Tener la oportunidad de descubrir la Antártida es un verdadero privilegio para unos pocos. Este mundo que por siglos cautivó a exploradores, aventureros y científicos, nos sigue atrapando con sus misterios y su sorpresas naturales.
Antártida, tierra de extremos
Viajar a la Antártida es de por sí un viaje fuera de lo común, no sólo por lo enigmático que encierra toda la flora y fauna del Polo Sur, sino además por los riesgos y desafíos que esta expedición implica.
Este inmenso continente blanco nos ofrece en gran parte de sus costas contrastantes paisajes de inmensos campos de hielo, glaciares, cumbres emergentes y escasas playas libres de hielo con grandes concentraciones de vida silvestre.
En efecto focas tomando sol en los témpanos de hielo, diversas aves marinas sobrevolando las montañas cubiertas, ballenas surcando las heladas aguas, lobos marinos descansando en un iceberg o diversas colonias de pingüinos deambulando por los hielos, son algunas de las postales que nos adentran en el corazón de la Antártida.
Opciones para descubrirla hay muchas, pero sin importar cual travesía se elija los cruceros por estas aguas conjugan una expedición tan renovadora como educativa e intrépida. Para ello subirse a estas navieras significan mucho más que unas vacaciones, se trata de una experiencia de vida.
Navegando a través del océano Austral te deslizarás entre icebergs, glaciares, fiordos, estrechos canales y picos de montaña que asoman entre la nieve, al tiempo que te deslumbrarás con la vida silvestres que habitan este desierto helado.
PUNTO DE PARTIDA.
Ushuaia es la puerta de entrada a la Antártida. Desde allí, la ciudad más austral de Argentina, parten las mayorías de las expediciones. A bordo cruceros de lujos o embarcaciones de exploración se recorren paisajes de ensueño en viajes que pueden durar entre 10 y 15 días; los cuales te transportan al pasado, a la época en que los primeros exploradores atravesaron mares y océanos rumbo a lo desconocido.
En Port Lockroy, la Bahía Paradiso o en las termas de Deception Island entrarás en contacto con los pingüinos que pueblan estas tierras heladas. Desde la cubierta de la naviera o en alguna excursión, podrás apreciar al pingüino de Adelia y al Emperador, entre otras especies, que con su andar “chaplinesco” encandilan a los viajantes.
Al compás del servicio y confort a bordo, a lo largo de la travesía un compañero fiel serán las ballenas. Estos mamíferos marinos abundan en estas aguas y ya sea la ballena azul, la jorobada, los cachalotes o las orcas siempre están dispuestas para hacer una “selfie”.
Durante la travesía en los cruceros a la Antártida y para el deleite fotográfico verás también diversas especies de focas, elefantes marinos, leopardos marinos y aves marinas como los gaviotines, las palomas antárticas, los albatros y los petreles.
Por tanto, aquellos que estén interesados en agregarle pimienta a la aventura, entre las actividades más tradicionales en la zona está la práctica de kayak en las aguas antárticas, acampar en témpanos de hielo entre animales, y esquiar o hacer alpinismo en cumbres nevadas.
TODOS A BORDO.
Existe una gran variedad de tamaños de barcos en los cuales se puede viajar a este destino; desde cruceros grandes o en una pequeña embarcación, éstos varían desde unas 45 personas hasta 280 pasajeros los más grandes. Con ventajas y desventajas, ambas navieras contribuyen a que la experiencia en la Antártida sea única.
Al respecto, los barcos de mayores dimensiones se caracterizan por su sofisticado e integral equipamiento de servicios, siendo el confort, el lujo y la comodidad los ganadores; pero las estrictas reglas acerca de cuántas personas pueden visitar la costa para preservar el medioambiente limitarán tus oportunidades de pisar el suelo helado.
Por su parte las navieras de menor porte permiten estar más tiempo en la costa y ofrecen un servicio más personalizado a bordo, aunque las comodidades y las propuestas en altamar son más acotadas.
Otra opción para navegar hasta la Antártida es en un yate. Aunque no es muy común y es recomendados solo para personas acostumbradas a navegar. Los turistas valientes, aventureros y pudientes pueden llegar a la Antártida en estas embarcaciones de lujo surcando las bravas aguas continentales.
PROGRAMANDO EL VIAJE.
Debido a las cuestiones meteorológicas, sólo hay cruceros a la Antártida desde octubre hasta abril, siendo las expediciones más económicas aquellas que se realizan a principio o final de la temporada.
De octubre a principios de diciembre el territorio está cubierto de nieve hasta la orilla del agua, donde los pingüinos, los cormoranes y las aves marinas se asientan porque están en la fase de cortejo y cría.
Por tanto de diciembre a febrero la nieve comienza a retirarse, nacen las primeras crías de pingüino y sus padres empiezan a alimentarlos; al tiempo que las focas de Weddel están en época de muda, y las ballenas y las orcas empiezan a llegar. Los días son más largos y hay más luz para recorrer.
Durante esta época y hasta fines de marzo es el mejor momento de observación de ballenas, ya que todas han llegado para alimentarse. Hay muchos lobos marinos en tierra y los pingüinos comienzan a migrar, aunque otros siguen alimentando a sus crías. Hay menos hielo y nieve, así que las embarcaciones pueden explorar la península antártica más hacia el sur.
DESDE EL AIRE.
Para aquellos que no dispongan de tiempo o no deseen navegar por diferentes causas, existe otra alternativa que permite llegar a la Antártida: en avión. Esta opción puede combinarse en tierra con un crucero de expedición sin la necesidad de reducir la aventura, ya que se puede explorar la fauna y pasar frente a icebergs, glaciares y fiordos, en el confort de lujosas navieras.
La ventaja de arribar por aire, además de disminuir los tiempos, es que se puede apreciar los paisajes blancos y vida silvestre de la Antártida desde arriba. Una vez en tierra entre el abanico de propuestas incluye navegar, esquiar, acampar y escalar.
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