda?

Hasta las 18 la policía nos autorizó a buscar porque después se va la luz y no se ve nada. Se hicieron las siete de la tarde y le pregunto al gerente de Tucumán de Hertz que estaba conmigo: “¿Qué hacemos?” Y quedamos en ir a recorrer el circuito de la yunga, no quedaba otra opción. Entonces revisamos el camino para asegurarnos de que no haya habido ningún desbarranco porque ya, a esa altura, a dos días, imaginábamos lo peor. De repente, en una de las curvas, vemos el auto junto a una camioneta con tres muchachos. Ahí me volvió el alma al cuerpo porque pensé: “Si está el auto no pasó nada de lo que yo había pensado”.Los chicos que estaban ahí me dicen que escucharon pedidos de ayuda desde la selva. Ahí nomás le digo a mi compañero que llame al 911 y pregunto si alguno conoce el bosque. Uno de los chicos me dijo que conocía, que era de la zona, y dijimos: “Bueno, listo, vamos”, y nos metimos. La único que teníamos era la luz del teléfono porque ya eran las 19.30. Nosotros gritábamos y se escuchaba una voz que se confundía con el eco.

¿Cómo fueron esas horas de búsqueda en la selva y el momento en que ubicaron a las turistas?

Había momentos con sendero y otros sin, y nosotros nos metíamos y nos metíamos. Cuando llegamos al río nos encontramos a un oficial de la policía y a dos guardaparques. Desde las 20 hasta las 23, que fue cuando las encontramos, realmente no sabíamos por dónde caminábamos. Si hoy voy de día no sé por dónde pasé. Hasta que finalmente en una ladera, enfrente nuestro, las ubicamos y les preguntamos, a los gritos, si veían nuestras luces, y respondieron que sí. Entonces, cuando queremos cruzar, vemos que esa ladera bajaba en picada unos 20 m. y llegaba hasta el rio. Empezamos a buscar la forma de descender y, una vez abajo,empezamos a subir la ladera del lado de enfrente. A medida que avanzábamos las sentíamos más cerca y lo único que se me ocurrió fue usar toda la información que tenía de sus familiares para decirles: “Mónica, ya estamos llegando, quería avisarte que hablamos con tu hijo y que está tranquilo; Claudia, tu nieta te está esperando para que la saludes por el cumpleaños”, y cosas así, motivándolas, porque mi preocupación era que habían pasado dos días y no sabía si estaban golpeadas, o lo que sea: esperábamos lo peor.

¿En qué estado se encontraban ellas y cómo vivieron ustedes esas horas?

Hubo un momento que yo escalaba y no me daban más las piernas. Uno de los guardaparques me dice: “Ya no doy más, nunca me metí por acá”. Yo me puse peor porque si nos perdíamos, nos perdíamos todos. Cuando las encontramos nos recibieron con un abrazo, llorando, y nosotros tratando de contenerlas. Recién a las 23 empezamos la vuelta. En la desesperación con la que nos metimos en la selva, no llevamos agua ni nada. Cuando nos encontramos con los bomberos ellos las asistieron. Fue toda una odisea. Era el destino que hizo que esté ahí, porque fui para otra cosa y pasó: son cosas que te tocan vivir. Agradezco que ellas estén bien.

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