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Cuatro perlas colombianas

Rica y diversa, con sus paisajes y su cultura, su amabilidad y sus contagiosos ritmos, Colombia atrae cada año a más turistas. Sus principales destinos tienen una propuesta especial para cada tipo de viajero. Aquí, les contamos algo de lo que pueden ofrecer a su pasajero Bogotá, Cartagena, Santa Marta y San Andrés, que conforman lo más clásico de la oferta colombiana.

BOGOTA, LA URBE.

Bogotá, la capital de Colombia, se ha reconciliado en los últimos años con su vocación turística. La ciudad, que se encuentra a 2.600 msnm., es la puerta de entrada al país. De impronta andina, con grandes amplitudes térmicas y cielos cambiantes, es también un destino en el que vale la pena quedarse un par de días, o más.

La visita debe comenzar por el centro histórico de La Candelaria, con su patrimonio colonial, museos e iglesias. La plaza Bolívar se rodea de los principales edificios de gobierno, la Catedral, y varias iglesias y universidades. Entre los muchos museos destaca el de Botero. El encanto del barrio, sin embargo, se descubre caminando por las calles empinadas, fotografiando balcones y ventanas y espiando en los zaguanes y las puertas entreabiertas.

Cerca de allí se encuentra el Museo del Oro, considerado el más importante del mundo en su género, con una interminable colección de piezas precolombinas. Otra visita de interés es el Museo Quinta de Bolívar, finca que habitó el Libertador, donde se pueden visitar varias dependencias que recrean el ambiente de la época.

Otro imperdible es subir al cerro de Monserrate –en teleférico, funicular o a pie– para apreciar la ciudad desde lo alto y visitar la basílica santuario del Señor Caído de Monserrate, que data del siglo XVII.

También vale la pena visitar Usaquén, un pequeño pueblo hoy convertido en un barrio más de la ciudad: sobre la plaza destacan la iglesia de Santa Bárbara y la casa de la Alcaldía, a las que se suman anticuarios, tiendas, restaurantes y bares. Los domingos los Toldos de San Pelayo y el Mercado de las Pulgas Carpe Diem son un paseo imperdible si disfrutas de revolver entre artículos curiosos.

Ya fuera de la ciudad, también es interesante conocer Zipaquirá, con su afamada Catedral de Sal excavada en el interior de una mina.

CARTAGENA, LA HISTORIA.

Cartagena es un destino encantador, pero la recomendación es clara y hasta insistente: no viajes a esta ciudad buscando playas de arenas blancas ni la típica postal del Caribe. Una vez hecha esta salvedad, la propuesta es descubrir una de las ciudades coloniales más hermosas de América. Patrimonio Histórico de la Humanidad de la Unesco desde 1984, la magia del pasado que se respira en sus calles empedradas y en las fachadas de colores de las casas coloniales parece surgida de un libro de Gabriel García Márquez.

La Torre del Reloj, principal acceso a la ciudad amurallada; la iglesia de San Pedro Claver; y las plazas de Santo Domingo y San Pedro, son una buena idea para comenzar el paseo. Entre los museos se destacan el Palacio de la Inquisición –que guarda testimonios de las aberrantes prácticas del Santo Oficio en América– y el Museo del Oro Zenú –con finísimas piezas de joyería trabajadas por los indígenas de la zona–. También resultan insoslayables sus fortalezas, como el impresionante Castillo de San Felipe de Barajas, un fuerte militar colonial destinado a defender la ciudad de las fechorías piratas; o el cerro de La Popa, sobre el que descansa el convento de la Candelaria, una de las construcciones más significativas.

Al caminar despreocupadamente por sus calles, podrás toparte con una Gorda de Botero, con sus perfiles sinuosos; o llegar hasta Las Bóvedas, un conjunto con 47 arcos y 23 bóvedas que tuvo primero uso militar para luego convertirse en cárcel y finalmente en uno de los sitios más pintorescos para comprar algún recuerdo.

SANTA MARTA, TURISMO DE NATURALEZA.

Este destino colombiano es el adecuado para los más aventureros, aquellos que buscan playas pero rodeadas de selva, montañas, cultura indígena y el ritmo de la cultura vallenata.

Al pie de la Sierra Nevada, Santa Marta es heredera de una rica tradición indígena y testigo de importantes acontecimientos históricos. Deslumbra, además, por la exuberante naturaleza que la rodea, donde las altas montañas –algunas incluso con sus picos nevados– se levantan muy cerca del mar.

Para adentrarse en este paisaje mágico hay que visitar el Parque Nacional Tayrona, con 5.000 ha. terrestres y 4.500 ha. marinas preservadas por su alto valor biológico y arqueológico. Allí se puede visitar, en medio de una vegetación siempre verde y abundante, deslumbrantes bahías con nombres que recuerdan las antiguas comunidades que habitaron la región. Chengue, Gayraca, Nenguanje, Concha y Guachaquita son apenas algunas de ellas, donde se puede nadar, hacer esnórquel, buceo o pasear a caballo. Las playas Cristal, Castilletes y Arrecifes son algunas de las más destacadas. Especial mención merece el Cabo San Juan del Guía, una de las playas más afamadas de Colombia, rodeada de grandes rocas que parecen vigilarla. Hay numerosos senderos para recorrer, con diferente nivel de dificultad y extensión. Uno muy visitado es el que lleva desde la playa hasta el Chairama, o Pueblito, uno de los centros más relevantes para el intercambio de productos entre los indígenas precolombinos.

SAN ANDRES, LA PLAYA.

Ahora sí: quienes quieran pasar unos días en el Caribe, rodeados de aguas turquesas y arenas blanquísimas, sol y tragos, también encontrarán su destino en Colombia. El lugar es la isla de San Andrés, que además cuenta con una buena infraestructura de resorts con propuestas todo incluido.

Más cercana a Nicaragua que a la Colombia continental, la isla tiene 27 km² que pueden recorrerse cómodamente en bicicletas, motos, pequeños carritos o tours que dan un buen panorama en pocas horas.

Otro paseo imperdible es el que lleva a los cayos de Johnny Cay, Haines y El Acuario, a pocos minutos en lancha. El primero es una pequeña islita con palmeras, recomendada para dejarse estar al sol y saborear deliciosos tragos tropicales, explorar las costas y bañarse en el mar tranquilo y transparente. El último es una pequeña lengua de arena en medio del agua, que debe su nombre a la gran cantidad de peces que se acercan y pueden observarse a simple vista o con máscara de esnórquel.

Luego resta vivenciar la playa y dedicarse a elegir entre el esnórquel, los paseos en semisumergibles y lanchas, y hasta los cursos de buceo: las aguas calmas de la isla son ideales para los interesados en dar sus primeros pasos en la actividad. Los restaurantes, bares, propuestas de animación y actividades de los resorts se encargan del resto.

San Andrés cuenta también con un activo centro comercial libre de impuestos que se convierte en un atractivo paseo cuando cae la tarde.

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